¡Solidaridad con Kobane! ¡Obama y Hollande cómplices hipócritas!

Escribió: Jean-Philippe Divès en L’Anticapitaliste

No se sabe qué resulta más asombroso, la resistencia heroica de los defensores -kurdos y sirios no kurdos- de Kobane, que con sus armas ligeras logran frenar los asaltos de yihadistas muy bien armados, o el cinismo de los gobiernos occidentales y de sus aliados, en primer lugar el estado turco, miembro de la OTAN y, como tal, primer socio de los Estados Unidos en la región.

El emisario especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, ha alertado sobre el riesgo de una masacre de masas, recordando la suerte de Srebrenica, la ciudad bosnia en la que miles de habitantes fueron ejecutados en julio de 1995. Pero como Arin Mirkan, la capitana de las Unidades de Protección de las Mujeres que se autoinmoló con una bomba en medio de quienes intentaban apresarla, los combatientes de Kobane no rendirán sus armas.

Limpieza étnica y zona tampón

Al mismo tiempo, las imágenes de los tanques turcos, acantonados inmóviles en la frontera desde donde contemplan los enfrentamientos, evocan inevitablemente los de sus análogos rusos detenidos al borde del Vístula durante la insurrección de Varsovia en el verano de 1944.

No solo el ejército turco no interviene, sino que bloquea el acceso de los refuerzos kurdos y el aprovisionamiento de Kobane en armas y municiones. El gobierno de Erdogan no quiere que se instalen de forma duradera a sus puertas zonas kurdas que se administren por sí mismas fuera de todo control. Por esa razón ha visto el asalto del Estado Islámico como un don del cielo y considera su eventual toma de control de la ciudad como un mal menor. Tiempo habría, después, de utilizar fuerzas militares muy superiores a las de los yihadistas para reocupar un territorio vaciado de sus combatientes y poblaciones kurdas.

Tal es el único sentido de la demanda, formulada por Ankara, de poner en pie una “zona tampón” en el norte de Siria. Y ¿quién, aunque parezca mentira, ha apoyado esta reivindicación? El propio François Hollande, por supuesto. Incluso si, según los servicios de la presidencia francesa, Erdogan y Hollande habrían al mismo tiempo -en su entrevista telefónica del 8 de octubre- “recordado su apoyo a la acción realizada por los combatientes implicados en la lucha contra el Estado Islámico”... ¡La hipocresía alcanza aquí nuevas cotas!

Lo mismo ocurre, por otra parte, con el gobierno estadounidense, que procede a algunos “ataques” aéreos aislados, sin duda para que no se le pueda reprochar una total inacción, pero sin en absoluto poner en marcha los medios que le habrían permitido, a finales de septiembre, frenar el avance del Estado Islámico en Irak. Todo esto está relacionado de hecho con un gran juego de roles, con las poblaciones kurdas y sirias como víctimas expiatorias.

Apoyar la lucha, no una política particular

Los testimonios sobre la administración de los tres cantones de mayoría kurda en el norte de Siria y, en este marco, sobre el papel que juega en ellos el PYD (Partido de la Unión Democrática, la rama siria del PKK, Partido de los Trabajadores del Kurdistán), por lo menos plantean problemas.

Según algunos, se asistiría en esas regiones a una experiencia autogestionaria innovadora, bautizada confederalismo democrático o municipalismo libertario. Otros, sin negar una serie de avances, en particular en el terreno de la emancipación de las mujeres, señalan que los métodos autoritarios y represivos del PYD, incluso respecto a otras formaciones de la izquierda kurda y siria, no han desaparecido en absoluto.

En cualquier caso, no se trata aquí de apoyar la política de un partido sino un combate, que es justo desde cualquier punto de vista. Hay que colocarse al lado de la resistencia kurda como lo hemos hecho muchos y muchas una vez más este verano, a hacerlo al lado de la resistencia palestina, independientemente de la naturaleza y de las orientaciones políticas, PKK o Hamás o cualquier otra.

Los representantes del PKK y del PYD, y más en general los de las comunidades kurdas, han multiplicado estos últimos días los llamamientos a los gobiernos occidentales a fin de que éstos les entreguen armas (lanza cohetes antitanque, artillería) que les permitirían defenderse más eficazmente, y también que intensifiquen los bombardeos sobre las columnas e instalaciones deel Estado Islámico. Por nuestra parte, a la vez que reconocemos el derecho de los kurdos, como de los revolucionarios sirios, de procurarse armas donde y como puedan, no nos parece que se deba esperar grandes resultados de estos llamamientos. Si Obama, Hollande y Cameron no lo han hecho hasta ahora (salvo en beneficio del gobierno autónomo del Kurdistán de Irak, pero éste es de sus amigos más cercanos), ¿porqué cambiarían ahora?

Queda la vía de la solidaridad internacional directa de los trabajadores y de los pueblos. Corresponde al movimiento obrero y democrático, a sus organizaciones tomar ahora sus responsabilidades.