CONFLICTO IRÁN-ISRAEL. ¿Enfriamiento o amenazas reales?

Escribió: BABAK KLA en Viento Sur

Más de un año después de las últimas movilizaciones populares contra el régimen de los mulás, la República Islámica de Irán hace frente a un creciente descontento. Bajo el efecto de la degradación de las condiciones de vida, de la represión de los movimientos democráticos y de las luchas sociales, la impopularidad del poder iraní crece. Los salarios impagados se cuentan por decenas de meses en numerosas empresas privadas, los despidos se acumulan y la tasa de paro, que alcanza el 35%, continúa creciendo.

En algunas semanas, los precios al por menor se han disparado, consecuencia del hundimiento de la moneda nacional, el rial. La divisa iraní ha perdido el 40% de su valor frente a dólar en una semana. El precio de la cesta de la compra de productos alimenticios tradicionales ha subido un 137% estos últimos cuatro años. Los expertos independientes estiman que el PIB real del país conocerá otros dos años de retroceso.

El nivel históricamente bajo del rial y el fuerte deterioro de las condiciones de vida muestran el impacto de las sanciones contra el programa nuclear de Teherán adoptadas por los Estados Unidos y la Unión Europea. Sanciones cuyas consecuencias golpean ante todo a los trabajadores y las capas más pobres de la población.

Es en este contexto de marasmo social y económico en el que los embajadores de la Unión Europea acaban de adoptar, el pasado 12 de octubre, una nueva serie de sanciones contra las transacciones financieras instaurando además, entre otras cosas, la prohibición de importación del gas iraní. En la misma onda, los ministros de asuntos exteriores de la Unión Europea han aprobado este lunes 15 de octubre un nuevo paquete de sanciones que apuntan a los sectores bancario, industrial y marítimo de la República Islámica. Estas medidas se añaden a la prohibición de importación del petróleo iraní impuesta desde julio de 2012. A partir de entonces, la producción de petróleo iraní, en su punto más bajo desde finales de los años 1980, ha bajado un millón de barriles por día. Hay que recordar que el sector de los hidrocarburos representa alrededor del 50% del PIB del país y el 80% de las entradas de divisas.

Crisis económica y social, crisis política en la cúspide del régimen, debilitamiento del aliado sirio, amenazas de intervención militar por parte del estado de Israel, sanciones económicas y comerciales: la República Islámica está en una posición particularmente peligrosa. Y el régimen tiene conciencia de ello. Signo de debilidad del poder, desde hace algunas semanas, la diplomacia iraní da signos de “flexibilidad” y propone la detención del enriquecimiento de uranio a condición de que un país tercero entregue a la República Islámica uranio enriquecido al 20% para su reactor de investigación médica de Teherán.

Debido a las incertidumbres ligadas a las presidenciales en los Estados Unidos y a las elecciones legislativas anticipadas del próximo mes de enero en Israel, un ataque contra las instalaciones nucleares de Irán parece muy improbable. Es una guerra económica la que se está realizando ahora contra la República Islámica. Pero el contexto puede cambiar en los próximos meses. En efecto, Netanyahu pretende aprovecharse de la probable caída de Bachar el Assad, el aliado estratégico de Teherán para dar un golpe decisivo al Hezbolá libanés y a Irán. La ambición israelí es clara: asegurarse de forma duradera el liderazgo militar en la región. La cuestión del programa nuclear de Teherán no es más que un pretexto para esta política que goza del apoyo de las monarquías del Golfo, en primer lugar de Arabia Saudita.

Así, aprovechando las elecciones legislativas anticipadas, Netanyahu pretende obtener plenos poderes para emprender una intervención contra Irán. La administración Obama mantiene sus distancias respecto a esta eventualidad, pero no es más que una cuestión de ritmo. Hay muchos motivos para pensar que en caso de reelección de Obama o, con más razón, en caso de victoria del candidato republicano, los Estados Unidos podrían ceder ante los belicistas israelíes. A falta de una respuesta popular e internacionalista capaz de detener la carrera hacia la guerra, el Oriente Medio se acerca peligrosamente a un nuevo desastre de consecuencias planetarias.