El tiempo de los pumitas y el de los leones

Escribió: Carlos Abel Suárez  en Sin permiso

 

A Luis Maza, un memorioso

De confirmarse los resultados de las primarias, las elecciones del próximo 27 de octubre pueden mostrar algunas sorpresas. A poco de cumplir 30 años ininterrumpidos con derechos políticos, los argentinos transitamos una campaña electoral con bajísima calidad de propuestas y discusión de ideas, pero divertida en anécdotas, picardías y una dosis creciente de violencia. Entre las sorpresas de estos comicios ronda el pronóstico de que la izquierda trotskista podría llegar a un porcentaje de votos jamás alcanzados, logrando una representación parlamentaria inédita. Se constituye así en una noticia apreciada hasta por los analistas políticos más conservadores y, necesariamente, ingresa en el debate público y publicado.

En Capital Federal y provincia de Buenos Aires, en estas últimas décadas, ha sido habitual un buen desempeño de las corrientes de izquierda, según sus propias evaluaciones, aunque en el marco de una formidable fragmentación. El trotskismo recién ingresó en el Congreso Nacional en 1989, con Luis Zamora como diputado por el Movimiento al Socialismo (la corriente fundada por Nahuel Moreno).

Si admitimos una continuidad con la intención de voto de agosto y acrecentada según varios sondeos, en  Mendoza y Salta el Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) estaría logrando una cifra absolutamente inusual y podría elegir diputados nacionales, provinciales y numerosos concejales. Tiene alguna chance en provincia de Buenos Aires y en la ciudad de Buenos Aires.

El cuadro de una Mendoza conservadora y de una Salta oligárquica reaccionaria, presentaría entonces algunos tonos rojizos, incómodos para algunas almas superficiales o definitivamente malas y exaltadas.

Ya lo ha dicho muy gráficamente el  presidente del Concejo Deliberante de Salta, Tomás Rodríguez (PJ), al comparar al Partido Obrero con un pumita juguetón. “Un puma pequeño cuando le das de comer se convierte en un león y no sabés cómo sacarlo de la casa”, sentenció Rodríguez.

Esas molestias que tienen, por ahora, una dosis de macartismo también se manifiestan en Mendoza.

Podemos rastrear al trotskismo mendocino, como corriente organizada, recién a finales de los años 50, aunque había simpatizantes de León Trotsky entre algunos intelectuales desde los´30. Marcelo Alvarado, nacido en San Juan pero mendocino por adopción, que fue presidente de la Federación nacional de los petroleros durante la histórica huelga contra los contratos petroleros de Arturo Frondizi, se había vinculado en Buenos Aires con Silvio Frondizi, el fundador de Praxis. Silvio, hermano de Arturo, visitó en varias oportunidades Mendoza y en torno a Alvarado se formó una corriente de trabajadores petroleros, a la que se arrimaron el odontólogo Brusa y el bancario Antonio Ahumada. Esta corriente luego desapareció como tal y sus miembros se fusionaron con otras agrupaciones. Pero una fuerte fracción sindical mantuvo su presencia prácticamente hasta la privatización de YPF.

Sin embargo, el trotskismo “legal” en la geografía política de Mendoza apareció en las curiosas y solitarias elecciones para gobernador del 12 de febrero de 1961, año muy particular y por varias razones un momento clave en la historia política del país.  Dos semanas antes de las elecciones mendocinas, Alfredo L. Palacios había arrasado, como candidato a senador nacional en los comicios complementarios de la Capital Federal.  “Avalancha roja en Buenos Aires”, tituló  el semanario Usted, vinculado a los sectores militares, que especulaba en sus páginas con la posible “sovietización” de la ciudad.  El New York Times dijo: “Alfredo Palacios, 80 años, socialista, pro castrista, anti yanqui y anti frodizista, un tremendo revés para Frondizi”.  Por lo contrario, una semana después en Mendoza  las cosas fueron bien distintas. Los “gansos” (el partido Demócrata)  retornaban al gobierno de la provincia, por primera vez en elecciones limpias, de la mano de quien sería su caudillo histórico: Francisco “Pancho” Gabrielli.  Dos escenarios, que sirven a un juego de semejanzas y diferencias.

En  Mendoza compitieron 13 listas, donde cada partido puso a sus notables, más allá del terreno de la provincia: Leopoldo Suárez, por el radicalismo del Pueblo (entonces la UCR de Ricardo Balbín), Francisco Cañeque y David Domínguez Jorba por la UCRI (el oficialismo frondizista), Tres Banderas liderado por los peronistas Serú García y Ernesto Corvalán Nanclares, aparecía como el gran experimento concurrencista confrontando con la abstención propiciada por Perón, las 62 Organizaciones y John W. Cooke.  A la izquierda formaban el partido Socialista con el legendario Renato Della Santa, como candidato a gobernador y Nicolás Abrego, como vice, un dirigente vitivinícola de los obreros de la bodega Giol y socialista desde 1935. El partido Comunista, que después del catastrófico apoyo a Frondizi había girado hacia un Frente con desencantados de la UCRI, que en Mendoza se llamó Pueblo Unido, levantó la candidatura del abogado laboralista y defensor de presos políticos, Eduardo J. Godoy. El compañero de fórmula era Jorge Daniel Herrera, maestro normal rural, secretario general del sindicato de los docentes, uno de los fundadores de la Confederación Argentina del Magisterio. Por esas paradojas de la política mendocina, la casa donde residía y tenía su estudio en Mendoza, Alfredo Roque Vítolo, hasta que fue convocado por Frondizi para el Ministerio del Interior –su brillante espada política -, lindaba con la sede del Sindicato de los maestros, que era el lugar de reunión habitual de numerosas agrupaciones estudiantiles, gremiales y culturales; entre ellas la Comisión que funcionó en Mendoza en defensa de la Revolución Cubana, la bestia negra del continente en esos días de furia de la Guerra Fría.

El trotskismo había logrado su legalidad en Mendoza, tras una batalla de varios meses en la justicia electoral, con el nombre de Partido Obrero. La querella, digna de una carrera de obstáculos – una escuela para estudiosos del derecho político - fue comandada por Ángel Fanjul, abogado tucumano y dirigente del trotskismo nacional, que tuvo que aceptar diversos condicionamientos del sistema, tragarse algunos sapitos diríamos ahora, para alcanzar la legalidad. El grupo se denominaba originalmente Partido Obrero Revolucionario, sección argentina de la IV Internacional, cuya dirección estaba en Europa y su secretario general el griego Michel Pablo (Michel Raptis). Una identidad y un programa poco compatible con el Plan Conintes que estaba vigente en esos meses, con gremios movilizados militarmente tras las huelgas de bancarios, ferroviarios, petroleros y el asalto con tanques al Frigorífico Nacional. Lo primero que objetó la justicia para tramitar la personería fue el carácter internacionalista y su programa que se proponía derribar el capitalismo, de ahí que fue adaptando nombre, plataforma y estatutos a los definidos en la normativa electoral. Pero había que presentar 600 avales. Y como se trataba de una “rara avis”, el tribunal practicaba una suerte de “quinteo” citando a los firmantes de cada una de las fichas de afiliación. Por último, tuvieron que superar la impugnación de los “primos” terriblemente celosos del PC, porque hasta ese momento a la izquierda de los comunistas – por lo menos en Mendoza - no había competencia reconocida en los papeles. Finalmente el trotskismo mendocino de 1961 inscribió a Nydia Aida Orduna, la primera mujer en la historia de Mendoza candidata a gobernadora, acompañada por Abelardo Delamarre, un obrero químico de la fábrica Carbometal. El periodismo ejemplar de aquellos tiempos, publicaba las fotos de todos los candidatos del mismo tamaño, y los CV de cada uno de ellos cuidando hasta la cantidad de palabras para evitar la sospecha de favoritismo. Un diseño gráfico horrible, pero un principio democrático inobjetable. Y lo hacían desde los diarios locales, hasta los nacionales, como se puede ver en los archivos. A tal punto que el redactor de La Prensa, de los Gainza Paz, pone en boca de la candidata del trotskismo, que ella en realidad vive y milita política y sindicalmente en La Plata, pero es nacida en Mendoza (por consiguiente habilitada a ser candidata según la Constitución), y el motivo de su presencia en la provincia es porque el grupo local es muy joven y nadie tiene la edad requerida para postular al cargo. El pequeño partido mendocino congregaba a una artista plástica, de reconocida trayectoria en el socialismo, un dirigente de la huelga bancaria de 1959 (que más tarde migró al peronismo), estudiantes secundarios despertados políticamente al calor de la confrontación enseñanza laica-libre y Nelson Cáceres a la cabeza de la boleta para diputados y apoderado, que sigue en la militancia, ahora en el FIT.  

Tras los siete velos de los buenos modales, de la misa de los domingos, de los barrios privados contra natura, de los sospechosos nuevos ricos de los últimos 30 años, Mendoza tiene una larga tradición republicana, ilustrada y de izquierda. Hemos recordado en otro artículo el hilo de los “marianistas” de la Escuela de Salamanca, la trágica historia del jesuita mendocino Juan José Godoy.  También el territorio cuyano fue caminado  – y esto no es una metáfora – por el ingeniero y geólogo alemán Germán Avé Lallemant, corresponsal del  Die Neue Zeit el diario que dirigía el gran teórico de la socialdemocracia Karl Kautsky.  Avé Lallemant, además de cartearse con Kautsky y Federico Engels, de ser uno de los fundadores del partido Socialista y del periódico El Obrero, fue un notable científico al que se deben los inaugurales trabajos orográficos de Mendoza,  San Luis y Neuquén. Germán, que realizaba un relevamiento de la región andina por encargo del Perito Moreno, le escribía desde Mendoza (a fines de aquellos ´80) “quién conoce qué dificultades se oponen a los trabajos de esta naturaleza en estos territorios desiertos e intransitables y cómo hay que luchar con tantos elementos hostiles, entre los cuales la estupidez e ignorancia de los hombres son los más invencibles, perdonará las faltas que se pueden notar”. Los mapas dibujados por el esfuerzo de Germán Avé Lallemant, fueron calificados por Francisco P. Moreno como el punto de partida de la cartografía argentina, al mismo tiempo que cohabitaban con su pasión política hasta que la muerte lo abatió en San Luis en 1910.

Las ideas no se matan

Así lo escribió Sarmiento en una piedra de El Zonda. En efecto, pero no solamente en el sentido de que las ideas no se matan si matamos a los portadores de esas ideas. También porque las ideas son como las semillas (por supuesto que no las genéticamente modificadas) o como el hilito de agua que de pronto se hunde entre las rocas. Algún día la semilla perdida al voleo puede germinar y el agua brotar de un manantial.

Así en 1914 los socialistas ganaron las elecciones municipales de la ciudad de Mendoza, un acontecimiento histórico y un gran escándalo. La elección fue anulada, pero los socialistas volvieron a repetir un resultado extraordinario en los comicios para designar a los constituyentes provinciales. Su aporte como primera minoría a la Constitución de la provincia, que por décadas fue una de las más de modernas y progresistas  del país, ha sido reconocido hasta por un constitucionalista, precisamente nada de izquierda, como Dardo Pérez Guilhou.  Estuvieron a un tris de sancionar el sufragio femenino, que nadie entonces había reconocido en el mundo. Pocos años después, junto a los anarquistas, eran perseguidos por apoyar o instigar las huelgas y protestas sociales de 1919, que fueron brutalmente reprimidas con la ayuda de la Liga Patriótica. Luego asomaron los tiempos políticos de Benito Marianetti, de Angélica Mendoza (La Negra), de Florencia Fossatti, de “Palito” Lemos, de Renato Della Santa. De uno de los primeros centros antifascistas del país, fundado en San Rafael, en 1922, por Valentín Bianchi.

Desde la militancia de mirada corta, se podría decir que muchos de estos personajes y acontecimientos muy poco tienen que ver con los votos que el trotskismo puede alcanzar en estas próximas elecciones. Sin embargo, desde la perspectiva del aprendiz de oligarca salteño está la “parábola” del pumita al león. Los escritos y conferencias de Marianetti al comienzo de los años ’30 están lejos de la simpática figura de sombrero de ala ancha e impecable traje cruzado, que saludaba a derecha e izquierda cuando paseaba por la avenida San Martín o recorría las salas de los tribunales. En la tribuna del partido Comunista, Don Benito, “el señor de los cerezos en flor”, el amigo de Salvador Allende (que cada tanto le reclamaba los salamines de la Colonia Caroya, que al socialista chileno tanto le gustaban), no era un parlanchín improvisado o un producto para la TV a los que estamos tan acostumbrados. Sus citas de los clásicos,  de la Historia de la Revolución Rusa, de León Trotsky, los dilemas que planteaba en relación a la lucha por el poder, están lejos de las biografías edulcoradas y explican la saña con que fue apresado y confinado por el golpe fascista de 1943. Vale también para Della Santa, que transitó junto a Marianetti un tiempo en el partido Socialista Obrero, una escisión de izquierda del viejo PSA. La comuna de Godoy Cruz, casi una década gobernada por los socialistas fue, además de la Cooperativa Eléctrica, el ejemplo de una política de salud pública, de la mano del gran sanitarista Maurín Navarro, del apoyo incondicional a los republicanos españoles.  Desde los años 30 una calle de Godoy Cruz se llamaba Carlos Marx, respetada por todos los gobiernos que le siguieron (se les pasó, seguramente por ignorancia, a los militares del 43, que prohibieron hasta los discos de Gardel).  Cuando Renato Della Santa regresó al municipio en los años ´60, bautizó Patricio Lumumba  a la calle que bordeaba el zanjón que ingresa a antigua bodega Tomba, en homenaje al líder africano que hacía pocos meses había sido asesinado. El golpe de Onganía borró esos nombres y muchos otros.   

Que la izquierda vuelva a sorprender en estas elecciones se puede explicar por varios motivos. Relevante es la historia de las ideas, de las polémicas, pero también la presencia de tantas generaciones de activistas en la lucha social, en los conflictos, en la denuncia de la injusticia y de la corrupción.