Expertos acusan al gobierno de EE UU de desarrollar nuevas armas atómicas

Escribió: Markus Becker en Spiegel.de

Barack Obama ha hablado muchas veces de desarme nuclear. En su discurso de Praga en 2009 desarrolló, amparándose en el lema “Yes, we can!”, la visión de un mundo libre de bombas atómicas. En su discurso de Berlín en verano de este año ya se mostró bastante más modesto: dijo que el número de armas atómicas estadounidenses podría reducirse un tercio si los rusos se mostraban dispuestos a hacer otro tanto en las negociaciones.

Sin embargo, la realidad es muy distinta, como afirman ahora nuevamente los críticos. La asociación de científicos estadounidenses Union of Concerned Scientists (UCS) acaba de presentar un amplio informe sobre la modernización del arsenal nuclear de su país/1. Este informe no detecta casi ningún progreso en materia de desarme. Además, los científicos acusan al gobierno de EE UU de ir más allá del mero mantenimiento de sus armas atómicas y de desarrollar en la práctica nuevos sistemas armamentísticos.

El gobierno de Washington se enfrenta ya desde hace tiempo a un dilema: la última bomba nuclear de EE UU se desarrolló en 1990 y está basada en la tecnología de los años setenta. Los ensayos nucleares subterráneos quedaron suspendidos en 1992 y desde entonces las pruebas se basan en simulaciones por ordenador. Al mismo tiempo, el arsenal envejece, y para garantizar la seguridad y fiabilidad del armamento es preciso invertir enormes sumas de dinero. Porque EE UU todavía dispone de nada menos que unas 7.700 cabezas nucleares, de las que 2.150 están activas.

¿De verdad se trata tan solo de alargar su vida de las bombas?

Según el informe de la UCS, el gobierno de Obama quiere invertir 60.000 millones de dólares en los próximos 25 años en la modernización de su arsenal nuclear, pero esto no es más que una fracción de lo que la superpotencia piensa gastar en este periodo para sus armas atómicas. El informe de la UCS, de 81 páginas, cita algunos ejemplos:

El “programa de prolongación de la vida útil” de la bomba atómica B61 ya es objeto de crítica desde hace tiempo. Entre los expertos reina en gran medida el consenso de que las bombas nucleares aéreas estacionadas en Europa occidental son, desde el punto de vista militar, reliquias inservibles de la guerra fría que habría que eliminar de inmediato. No obstante, el gobierno de EE UU no solo no se muestra dispuesto a retirar esas armas, sino que las moderniza hasta tal punto de que los técnicos ya hablan de sistemas completamente nuevos.

La UCS afirma ahora algo parecido. Es cierto que el número de tipos de cabezas nucleares estadounidenses se reducirá de siete a cinco durante el proceso de modernización, pero esas cabezas se emplearían en diferentes tipos de portadores: tres en misiles de largo alcance y dos en bombarderos y misiles de crucero. Este propósito “viola el espíritu, por no decir la letra, de la promesa del gobierno de no desarrollar nuevas armas nucleares”, ha declarado Philip Coyle, del Center for Arms Control and Non-Proliferation, uno de los autores del informe de la UCS.

Esto no es una nimiedad, ni mucho menos. En 2011 entró en vigor el tratado “New Start” de reducción de armas estratégicas, por el que EE UU y Rusia se comprometieron a reducir hasta el año 2018 el número de sus cabezas nucleares estacionadas sobre el terreno de los 4.000 actuales a 1.550. Los críticos temen que las futuras conversaciones en materia de desarme se vean enormemente dificultadas si los estadounidenses estacionan de pronto, contrariamente a sus promesas en sentido contrario, armas con capacidades totalmente nuevas.

Material suficiente para 13.000 cabezas nucleares

Por ejemplo, la bomba B61 completamente renovada, del modelo B61-12, es en opinión del experto estadounidense en desarme Hans Kristensen un arma de estas características. Con arreglo a los planes actuales, a partir de 2019 se fabricarán unas 400 unidades, de las que una parte se estacionarán también en Alemania. En estos momentos hay entre 10 y 20 ejemplares antiguos de esta bomba atómica en la base aérea de Büchel, en Alemania.

Los científicos de la UCS también están preocupados por la enorme cantidad de bombas atómicas inactivas. Según cifras del instituto Sipri de Estocolmo, EE UU cuenta con unas 2.500 cabezas nucleares de reserva, a las que hay que añadir otras 3.000 que están a la espera de ser destruidas. Según el informe de la UCS, “hay grandes cantidades de plutonio y uranio altamente enriquecido que el ejército ya no necesita”. Aunque la National Nuclear Security Administration (NNSA) –el departamento del ministerio de Energía de EE UU que se encarga de la custodia de las bombas atómicas– tiene previsto destruir gran parte del material de fisión de las armas desguazadas, después de ello, dice la UCS, EE UU seguirá disponiendo de material suficiente para 13.000 bombas atómicas. Por eso, los científicos exigen que el gobierno elimine una parte mayor de este material y que lo haga de un modo seguro, aunque solo sea para evitar robos. Esta preocupación no es gratuita, como muestra un informe de la Nuclear Threat Initiative (NTI), que ha denunciado toda una serie de chapuzas en parte horripilantes en la custodia del material nuclear en todo el mundo.

La UCS también ve posibles problemas en EE UU. Así, al parecer la NNSA pretende deshacerse del plutonio sobrante aprovechándolo para la fabricación de las llamadas barras de combustible de mezcla de óxidos para las centrales nucleares. “Esto comporta graves riesgos de seguridad”, escribe la UCS, que exige que la NNSA detenga este programa y elimine el plutonio en forma de vidrio o cerámica.