De la SIDE a la AFI

Escribió: Martín Rodríguez* en Le Monde Diplomatique

 

Alguna vez entendimos al kirchnerismo como una convocatoria para completar la tarea ardua y larga: la transición democrática. Una tarea paradójica, si una transición es un pasaje intermedio entre un orden viejo y uno nuevo. La novedad de estos años parece haber sido la de estabilizar el tiempo en ese intermedio. Esa es la teoría: del campo a Clarín, de Clarín a la Justicia, de la Justicia a la ex SIDE, capa a capa de una cebolla. Lo cierto es que el último núcleo después de la última capa es un pequeño espejo que dice: el poder lo tenés vos.

A fines de 2001 Argentina “se dio una ley” de inteligencia. La Ley de Inteligencia Nacional 25.520, cuya letra es una razonable declaración de principios en torno a la centralidad operativa de las agencias federales de inteligencia, sus competencias modernas alejadas de las típicas prácticas de espionaje político, todas con eje en la Secretaría de Inteligencia (SI), la ex SIDE, y de ese modo todas bajo la órbita presidencial. La ley se votó en diciembre de 2001 y se reglamentó en 2002. Sabemos que De la Rúa y Duhalde usaron esa misma SI, entre otras cosas, para espiar y reprimir protestas sociales. También la ley previó la creación de una Comisión Bicameral de Fiscalización de los Organismos y Actividades de Inteligencia. Nombre ampuloso para la comisión que ¿funciona? en el sexto piso del edificio anexo del Senado. Tiene 7 empleados para los 14 senadores y diputados que la integran. Si se entra a la página del Senado, se ve que no registra actividad. De modo que en los hechos nadie controla el organismo que en 2014 tuvo 1.800 millones de pesos de presupuesto para sus reconocidos 2.000 empleados. Se sabe, se supo: la ex SIDE fue y será la caja negra de la vida estatal argentina. Tuvo hasta hace días un hombre poderoso: Jaime Stiusso, que ingresó en 1972 y conjugó como nadie el doble estándar que hizo de la SIDE un mal necesario, es decir, el equilibrio entre la utilidad extrema para las necesidades del poder político, y un poder autónomo de negocios, operaciones, relaciones internacionales, caja.

Cuando, como escribió en Twitter el dirigente del PTS Fernando Rosso, “Cristina creyó que podía incorporar a Irán al mundo occidental” a través del Memorándum con esa república islámica, un cable que unía la dependencia y la autonomía de la SI se cortó: la pista iraní era una política de Estado, aún una política de Estado sin gobierno. Una política guiada por la CIA, el Mossad, etc. En ese punto exacto es que muere el fiscal Natalio Alberto Nisman.

Stiusso, como antes Magnetto, parece ser la manera de nombrar algo más que a un hombre poderoso: la metáfora de un poder permanente. Pero Jaime Stiusso, en concreto, fue el jefe real de la inteligencia durante los doce años kirchneristas, activo ejecutor de las operaciones. De 1983 para acá, el único político de Estado que puede mirar a los ojos a la sociedad argentina se llama Gustavo Béliz.

Adivinen por qué puede, y adivinen a dónde se tuvo que ir a vivir.

* Periodista.