Grecia. Entrevista con Antonis Ntavanellos (Syriza)

“¿Podremos avanzar hacia la constitución amplia de comités populares de resistencia?”

Entrevistó: Angela Klein en A l’encontre.org

Con el retraso habitual, el Instituto de Estadísticas de Grecia, el Elstat, publicó a comienzos de septiembre las cifras del paro para el mes de junio de 2013. El número de parados registrados se eleva a 1.403.698, es decir 174.709 más que en junio de 2012. En relación a la población activa, la tasa ha alcanzado el 27,9%. Se sitúa oficialmente, para los jóvenes de entre 15 y 24 años, en el 58,8% y, para los de la franja de edad de 25 a 34 años, en el 37,4%. Si los medios ponen ante todo el acento en Amanecer Dorado y las medidas tomadas por el gobierno, el paro sigue siendo un elemento social y político de los más importantes en la situación griega. Muy numerosos reportajes indican que decenas de miles de asalariados y asalariadas no reciben su paga desde hace tres o seis meses. Los ejemplos de parados cualificados a los que se proponen salarios de 490 euros netos por un trabajo semanal de 54 horas son moneda corriente, como lo son los reportajes de parados de larga duración cuya familia debe vivir de la pensión de sus padres que no supera los 500 euros al mes. Un parado de 45 años con dos hijos describe una situación semejante y la resume así: “500 euros para cinco, y solo para el pan debo gastar 1,82 euros al día”. Hay que recordar que el salario mínimo ha pasado de 780 euros a 586 en febrero de 2012. En términos de renta neta, la cantidad es de 480 a 490 euros mensuales.

A comienzos de octubre se ha presentado un plan de reforma de las jubilaciones. La jubilación base debería alcanzar el máximo de 360 euros por mes. Debería completarse con “un seguro de vida obligatorio” (de hecho un segundo pilar) por el que se interesa el grupo alemán de seguros Allianz. En términos de acceso a la salud, el presidente del sistema nacional de salud (EOPYY), Dimitris Kontos, miembro de Nueva Democracia, ha indicado a finales de septiembre que 3.068 millones de ciudadanos se encontrarían sin seguro. Investigaciones más profundas muestran que esa cifra es baja, pues no incluye a los pequeños comerciantes que han debido cerrar su tienda o a los trabajadores de la construcción que pierden su cobertura cuando dejan de pagar sus contribuciones como consecuencia de la pérdida de su empleo. La cifra más cercana a la realidad, sin contar evidentemente los emigrantes, supera los 4 millones. Esa cifra debe ser comparada con el número oficial de asegurados: 6.171 millones.

La expropiación de las viviendas de las personas que no han pagado sus impuestos inmobiliarios, cuyo número se ha disparado, y/o que tienen otras deudas con el estado es un tema debatido en el parlamento griego actualmente. La relación entre el montante de la deuda y el valor inmobiliario suscita numerosas preguntas cuando se trata de una trasferencia del bien inmobiliario al estado para borrar la deuda, o bien de una transferencia a una tercera persona que se encuentra con el restante de la deuda a pagar, según el valor dado a la propiedad. Además se extiende una verdadera cólera entre los muy numerosos propietarios de viviendas, una parte de los cuales no puede pagar los gastos de calefacción, especialmente con el nuevo impuesto sobre el gasóleo doméstico. Una reciente investigación indica que el 44% de las familias griegas no podrá calentar su casa este invierno. Sin embargo, ese porcentaje ha sido establecido antes de la toma en consideración del aumento del impuesto. No es difícil imaginar los efectos del frío sobre la salud de niños o de personas de edad avanzada. Uno de los temas de Samaras en 2012 era el siguiente, muy tradicional: si los comunistas llegan al poder, os quitarán vuestras casas.

En este trasfondo social, trazado resumidamente, hay que situar el diálogo político con Antonis Ntavanellos, dirigente de Syriza y de DEA, que publicamos a continuación Redacción de A l´encontre].

Tras el anuncio por parte del gobierno Samaras de la “puesta en disponibilidad” de 25.000 funcionarios, el movimiento de huelga en la función pública desde el 17 de septiembre –que se ha repetido bajo una forma más reducida los días 24 y 25–, siguiendo a la movilización de las escuelas, de los institutos y de los hospitales, ha tenido una amplitud importante. ¿Cómo juzgas a posteriori esta movilización?

Antonis Ntavanellos: La huelga ha sido un gran éxito. Esto apareció claramente en la manifestación del 18 de septiembre, que fue una de las más importantes manifestaciones de la función pública. Reunió a 100.000 personas. Una característica de esta manifestación residió en los múltiples sectores presentes con sus banderolas y sus pancartas. Evidentemente, los enseñantes del sindicato de secundaria, que estaban en pleno movimiento de huelga, constituían el sector más significativo de la manifestación. Pero se veía también una amplia participación de los y las asalariadas de los hospitales, de empleados municipales y de las universidades. Se puede decir que numerosos pequeños ríos convergieron en esa ocasión como consecuencia de la convocatoria de la confederación sindical del sector público (ADEDY).

¿Cuál era el apoyo a esta lucha del sector público por parte de las demás sectores de los asalariados y de la población?

Todos y todas sufrimos ataques como consecuencia de la aplicación de los planes de austeridad, los Memorándum impuestos por la Troika (UE, FMI, BE). No se trata por tanto solo del sector público, de los trabajadores del sector privado, de las paradas y parados, de los jubilados, de quienes no tienen ya en la práctica casi acceso a los medicamentos y a la atención sanitaria, sino también de capas de la llamada clase media. Se deriva de ello el sentimiento creciente de que cada movilización contra la austeridad es un combate que concierne a todos y cada uno de nosotros. Por eso el trabajo de la propaganda gubernamental contra la “subversión” o contra los funcionarios privilegiados ha resultado muy debilitado. Se deriva de ello que esta movilización del sector público era vista en gran medida como parte integrante de la resistencia frente a la austeridad y de la lucha contra la política del gobierno.

Además, ese sentimiento se prolongaba así: la huelga de la función pública se considerada como un instrumento de defensa de lo que queda del “estado social”, es decir la educación pública, los hospitales, el sistema de jubilación, etc. Esto ha ampliado el apoyo a la movilización de los diversos sectores de la función pública.

Sobre esta base hemos visto que se creaban “comités populares de resistencia”, que tenían por objetivo apoyar a los huelguistas. Igualmente, la ocupación de escuelas secundarias se hacía para apoyar a los enseñantes. Estudiantes universitarios han participado también en el movimiento, tanto más cuanto que el staff de las universidades está directamente en el punto de mira. Sin embargo, hay que constatar que la dirección de ADEDY sigue esencialmente pasiva y, por tanto, la solidaridad es difícil de transformar en un movimiento de huelga de conjunto.

Al comienzo de este año, la huelga de los enseñantes de secundaria fue detenida por la decisión del gobierno Samaras de aplicar una ley de tipo militar, la de la movilización militar. Esta ley se concreta en el envío de una carta a cada enseñante, y si éste no retoma el trabajo está amenazado con ser despedido y, en cualquier caso, con ser reprimido. En septiembre de este año, Samaras no ha recurrido a esta ley. ¿Por qué razón?

No era fácil para él. La huelga precedente había sido declarada durante los exámenes nacionales, que son de una gran importancia porque sus resultados determinan en qué universidad podrán seguir los estudiantes sus estudios. En ese contexto, era más fácil para el gobierno obtener un apoyo contra la huelga. Había muchas personas que afirmaban que los enseñantes tenían razón haciendo huelga, pero que no debían hacerla en ese período. Incluso la izquierda dudaba en apoyar de forma incondicional la lucha de los enseñantes. Sin embargo, la decisión de aplicar esa ley marcial de la movilización ha sido percibida de forma negativa, incluso por sectores de la población que estaban en contra de la huelga durante los exámenes nacionales.

Esta vez, en septiembre, la situación era diferente. Era muy difícil para los mass media, en particular para las cadenas de TV que apoyan al gobierno, repetir el mismo tema de la primavera: “Si a una huelga pero no ahora”. Esos mass media no podían repetir la operación so pena de aparecer como aún más hipócritas. Pero, sobre todo, la situación de conjunto era muy diferente. Poco tiempo después de la detención autoritaria de la huelga de enseñantes, el gobierno Samaras tomó una iniciativa igualmente autoritaria: el cierre de la ERT (radio televisión pública) el 11 de junio. La reacción popular frente a esta decisión fue enorme. Se desarrolló un impresionante movimiento de solidaridad, se estableció un verdadero diálogo de masas entre los empleados y empleadas de la ERT que ocupaban el edificio y miles y miles de personas, de delegaciones de empresas, de hospitales, de escuelas, que apoyaban su movimiento. La ERT continuó funcionando difundiendo en streaming sus emisiones, se organizaron debates, se dieron conciertos por las dos importantes orquestas que forman parte del personal de la ERT, etc. La decisión de imponer el silencio a la ERT provocó una crisis en el gobierno. Dirigir con “mano de hierro” no era aceptado por amplias sectores de la población y había un gran riesgo para el gobierno Samaras. En fin, en septiembre, otras huelgas convergían con la de los enseñantes de secundaria, lo que la sacaba de la soledad. Resulta entonces comprensible que el gobierno de Samaras tuviera que pensárselo dos veces antes de tomar una medida tan impopular como la movilización militar, que habría podido fácilmente desembocar en una crisis más amplia que la de la ERT.

En este otoño parece que la disponibilidad para movilizarse es mayor que a comienzos de 2013

Efectivamente, a comienzos de este año hubo una desmoralización relativa provocada por unas esperanzas demasiado optimistas, suscitadas a finales de 2012 y que no se han materializado. En efecto, a pesar de los dos días de huelga en noviembre de 2012, el gobierno adoptó un nuevo programa de austeridad. Había habido numerosas huelgas sectoriales, pero permanecían aisladas. Su unión con sectores más amplios de los asalariados no se efectuaba. En esa situación, era más fácil para el gobierno Samaras –una coalición entre Nueva Democracia, el PASOK y la Izquierda Democrática– o bien reprimirlas, o bien utilizar la movilización militar, o bien dejar que se desgastaran. Este período acabó con lo que yo llamaría la crisis de ERT, que ha significado un nuevo ascenso del movimiento de resistencia.

Pero debe subrayarse un elemento más importante. Numerosos militantes, sindicalistas y trabajadores activos han sacado lecciones del período anterior. Esta lección no era la que se podría presentar bajo la fórmula de “no podemos ganar”. Esta lección se ha traducido en la idea siguiente: un sector no puede ganar solo; un día de huelga tradicional no basta. De ello se han derivado, desde comienzos de septiembre, esfuerzos conscientes por coordinar actividades y se ha impuesto la comprensión de que una victoria, incluso parcial, necesita una seria organización. Esto crea la posibilidad, digo bien, la posibilidad, de devolver la vida a tradiciones olvidadas de la clase obrera, tales como la elección de comités de huelga, la constitución de fondos de financiación de las huelgas, los piquetes ante los establecimientos en huelga, las sentadas, etc.

¿Hay una mejor colaboración entre las diferentes tendencias de izquierdas en relación al pasado?

El problema de la unidad de la izquierda persiste. En el plano político central, los enfrentamientos continúan. Pero durante los últimos meses ha habido numerosos ejemplos de una mejor cooperación en la acción. Cuando la ocupación de ERT, las banderas de SYRIZA, de ANTARSYA y del PAME (“frente de masas” de coloración sindical, dirigido por el PC-KKE) estaban una al lado de la otra. En el curso de la última huelga de enseñantes, las propuestas de las corriente sindicales de SYRIZA y de ANTARSYA eran comunes. En la manifestación del sector público, el PAME ha desfilado con los demás sectores, rompiendo con su táctica tradicional de organizar un cortejo separado, en otra dirección, marcando su distancia frente a la movilización de la izquierda radical y de las fuerzas sindicales. En fin, y esto es importante, con ocasión de las manifestaciones contra el asesinato del rapero antifascista Pavlos Fyssas, hubo diversas coordinadoras entre el PAME y todas las demás fuerzas de la izquierda y antifascistas. Parece que emerge una comprensión de que, en cuestiones esenciales, tenemos necesidad de una unidad en la acción. Habrá que ver si esos ejemplos positivos permanecen limitados y si vamos a tener el mismo tipo de enfrentamientos. Hoy estamos bastante alejados de lo que es una necesidad absoluta: un frente de acción unificado, consciente y permanente.

¿Qué ocurre con el apoyo que puede tener este gobierno entre la población? ¿Tiene alguna credibilidad el mensaje de Samaras y del ministro de finanzas Stournaras según el cual la economía griega sale del túnel?

El gobierno dispone de un apoyo, al margen de sectores que le están directamente ligados, bajo una forma que se podría denominar como negativa. Es decir el miedo a una quiebra, el miedo a una salida de la eurozona, el miedo a la “inestabilidad”, el miedo a lo desconocido si la izquierda (SYRIZA, coalición de diversas fuerzas) llegara al gobierno. Este miedo y su utilización son suficientes para mantener el núcleo tradicional de los votantes de derechas, pero no más que eso. El gobierno no dispone de ninguna perspectiva creíble que ofrecer para una amplia mayoría de la población. Por esta razón elige en diversas ocasiones gobernar con mano de hierro y desplegar permanentemente su amplio aparato policial. Sin embargo, al resultar evidentes los límites de este autoritarismo, Samaras se ha visto obligado a multiplicar los anuncios según los cuales la política económica estaba siendo coronada por un “success story”, es decir por una salida de la crisis.

Esta “teoría” ha sido desmentida muy rápidamente por la realidad. La recesión continúa marcando la economía, con un retroceso propio de una situación de guerra. El nivel de vida de la mayoría de las personas es atacado más allá de todo lo que era imaginable hace tres años, y nuevas medidas de austeridad son puestas en marcha. A partir de ahí, el optimismo de fachada de Samaras y de Stournaras no convence a nadie. La Troika habla de un nuevo préstamo importante, lo que no significa más que la firma de un nuevo Memorándum de austeridad. Después de tres años de un brutal “rigor”, la deuda sigue al nivel de 2010. El objetivo de “volver a los mercados” (bonos en los mercados financieros) aparece como imposible en un futuro previsible. Al mismo tiempo, los ataques continúan. Tomemos un ejemplo. Cuando el gobierno introduce una tasa de 25 euros en una hospitalización, es muy difícil convencer a la gente de que “las cosas van en la buena dirección”. A partir de ahí, no pudiendo ofrecer una perspectiva “positiva”, Samaras intenta organizar un bloque social sobre la base de reflejos conservadores: un estilo de ataques contra la izquierda propio de un clima de guerra fría, la denuncia del caos social para estimular el temor, una hostilidad exacerbada contra las huelgas y los sindicatos. A fin de imponer esta “contrarrevolución” ideológica en las filas mayoritarias de la sociedad, Samaras debe imponer una contrarrevolución concreta, material, en los lugares de trabajo, de forma prioritaria. Para hacerlo tiene necesidad de infligir derrotas de amplitud a los diversos movimientos de asalariados a fin de cambiar la correlación de fuerzas de forma aguda. Un poco como hizo Thatcher cuando la huelga de los mineros en 1984-85. Pero una victoria así no será fácil para él.

¿Qué resultados dan los sondeos a propósito de los diferentes partidos? ¿Es cierto que los partidos gubernamentales bajan y que Amanecer Dorado aumenta su audiencia?

Los sondeos, al menos los publicados, son relativamente estables en el curso de los últimos meses. Nueva Democracia (ND) y SYRIZA permanecen en cabeza con fluctuaciones. Cuando hay un ascenso de las luchas, SYRIZA se pone en cabeza; cuando se produce el declive de las movilizaciones, ND gana en influencia. El PASOK (socialdemocracia), socio menor de ND, que colabora totalmente en la aplicación del programa de Samaras, se hunde, igual que DIMAR (Izquierda Democrática de Fotis Kouvelis) que apoya al gobierno pero ya no está en él. El declive del PASOK y de DIMAR es una indicación de la bipolarización extrema entre la derecha y la izquierda. Los neonazis de Amanecer Dorado, en los sondeos publicados, están en tercera posición, con resultados que oscilan entre el 12% y el 15%. Los nacionalistas “antiausteridad” de LAOS (Alerta Popular Ortodoxa) y los Griegos Independientes están en declive. Es difícil juzgar la audiencia político-electoral de Amanecer Dorado. Parecía que había sido frenada como consecuencia del asesinato de Pavlos Fyssas y de las movilizaciones. Una parte de las personas con una intención de voto, en los sondeos, declaraba “volverse” hacia Nueva Democracia. Es demasiado pronto para tener un juicio sobre esta dinámica electoral. Lo esencial en ese terreno es continuar la movilización antineonazi, entre otros sitios, en las escuelas.

¿Qué hay de las relaciones entre Nueva Democracia y Amanecer Dorado, puesto que han salido a la luz diferentes conexiones a finales de septiembre y comienzos de octubre?

Históricamente, existían conexiones entre la derecha extrema de ND, los partidos de extrema derecha como LASO y los neonazis. Los lazos entre Amanecer Dorado y sectores del aparato del Estado eran la regla, y Amanecer Dorado, incluyendo su núcleo inicial, gozaba de apoyos y de protección. Pero durante los últimos meses, fue algo más serio. He mencionado antes la estrategia de contrarrevolución ideológica de Samaras y su voluntad de aplastar a la extrema izquierda y los sectores sindicales combativos. Se puede fácilmente comprender que Amanecer Dorado se inscribía perfectamente en este plan. Así, Amanecer Dorado gozaba de la protección de la policía. En un período reciente, hubo incluso una escalada política. Comentadores neoliberales habían argumentado públicamente que Amanecer Dorado, a condición de “ser un poco más serio”, podía convertirse en un socio gubernamental de ND. Consejeros significativos de Samaras, todos de la derecha extrema, planteaban de firmemente una perspectiva así.

Esto ha cambiado tras el asesinato de Pavlos Fyssas y el amplio rechazo contra los neonazis. Actualmente, a finales de septiembre, hay una “represión” (utilizo comillas porque sigo siendo escéptico en cuanto al resultado final) contra Amanecer Dorado. Esto no tiene nada que ve con el antifascismo. Se trata de una reorganización de la correlación de fuerzas entre ND y Amanecer Dorado, o entre el estado y Amanecer Dorado. Esto tiene que ver también con un esfuerzo por tomar la iniciativa por parte del gobierno sobre el movimiento antifascista activo en la calle y de “capturar” el sentimiento antifascista en beneficio del gobierno.

A partir de ahí, parece que se opera un cambio de estrategia, con Nueva Democracia presentándose como un guardián de la democracia, y, más importante, de la “estabilidad”. Esto ayuda a ND en el plano electoral y modifica la agenda política.

Los medios y los partidos burgueses afirman que la línea de división no es entre los favorables a la austeridad y los que están contra la austeridad, sino entre los favorables a un “frente constitucional” o un “abanico democrático” contra Amanecer Dorado y el “extremismo en general”, en la medida en que numerosos dirigentes políticos ponen un signo de igualdad entre los neonazis y los “extremistas de la izquierda radical”.

Esta táctica puede cambiar, evidentemente, en una próxima etapa. Ni el aparato de estado, ni ND quieren sinceramente aplastar a Amanecer Dorado. Los neonazis constituyen una reserva útil para la clase dominante. En lo inmediato, sus representantes piensan que es mejor contener a los neonazis, pero en el momento en que tengan necesidad de ellos, facilitarán su resurgir. Así, golpear el peligro neonazi corresponde al movimiento antifascista, al movimiento obrero, a la izquierda, y para eso es necesario hacerlo en la calle y en los barrios. Y este objetivo va parejo con el combate contra la austeridad, así como contra el gobierno Samaras. Nuestra repuesta a la llamada teoría de los “dos extremos” (los neonazis y la izquierda radical, con el gobierno afirmándose como el “centro democrático”) puede traducirse resumidamente así: un extremo está compuesto por la patronal, el gobierno y sus fuerzas y los neonazis; y el “otro” está constituido por el conjunto de los asalariados, la izquierda y el sindicalismo de resistencia.

¿Hay alguna oportunidad de derrocar al gobierno Samaras?

La ola de huelgas de septiembre indicaba que existía ese potencial si podía basarse en sectores aún más amplios. Eso no se ha materializado. Y el gobierno ha reaccionado de forma ágil frente a la situación surgida tras el asesinato de Pavlos Fyssas. Ha sabido sacar de ella un cierto beneficio. Desde entonces, la posibilidad de derrocar al gobierno, a corto plazo, no existe. Pero una tal posibilidad puede reemerger. Frente a las políticas y a las medidas salidas de la aplicación del actual Memorándum, cada huelga se convierte de hecho en una huelga política contra el gobierno si quiere hacer triunfar sus reivindicaciones. A pesar de su capacidad para sobrevivir, el hecho es que este gobierno sigue siendo débil. Hay un debate permanente sobre la necesidad de constituir un nuevo gobierno, incluso en las filas parlamentarias, llegando incluso a poner al margen a Samaras en el curso de tal proceso. Un cambio así puede no materializarse. Pero el simple hecho de que exista una tal discusión dice mucho sobre la reducida confianza en este gobierno. Y este último deberá hacer frente a duros problemas en el futuro. Debe simultáneamente aplicar leyes que concreten el último Memorándum y hacer aprobar en el parlamento un nuevo conjunto de medidas de austeridad. La clase obrera en sentido amplio, ha dado prueba en diversas ocasiones en el curso de los tres últimos años, de que puede responder. Dos gobiernos han sido derrocados: el gobierno de Georges Papandreu del PASOK y la coalición de los tres partidos dirigida por el “tecnócrata” Papademos. A partir de ahí, estoy seguro de que una nueva posibilidad va a aparecer, tanto más en la medida en que las huelgas no han parado y que diferentes sectores permanecen movilizados.

¿Cual es en tu opinión la tarea del momento para la izquierda radical?

Hoy se plantea el problema táctico y estratégico de desarrollar un movimiento sociopolítico de conjunto contra el gobierno. He indicado precedentemente que cada huelga hacía frente al desafío de un enfrentamiento con el gobierno para ganar. Pero de esta constatación no se deriva que tal movilización socio política vaya a tomar forma de manera espontánea. A partir de ahí, la cuestión central es la siguiente: cómo actuar a fin de organizar un combate masivo y militante a fin de derrocar un gobierno que no va a dejarse derrotar fácilmente. Hay tareas que la burocracia sindical es estructuralmente incapaz de cumplir, por no mencionar que ni las desea. En tal contexto, destacan dos elementos clave: las iniciativas de solidaridad con las diferentes luchas, y las iniciativas tomadas por la base y los sectores intermedios de las organizaciones sindicales, estimuladas por la intervención de las corrientes de la izquierda radical en una perspectiva de unidad de acción. Se deriva de ello que hay que encontrar las formas que van a ayudar a organizar y a ampliar formas de resistencia y de contraataque. A partir de ahí, la puesta en pie de “comités populares de resistencia”, iniciativa que acaba justamente de tomar forma, es de una gran importancia, aunque hace falta que se materialicen a una escala suficientemente amplia. Las fuerzas organizadas de la izquierda radical pueden constituir un elemento clave para desencadenar esta dinámica. Es en esta dirección en la que deberíamos concentrar nuestras fuerzas.