Algunas nociones para la discusión dialéctica de la ciencia en tiempos de revolución

Hay ciencia disparatada,  desde luego, y hay ciencia servil por supuesto.  Como hay arte disparatad o y servicial, poesía alienante o novela al  servicio de la reacción y de sus gorilas. Pero de ahí no se infiere una  descalificación global del arte, ni de la poesía ni de la novela. Tampoco de  la ciencia

Escribió: Miguel Ángel Sánchez-Mercado. Universidad  Bolivariana de Venezuela “Hugo Rafael  Chávez Frías”, Núcleo de Investigación en Ecología Social Ing. “José Gregorio Ortíz”  (CIES), Sede Monagas. Noviembre del 2014.

Publicó: Rebelión.org

En algunos encuentros de entendernos entre concepciones de saberes y la  evolución de los mismos, nos encontramos en algunos  finales de camino que nos invitan  a rescatar la pluma y repensarnos algunas lecturas y entendimientos que sobrepasan los  coloquios y encuentros de café a media tarde. Y es, a entendimiento de  muchos, y encontrados colegas autores, donde en esos momentos recreamos quizás las  más altas expresiones de la ciencia, sin menoscabo del agricultor quien modifica  procedimiento en sus tierras y  cultivares para obtener mejores resultados de producción  y calidad, o del indígena que ancestralmente ha implementado plantas en su  cotidianidad tanto con fines medicinales y en su cosmogonía particular; mas allá de  aquel común a quien idealiza en sus experiencias y entendimientos previos e implementa  algún aparato, procedimiento, o cualesquiera de aportes que no dejan  de ser invaluables,  pero que no reconocemos como ciencia en la concepción del entorno que predefine a la  misma.  ¿Y es entonces esos conocimientos  no válidos? ¿Son conocimientos que no  aportan, ni tienen parte alguna en nuestro esquema de entendimiento de ciencia? Este  entendimiento, sobre todo lo que respecta a Latinoamérica, en la creación y equivocada  mirada sobre la recreación de saberes, es lo que ha mantenido en la sumisión intelectual  a aquellos quienes tomamos las bridas de esa innegable necesidad del análisis y  reivindicarnos en la consecuente lucha por la significancia de la integralidad de los  saberes, hacer de las diferentes formas de  producción intelectual su sinergización en la  correspondiente integralidad de ellas; como refiere certeramente Morles Sánchez (2007):

“En el mundo entero se ha impuesto la  idea de que la única o principal fuente de  ciencia, o saber nuevo, es la investigación científica. La idea se ha internalizado tan  profundamente en los sectores académicos  y profesionales que, generalmente, los  organismos promotores del desarrollo científico-tecnológico solamente financian  proyectos que se califiquen o puedan calificarse como investigaciones. Con esto se  ignora que la existencia de otros modos de producción científica, esto es, el hecho de  que un alto porcentaje de los saberes importantes han sido resultado de la casualidad, la  imaginación, el ensayo-error o  algún otro procedimiento.”  

Si bien la novedosa mirada que desde  la creación del Ministerio para el Poder  Popular de la Ciencia, Tecnología e Innovación se  ha tratado de establecer a propósito  de hacer de todos el acceso y promoción de la investigación en  todos los niveles del  conocimiento, sobre todo privilegiando a aquellos cultores populares que, en otros  tiempos han sido más que invisibilizados, han sido motivo de burlas y calificativos de  locuras, por sectores que remotamente ponen en duda su productividad al medirse  solamente con aquellos quienes consideran sus iguales, en el ámbito de las  publicaciones arbitradas, por ejemplo. ¿Será  que ello genera algún motivo de temor, a  perder su status quo investigativo? Una interrogante por contestar por parte de un grupo  que se ha considerado una clase particular. Lo que sí es evidente, es que queda aún  mucho por hacer en otros entornos particulares que directamente inciden en la  consolidación de dicha producción científica con sentido de pertinencia e integralidad  de saberes, y es la formación académica y política que desde nuestras universidades aún  se privilegia como previamente describía Morles Sánchez; aun más, sigue imperando el  estímulo a los niveles de producción por producir... se mide más que la calidad del  conocimiento aportado es la cantidad de artículos,  papers ,  abstractcs , capítulos en  libros u otra forma de difusión que el contexto del mundo claustrante del cienticifismo occidentalista hemos concebido como  “aportivo” de dicha producción. Esto,  ciertamente, puede ser  sumamente peligroso, pues más que liberarnos, nos encierra  irremediablemente en la más primitiva concepción napoleónica de la producción del  saber, y rendimos flacos favores a la verdadera rebelión de la producción científica,  rescatando ésta última concepción de la mirada neoliberal en la que se encuentra  sumida.  Bajo dicha precepción, rescato lo que bien refiere Tulio Ramírez (2011), cuando  al respecto refiere:

“hemos ordenado la discusión partiendo de demostrar que el empirismo deviene  de una concepción de la ciencia signada por lo que hemos denominado la  racionalidad productivista-instrumental del régimen capitalista de producción,  donde las nociones de “control” y “manipulación” de la naturaleza se constituyen  en el norte de toda labor científica, eliminando del Templo de la Ciencia todos  aquellos saberes que no garantizan el despliegue práctico de tales nociones.”  

Atendamos a las razones explicitadas anteriormente, tomando algunos elementos  que bien el colega Ramírez refiere al respecto; muy  tradicionalmente hemos  condicionado a la ciencia como una acción productiva, regida a plenitud en las nociones  de la plusvalía, ingresando el esfuerzo productivo en un mercado además de exclusivo,  sumamente competitivo y negándose a la esencia de la universalización del  conocimiento que dicha investigación pueda aportar al colectivo, a esa necesaria  construcción de un mundo mejor posible con dichas contribuciones.  Consabido es el caso por ejemplo, de  las importantes contribuciones que la  investigaciones desarrolladas  en el campo de la biotecnología agrícola por reconocidos  grupos de trabajo en todo el mundo, incluyendo a Latinoamérica y nuestro país; y que  muchos de dichos aportes que si bien pudieran contribuir a solventar importantísimos  problemas en la alimentación mundial, incluso de poder mitigar el hambre a escala  masiva, lamentablemente dichos aportes son  capitalizados, pasando a  ser segura patente  de algún mercado y sólo exclusivo de desarrollar por un muy minoritario grupo que se  enriquecen a partir de dicho manejo plusválico del conocimiento. Ya bien advertía  Ludovico Silva al respecto cuando refiere que  el hecho de que la explotación material  se ha reproducido con creces en el nivel ideológico es hoy incontrovertible (1937).  Históricamente, dicho problema con tan álgido punto de la biotecnología agrícola, a  pesar de su amplia envergadura político-ideológica que históricamente representa y  seguirá representando, sólo es una fracción ínfima de la punta del iceberg, así como un  ejemplo claro de cómo se puede desacralizar los esfuerzos de quienes pretenden buscar  a través de la generación de nuevos conocimientos, la estructuración de un mundo mejor  posible.  

Entonces, ¿cómo debemos entender al conocimiento, más allá de un cúmulo de  saberes, y más aun, cómo entenderlo como sistema que enfatice  lo científico? Morles  Sánchez (2007), tiene una muy entendida razón  en cuanto indica que la ciencia, a pesar  de ser un sistema de conocimiento (y ciertamente dominante), en nuestras actualidades,  con los auges de diversas formas de entender  al universo, no existe una clara diferencia  (o en todo caso, establecer un límite) entre el  conocimiento científico o el no-científico  (calificado genéricamente como  común ). Es por ello, que se originan los diversos  conflictos en aquellos quienes desarrollan  sus actividades investigativas de forma  ortodoxa, o con diversas estrategias no usuales, lo cual suele pasar con diversas áreas  disciplinares, muy extendidas hoy día,  incluyendo la misma etnobotánica.  Pero es necesario entender que este punto va más allá de una resemantización de las ciencias, de lo que entendemos por verdades tangibles o por simplemente significar  los saberes, cosa que es necesaria desde la mirada dialéctica del conocimiento, para que  éste se universalice. Esto último se entiende claramente cuando Morles bien refiere al  respecto:  

“Hoy, con la dialéctica de Marx, la teoría  de la relatividad de Einstein, la mecánica  cuántica de Planck, el principio de la incertidumbre de Heisenberg, la teoría de  sistemas de Bertalanffy, la del caos propuesta por Lorenz, la de catástrofes de  Tohm, el pensamiento complejo de Morín, y la transdisciplinariedad de Nicolescu,  entre otros intentos por comprender la  realidad, nos encontramos con una nueva  visión del universo. Se descubre que el micro y el macrocosmos son igualmente  complejos y posiblemente infinitos, que ambos poseen estructuras más semejantes  e interdependientes y en constante movimiento y cambio; que las ciencias naturales,  o duras – las de los objetos más simples-,  se suavizan y se asemejan cada vez más a las  sociales y que éstas, con la creación de  instrumentos de medición más confiables,  se acercan más a las primeras (2007)”.  

Es así, que la comprensión de los conocimientos, integrados en saberes que,  independientemente sea cual sea el origen, su significancia no tiene una taxonomía  dentro de las diversas formas de clasificar los mismos. Es por ello, que el presente  aspira a convertirse en una suerte de apuesta para la consuetudinación de los mismos  (los saberes) de forma integral y sinérgica, que coexistan todos ellos en sus  complejidades, pero a su vez, en la necesaria complementariedad que ellos establecen  para entender no sólo las causas—efectos del  entorno, sino para rendir cuenta de que  con ellos, un mundo mejor posible es más que tangible.  

REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

· Ramírez, Tulio (2011): Ciencia, método y sociedad. Contribución a la crítica  del empirismo en la investigación social. Ediciones de la Biblioteca-EBUC,  Universidad Central de Venezuela. Caracas. 144 pp.  

· Morles Sánchez, Víctor (2007): Ciencia Vs. Técnica, y sus modos de  producción. Fundación Editorial El  Perro y La Rana. Caracas. 193 pp.

· Silva, Ludovico (1937): La Plusvalía Ideológica. Ediciones de la Biblioteca- EBUC, Universidad Central de Venezuela. Caracas. 270 pp.