Del “momento mexicano” al futuro incierto

Escribió: Eduardo Ibarra Aguirre alainet.org

 

Octubre es el mes más difícil que enfrenta Enrique Peña Nieto desde que hace casi dos años (22.6 meses) tomó posesión de la Presidencia en un clima local de rispideces y de crispación nacional.

 

Atrás quedó el entusiasmo mediático desmedido por el Pacto por México “producto de la madurez de las fuerzas políticas” (Peña dixit), y no de la capacidad de negociación del sistema por medio de Jesús Ortega y de José Murat. Ellos iniciaron las negociaciones sin mediar declaratoria de “presidente electo”, como lo marcan las leyes en un país donde se rinde culto sólo discursivo al estado de derecho.

 

También quedó para el recuerdo el llamado “Momento mexicano”, muy bien inducido desde las metrópolis imperiales y sus cajas de resonancia en las pantallas del duopolio de la televisión y el oligopolio de la radio.

 

El clímax del optimismo desmesurado no tuvo límites con la aprobación de la decisiva reforma energética para alterar los supuestos básicos de la expropiación petrolera que “se impuso” en 1937, como refirió Peña Nieto en uno de sus discursos pronunciados en Nueva York y que sus comunicadores censuraron en México con eficacia.

 

Enseguida de aquella gira triunfal por la Organización de las Naciones Unidas, realizada la tercera semana de septiembre, dictó cátedra a la Asamblea General sobre cómo “los mexicanos fueron capaces de reformar” a su país, mientras la ONU no sabe emprender su renovación --en una suerte de autopromoción temprana, acaso para repetir los delirios de Luis Echeverría Álvarez en 1976, se agudizaron los elementos económicos, políticos y sociales que ya integran un cuadro nuevo, desafiante para éste y cualquier mandatario.

 

Para entonces el fusilamiento de 21 jóvenes por elementos del Ejército en Tlatlaya, estado de México, el 30 de junio, estaba bajo el control de los que como Eruviel Ávila vendían con éxito la encubridora tesis del “enfrentamiento” entre militares y “delincuentes”.

 

La matanza de Iguala y la desaparición de 43 estudiantes, el 26 de septiembre, estaban por producirse, pero sobre todo la enérgica y puntual condena internacional, así como la extraordinaria movilización mexicana que es deseable no la opaquen y menos neutralicen los reiterados actos vandálicos de grupúsculos que no queda claro si forman parte de los dizque “radicales” o son puestos en escena con fines perversos. En cualesquiera casos, los dirigentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México no es recomendable se hagan los desentendidos. La CNTE pagó esa conducta con el aislamiento ciudadano en el Distrito Federal.

 

Sin embargo, existen fenómenos tan o más importantes que los anteriores, si se observan desde la perspectiva del poder, institucional y fáctico o al revés porque no siempre queda claro cuál decide.

 

La persistente baja en la extracción de la mezcla mexicana de petróleo, la disminución de los precios en el mercado energético global y la salida de Galveston, Texas, de la primera carga de crudo estadunidense a Corea del Sur, son sucesos que preocupan y hasta angustian a la elite gubernamental. Entre otras cosas porque su proyecto económico que al decir de los expertos empezaba a mostrar la luz en el oscuro túnel de cinco semestres económicos, podría complicarse más todavía. Y la inversión extranjera no sentirse estimulada a acudir a México, sobre todo las empresas medianas, porque las gigantescas trasnacionales pagan su propia seguridad con mercenarios y cuerpos policiacos extranjeros, como lo hacen los propietarios de México.