Lula bendice las manifestaciones de protesta y pide la renovación del PT

El expresidente de Brasil asume que su partido necesita cambios

Matiza que las recientes manifestaciones sociales son una muestra de evolución democrática

Escribió: Juan Arias en El País, España

 

El expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha roto su silencio acerca de las protestas ciudadanas que afectaron a todo el país el pasado mes de junio. En un artículo publicado en el diario The New York Times, Lula atribuye las manifestaciones no a un “rechazo de la política” sino a “una mayor participación popular en la democracia brasileña” y pide una “renovación” en el Partido de los Trabajadores.

“Las manifestaciones son en gran parte resultado de éxitos políticos, económicos y sociales”, escribe. Para él, entre las principales reivindicaciones de los jóvenes en la calle, figura la necesidad de “instituciones políticas más transparentes”. Lula se refiere a los padres de familias pobres que hoy, por primera vez pueden disfrutar de “coche propio” y “viajar en avión”, quieren para sus hijos una vida mejor que la que ellos tuvieron antes de dejar el planeta de la miseria.

Se trata de la primera ocasión en la que Lula se pronuncia sobre el tsunami político que está agitando al país y que ha puesto en alarma al gobierno y al Congreso. El silencio del mandatario había dado ocasión incluso a rumores sobre su estado de salud y fue roto este miércoles en un artículo titulado “El mensaje de la juventud brasileña”.

El exsindicalista, que posee un gran olfato político y que no ha podido dejar de entender la gravedad del despertar del gigante Brasil, ha bendecido el movimiento de protesta y ha pedido al mismo tiempo al Partido de los Trabajadores (PT) -que “yo ayudé a fundar”, asegura -, necesita de una “renovación profunda”.

La lectura que hace Lula de la crisis revela toda su sagacidad de estadista. Afirma que es justo que los jóvenes que no vivieron una dictadura ni una inflación de tres cifras “quieran más”. A aquellos que, al analizar las manifestaciones de protesta, han insistido en que la calle “rechaza a los políticos y a su carga de corrupción”, les responde que es al revés: las protestas no han sido causadas por un “rechazo de la política” sino por el deseo de una “mayor participación popular en la democracia brasileña”

Lula sabe sin embargo, que las críticas de la calle a los partidos tradicionales ha sido duras e implacables y han denunciado el divorcio que existe entre “el poder y la sociedad”. Por ello, no ha dejado de pedir una “profunda renovación” para el partido que él fundara (PT) y que, como ha subrayado, “ha contribuido tanto a la modernización y la democratización de la política en Brasil”.

El expresidente pide al partido que lo llevó primero a él a la Presidencia de la República y después a su sucesora, Dilma Rousseff, y que acabó arrastrado por escándalos de corrupción, que “recupere sus vínculos diarios con los movimientos sociales”, y que sea capaz de “ofrecer nuevas soluciones para los nuevos problemas” que vive el país.

Lula, indiscutible referencia política en el país, hace una advertencia a su partido: todo eso debe hacerlo, escribe “sin tratar a los jóvenes de forma paternalista”. El expresidente, al mismo tiempo que ofrece legitimidad a las reivindicaciones de la calle, recuerda con sentido pragmático que será “imposible responder rápidamente a las reivindicaciones de los jóvenes”, haciendo una crítica velada a la urgencia de las peticiones perentorias y concretas de la sociedad.

Una parte de su partido, preocupado por la caída vertiginosa de la presidenta Dilma -ha perdido más de 40 puntos de consenso desde el inicio de las manifestaciones de protesta hasta hoy-, sigue pensando en Lula como carta de repuesto, si la situación política, social y económica siguieran empeorando. Él, sin embargo, según sus más íntimos, sigue rechazando dicha hipótesis.

Diversas informaciones adelantaron además que Lula ha comunicado a quienes temían por una recaída en el cáncer de laringe que lo afligió y del que los médicos dijeron que estaba curado, que él “está 110% bien”.

A Lula le sobra intuición política y sabe muy bien que después de la crisis que está viviendo el país, su popularidad a prueba de fuego hasta ayer, podría estar hoy también dañada. Mejor, pues, seguir apoyando a Dilma hasta el final.