¡Protesto! ¿y qué propongo?

Escribió: Frei Betto en ALAI                                                                

 

 

¿Qué tipo de desarrollo es ése que implica la destrucción del medio ambiente y la exclusión de millones de personas del derecho a una vida digna y feliz?

 

En el altar de la concepción capitalista de desarrollo 25 millones de personas, la mayoría jóvenes, están condenadas al desempleo en los países de la Unión Europea.

 

En el mundo entero va campeando una gran insatisfacción en el corazón de los jóvenes, que no se refleja solamente en la irreverencia del corte de pelo, en los vaqueros arrugados, en los tatuajes y en los piercings. Se nota sobre todo en las manifestaciones callejeras que se extienden por el mundo entero: Seattle 1999 (contra la Organización Mundial del Comercio); Davos 2000 (contra los dueños del dinero); Inglaterra 2010 (contra los recortes en el presupuesto de educación); Tunisia 2010-2011 (caída del presidente); Egipto 2011 (caída del presidente); Nueva York 2011 (Occupy Wall Street); Estambul 2013 (pidiendo más democracia); Brasil 2013…

 

Hay un denominador común en todos esos movimientos: los jóvenes saben lo que no quieren (dictadura, neoliberalismo, desempleo, recorte de derechos sociales, alza del costo de la vida, etc.), aunque no tengan claridad en lo que proponen.

 

Debido al alto índice de corrupción en los partidos políticos y a la cooptación debida al poder del capital, hasta el punto de que la izquierda desaparece en Europa, la juventud no ve en los partidos los canales capaces de representar los anhelos populares y de establecer alternativas de poder.

 

Como ya previó Robert Michels en 1911, los partidos progresistas fácilmente se dejan domesticar por las delicadezas burguesas cuando se convierten en gobierno. Cambian el proyecto de país por el proyecto de poder; se alejan de los movimientos sociales y se aproximan al de sus antiguos adversarios; dejan de cuestionar el capitalismo para proponer medidas cosméticas de mejoras de la vida de los más pobres.

 

La caída del muro de Berlín, el fracaso del socialismo en el Este europeo y el capitalismo de Estado en China hacen que el socialismo se apague en el horizonte utópico de los jóvenes.

 

Con la esperanza de ofrecer alternativas el Foro Social Mundial propone Otro Mundo Posible, y la Teología de la Liberación rescata el sumak kawsay (vivir bien) de los indígenas andinos y sugiere Otros Mundos Posibles, en plural, donde la igualdad de derechos no amenace a la diversidad de culturas.

 

El capitalismo en crisis trata por todos los modos posibles de multiplicar las siete vidas del gato neoliberal. Ignora las recomendaciones de la ONU para la crisis financiera (como clausurar los paraísos fiscales) y se niega a reglamentar el capital especulativo.

 

En su esfuerzo por perpetuarse, el sistema de la idolatría del capital propone remiendos nuevos en paño viejo: capitalismo verde; combate a la pobreza a través de programas sociales compensatorios (y no emancipatorios); intercambio de libertad individual por seguridad; desprestigio de los movimientos sociales; criminalización del descontento popular…

 

Lo evidente es que el capitalismo representa éxito apenas para un tercio de la humanidad. Según la ONU, 4 mil millones de personas viven por debajo de la línea de la pobreza. El sistema se muestra más destructivo que creativo. Incluso los partidos progresistas, antes considerados de izquierda, ya no tienen propuesta alternativa y cuando llegan al poder se limitan a ser meros gestores de la crisis económica.

 

En el Brasil ha sido necesario salir a las calles para que la presidenta Dilma propusiera la reforma política, primera medida estructural en diez años de gobierno del PT. Pero faltan las demás: agraria, tributaria, etc.

 

No basta con denunciar los defectos y abusos del sistema, como suele hacer la Iglesia Católica. Hay que señalar las causas y las alternativas. En caso contrario la insatisfacción de los jóvenes se transformará en revuelta, y ésta en nido acogedor para el huevo de la serpiente: el nazifascismo.