Como fracasó el programa de la CIA para ayudar a los “rebeldes” sirios.

Publicó: Almanar.com.lb

La pasada semana el periódico estadounidense The Wall Street Journal desveló detalles sobre el programa de la CIA para armar a grupos armados opositores sirios y su fracaso. El diario señala que el programa no logró ningún éxito para los así llamados “rebeldes moderados”. Muchos de ellos abandonaron el campo de batalla o se unieron al EI u otros grupos extremistas.

A mediados de 2013, la CIA entrevistó a algunos jefes rebeldes, en algunos casos durante días, y analizó sus emails y llamadas de teléfono para asegurarse de que estaban realmente al mando de los hombres que afirmaban liderar. Los que pasaron la prueba, firmaron acuerdos escritos, presentaron información sobre sus hombres para recibir los pagos y detallaron su estrategia en el campo de batalla. Sólo entonces consiguieron la ayuda económica, que fue, sin embargo, mucho menor de lo que ellos esperaban. Al final de cada mes los rebeldes que participaban en el programa de la CIA recibían su salario, de 100 a 200 dólares al mes. Los jefes y los que manejaban misiles antitanque TOW recibían algo más.

En el norte de Siria, EEUU y sus aliados crearon un centro conjunto de operaciones para supervisar el programa. El panel del centro incluía a miembros de la CIA y de otros servicios secretos como los de Arabia Saudí, Qatar y Turquía. Los jefes rebeldes se entrevistaron también con oficiales de la agencia estadounidense en hoteles del sur de Turquía.

Todos los lados afirman ahora que la ayuda de la CIA a los terroristas moderados sirios acabó en fracaso. Hoy en día los terroristas “moderados” ya sólo controlan pequeñas porciones en el sur del país y alrededor y dentro de Alepo. El resto del territorio está en poder de los grupos extremistas como el EI y del Frente al Nusra.

Otro problema es que cientos de rebeldes que participaron en el programa de la CIA se han pasado al EI y al Frente al Nusra. Otros han abandonado la lucha y han buscado la amnistía de las autoridades sirias o han simplemente desaparecido.

La CIA ha dejado de ofrecer ayuda ahora a los militantes sirios, a excepción de un puñado de comandantes de su confianza. El enfoque de la agencia estadounidense ha variado ahora hacia el sur de Siria en la creencia de que los rebeldes parecían más unidos allí, pero el crecimiento del Frente al Nusra, los nuevos choques internos entre milicias y la ofensiva del Ejército sirio en la región han demostrado de nuevo la impotencia de estos grupos también en ese frente.

Discrepancias sobre el EI

Por otro lado, han surgido discrepancias entre la CIA y varios grupos rebeldes en lo que se refiere a los objetivos de la lucha. En un principio, la meta de ambos era buscar el derrocamiento del presidente Bashar al Assad. Sin embargo, la CIA no había anticipado el crecimiento del grupo Estado Islámico en Siria e Iraq y éste se ha convertido ahora en la prioridad para la política estadounidense. Esto ha llevado a que los norteamericanos sientan ahora el temor a que las armas que envían a los grupos rebeldes caigan en poder del EI como así ha sucedido en numerosas ocasiones, bien por la toma de las mismas por la fuerza o porque los rebeldes las han vendido al EI y otros grupos radicales.

La ofensiva aérea norteamericana contra el EI no fue bien recibida por los rebeldes, que no fueron consultados para la misma y fueron asociados a esta campaña sin su consentimiento. En todo caso, ninguno de los grupos armados “moderados” ha mostrado su entusiasmo por participar en la lucha contra el EI.

Tras el inicio de la campaña el Frente al Nusra inició su ofensiva contra los grupos apoyados por EEUU. En dos ofensivas en octubre de 2014 y finales de enero de 2015, el grupo tomó los territorios bajo control del Frente de Revolucionarios de Siria y el Movimiento al Hazm y confiscó todas sus armas. Los líderes del primero huyeron hacia Turquía. Lo peor desde el punto de vista norteamericano fue que dichos grupos se rindieron prácticamente sin lucha. Así sucedió en el caso del ataque contra el cuartel general del Movimiento Hazm en Jan Assubul, en la provincia de Idleb, donde muchos combatientes se pasaron además a las filas del Frente al Nusra.

Otro grupo, el Ejército de los Muyahidines, que se unió al programa de la CIA el pasado verano y envió a 50 combatientes a Qatar para recibir instrucción de la agencia allí se ha retirado del mismo y se ha aliado con el Frente Islámico, apoyado por Arabia Saudí.

En todo caso, los norteamericanos han podido constatar que los grupos armados que patrocinan actúan en un estado de confusión y a menudo chocan entre ellos, venden la ayuda estadounidense recibida a terceros e incluso acaban uniéndose a los grupos radicales, especialmente a cambio de dinero u otros beneficios.

En resumen, según fuentes de la CIA, los comandantes que se suponían que eran de confianza acabaron por no serlo. “Todo el mundo estaba ahí para defender su propio interés”, dijo un alto responsable estadounidense al Wall Street Journal. En todos los casos, el entrenamiento y la financiación norteamericana no sirvieron para frenar las continuas derrotas de estos grupos en el campo de batalla, tanto a manos del Ejército sirio como de los grupos extremistas.