La intransigencia de los países ricos amenaza el presupuesto de la UE

Tras seis horas de reuniones, el presidente del Consejo Europeo renuncia a presentar una propuesta de acuerdo. Reino Unido y los contribuyentes netos insisten en recortar aún más los fondos comunitarios

Escribieron: Luis Doncel y Miguel González en El País, España

Forma parte de la liturgia europea que las cumbres se prolonguen hasta altas horas de la madrugada, como una escenificación del esfuerzo que supone para los 27 lograr un acuerdo. Lo que no es tan habitual es que el arranque se demore casi seis horas y que, a la hora de la cena, el menú estuviera aún tan crudo que resultara indigerible. Ante la falta de acuerdo, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, renunció anoche a presentar, como estaba previsto, una nueva propuesta sobre las perspectivas financieras de la UE para el septenio 2014-2020.

Los líderes europeos llegaron puntuales a la inauguración del cónclave, anunciada para las tres de la tarde. Pero la apertura se fue retrasando; primero a las 17,30, luego a las 18,30 y, finalmente, casi a las nueve de la noche. Mientras, se sucedieron las reuniones a dos y tres bandas en un intento contrarreloj por acercar posiciones.

La que arrancó ayer era la segunda vuelta de la cumbre del pasado 23 de noviembre. Aunque no hubo fumata blanca, todos salieron entonces convencidos de que el acuerdo estaba al alcance de la mano y de que solo la necesidad de dar imagen de firmeza ante las respectivas opiniones públicas había impedido rubricarlo. A fin de cuentas, la diferencia que separaba las posturas más extremas no superaba los 30.000 millones, apenas el 0,03% del PIB de la UE.

Sin embargo, los dos meses y medio transcurridos desde entonces no sirvieron para ablandar posturas. Al contrario. Cada uno se enrocó en la suya. La canciller alemana, Angela Merkel, lo advirtió a su llegada a la reunión. “Las posiciones están todavía bastante alejadas”. Y las delegaciones nacionales empezaron a hacerse cálculos sobre las consecuencias de la falta de acuerdo y la posibilidad de que el presupuesto vigente deba prorrogarse de año en año.

El presidente francés, François Hollande, repitió que el presupuesto comunitario debería servir como estímulo para sacar a la economía europea del estancamiento y compensar los drásticos ajustes impuestos a nivel nacional. “Si, para buscar un acuerdo, Europa tiene que abandonar sus políticas comunes, dejar de lado la agricultura e ignorar el crecimiento, no estaré de acuerdo”, advirtió. Los primeros ministros español e italiano, Mariano Rajoy y Mario Monti, con quienes se reunió durante una hora, le brindaron su apoyo entusiasta. Pero fue clamar en el desierto.

El británico David Cameron, que acudía por primera vez a Bruselas tras su discurso del pasado 23 de enero —cuando anunció que someterá a referéndum la permanencia del Reino Unido en la UE en 2017—, dejó claro que no habría presupuesto si no se recortaba drásticamente la propuesta que el presidente del Consejo, Herman Van Rompuy, presentó en noviembre. Y eso que aquella ya recortaba en 80.000 millones el proyecto de la Comisión Europea y en 20.000 el presupuesto del periodo 2007-2013. El checo Petr Necas también esgrimió la amenaza de veto.

Van Rompuy se plegó a las presiones de quienes pretenden jibarizar la UE, con el argumento de que las instituciones europeas no pueden escapar a la dieta del rigor y la austeridad, y sondeó un posible recorte suplementario de unos 15.000 millones. Pero eso no calmó el apetito de los países ricos. Cameron exigió que se mantuviera intacto el cheque británico y rechazó incluso la tímida reforma planteada en noviembre: que Londres contribuya a sufragar su propio cheque; es decir, que se reduzca la aportación de los socios. La compensación fue defendida con ahínco por otros contribuyentes netos, como Holanda o Suecia.

Esfumada cualquier veleidad europeísta, cada país defendió a cara de perro sus intereses. Rajoy se centró en impedir que los nuevos recortes afectaran a las 2.750 millones que Van Rompuy le prometió en noviembre en fondos de cohesión y los 975 para ayudas agrícolas. Pero, sobre todo, peleó para que el anunciado fondo para combatir el desempleo juvenil, del que España aspira a llevarse casi un tercio, no solo esté bien dotado (entre 3.000 y 5.000 millones) sino que se nutra con “dinero fresco”; es decir, que no se pretenda, una vez más, dar gato por liebre y vender como nuevos unos fondos ya comprometidos solo por cambiarles la rúbrica. Su objetivo es que España siga siendo receptor neto de fondos europeos en el próximo septenio, en contra de lo que se daba por seguro en noviembre. A la búsqueda de aliados, Rajoy se entrevistó también con Martin Schulz, presidente del Parlamento europeo (que, por vez primer tendrá poder para aprobar o rechazar lo que acuerden los mandatarios) y con Angela Merkel. Era la tercera vez que se reunía con ella en doce días; lo que no es demasiado, ya que la voz de la canciller alemana pesa tanto como la de los restantes 26.