Bernanke, crisis bancarias y recesiones

Escribió: Michael Roberts en Sin Permiso

 

En el año 2002, el actual presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, pronunció un discurso en honor del economista monetarista Milton Friedman, con motivo de su 90 aniversario. Bernanke elogió el trabajo de Friedman y su colega Anna Schwartz. En su trabajo seminal (Una Historia Monetaria de los Estados Unidos, 1867-1960) sostuvo que la Gran Depresión de 1929 a 1933 fue causada por las decisiones equivocadas de la Reserva Federal. La Fed había dejado crecer una burbuja crediticia, al permitir que la oferta monetaria superase el crecimiento del PIB, y restringió el suministro de dinero, subió la tasa de interés demasiado pronto y provocó una crisis bancaria y una profunda depresión. Bernanke terminó su discurso con estas palabras: "Lo que me guardo de su trabajo es la idea de que las fuerzas monetarias, sobre todo si se desatan en una dirección desestabilizadora, pueden ser muy poderosas. Lo mejor que pueden hacer los bancos centrales por el mundo es evitar este tipo de crisis, proporcionando a la economía, en palabras de Milton Friedman, un "escenario monetario estable", que se refleje, por ejemplo, en una inflación baja y estable. Permítanme terminar mi intervención, abusando un poco mi condición de representante oficial de la Reserva Federal. Me gustaría decir a Milton y Anna: Por lo que se refiere a la Gran Depresión, tenéis razón, nos equivocamos. Lo sentimos mucho. Pero gracias a vosotros, no lo volveremos a hacer". (http://www.federalreserve.gov/boarddocs/speeches/-2002/20021108/default.htm).

Como todo el mundo sabe, Bernanke defendió en 1983 que las quiebras bancarias fueron la causa de la Gran Depresión y esto explica por qué apeló a una financiación suficiente para los rescates bancarios, la flexibilización cuantitativa (QE) y otras medidas monetarias "no convencionales" para evitar otra depresión como consecuencia de la Gran Recesión. La pregunta es: ¿es correcto afirmar que la gestión de la oferta de dinero de la Fed es crucial para causar o evitar las depresiones, como Friedman afirmó, y que, por lo tanto, crédito o dinero en cantidades abundantes pueden evitar los colapsos bancarios que generan depresiones en la

economía?

En un nuevo documento (“Bank failures and output during the Great Depression”, http://www.nber.org/papers/w19418), Jeffrey Miron y Natalia Rigol no lo creen así. Encontraron "pocos indicios de que la quiebra de bancos ejerciera un impacto sustancial o sostenida en la producción durante este período".

Llegan a la conclusión de que "a grandes rasgos, no se desprende de los gráficos que la quiebra de bancos tenga un impacto en la producción. La producción industrial fluctuó significativamente durante parte del período de entreguerras que experimentó pocas quiebras bancarias. En particular, la producción industrial se redujo 28,8 por ciento en un período de quince meses, desde el máximo del cíclico en julio de 1929 a la primera oleada de quiebras bancarias en noviembre de 1930. Este importante descenso - casi la mitad de la caída global - hace que sea probable que las quiebras de bancos fuesen en parte una respuesta a las condiciones económicas adversas, contribuyeran o no las quiebras a las M. Roberts, Bernanke y las crisis bancarias pérdidas de producción”. En otras palabras, la Gran Depresión se inició con una caída de la producción industrial, que luego llevó a la quiebra de bancos que exacerbaron la crisis, pero no a la inversa.

Lo que esto sugiere es que el rescate de los bancos tampoco haría nada para poner fin a una crisis capitalista, sino que simplemente preserva los intereses del sector financiero. Y también que inyectar dinero en los bancos a través de medidas como el QE tendría poco efecto en la restauración de la inversión y la producción industrial. Después de todo, la estrategia ha demostrado ser bastante incapaz de hacer otra cosa que flexibilizar las medidas más restrictivas del suministro de dinero o, para el caso, apuntalar a los bancos y los mercados de activos. Esto se debe a que los créditos bancarios responden a la demanda y que cuando no hay demanda de inversión, no hay demanda de crédito bancario. En realidad no es un problema de oferta (ver http://www.clevelandfed.org/research/commentary/2013/2013-10.cfm).

Eso significa que las quiebras bancarias son más un síntoma que una causa de la crisis.

La comparación de la recuperación de las principales economías capitalistas tras la Gran

Recesión sugiere lo mismo. En un gráfico (producido por el Banco de Inglaterra), se ve que la recuperación de la recesión, en promedio, se logra en cuatro trimestres. Si se produce también una crisis bancaria, se tarda hasta 12 trimestres. Pero la Gran Recesión ha sido mucho peor, y sólo los EE.UU. se acercan a la recuperación promedio, mientras que la zona euro y el Reino Unido, en particular, siguen muy por detrás.

Tony Northfield, en su excelente blog (http://economicsofimperialism.blogspot.co.uk/), y en un trabajo reciente (Tony Norfield on derivatives and the crisis) explica también por qué las crisis bancarias y, en particular, la crisis financiera mundial, hicieron que la Gran Recesión fuese peor que sus antecesoras, pero no es la causa principal de la crisis. "El papel de los derivados de la última crisis es ayudar a extender el boom especulativo. En ese sentido, hicieron que la crisis fuese peor de lo que podría haber sido, sobre todo porque su venta se extendió mucho más allá de los EE.UU., superando muchas barreras locales. Sin embargo, los derivados no causaron la crisis, simplemente le dieron una peculiar intensidad y una forma financiera. El bajo crecimiento y baja rentabilidad fueron las razones para el auge de los derivados y la ‘innovación’ financiera. Junto a otros aspectos del sistema de crédito, los derivados pueden ayudar a promover la acumulación de capital de las empresas al ahorrar costes de transacción, al crear la ilusión de que los riesgos son menores que en la realidad, dando la impresión de representar riqueza que puede ser utilizado como garantía para los créditos y generando ganancias registradas en base a los precios impulsados por la especulación. Un bache en el sistema, un préstamo que no consigue ser pagado como se esperaba pueden desencadenar un colapso financiero, ya que ponen en cuestión los supuestos sobre los que se asientan una miríada de otras operaciones. Esto es lo que realmente significa una "falta de confianza" en los mercados financieros: el temor de que los valores esperados son ilusorios. Los colapsos financieros impactan sobre la economía "real", el crédito se retira y se congelan los fondos

prestados por los bancos, incluso a empresas que hasta ese momento eran viables. El resultado final es que la crisis sea peor cuando finalmente se produce".

Una crisis bancaria puede hacer que la recesión sea peor, pero también que la recuperación sea más débil. Hay una gran cantidad de evidencias de que la raíz de la mediocre situación de Japón después de la crisis del crédito y la crisis bancaria de 1989 fue la incapacidad para «limpiar» los bancos de la deuda acumulada. El problema de la morosidad fue finalmente abordado por dos agencias gubernamentales que se crearon para gestionar y terminar con los créditos malos y reestructurar las empresas deudoras con problemas, pero no fue hasta finales de 1990.

En una nota anterior ( http://www.sinpermiso.info/articulos/ficheros/Jap.pdf), mostré cómo se elevó la tasa de beneficio de Japón durante la década de 1980 gracias a una oleada crediticia enorme y al boom inmobiliario. Pero no podía durar. Después de que la gran burbuja de crédito estallase en 1989, la tasa media de beneficio en la economía japonesa cayó casi un 20% durante la década de 1990. Sin embargo, desde 1998 hasta 2007, se elevó casi un 30%.

Durante la década de 1990, el sector empresarial se desapalancó un 15%, poniendo las bases para recuperar su rentabilidad. Finalmente se restableció el crecimiento medio del PIB real (relativamente) gracias a que las corporaciones japonesas habían cancelado suficiente capital viejo y los bancos japoneses pudieron volver a prestar; por supuesto, sólo después de una década perdida de ingresos y puestos de trabajo para su población en la década de 1990, que culminó en la durísima depresión deflacionaria de 1998.

La recuperación de la economía capitalista sólo tiene lugar si el capital (tanto tangible como ficticio) se reduce y la rentabilidad vuelve a ser suficiente. El bombeo de más dinero al estilo Bernanke simplemente retrasa el proceso y, por lo tanto, produce una débil y lenta recuperación, en el mejor de los casos. Pero Bernanke persiste con el fin de tratar de evitar una depresión deflacionaria como en la década de 1930.

Michael Roberts es un reconocido economista marxista británico, que ha trabajador 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession