El FMI vuelve a empeorar sus previsiones sobre América Latina

La economía regional crecería este año un 0,9% y el próximo un 2%

Escribió: Joan Faus, desde Washington en El País, España

América Latina se acerca a la oscuridad y corre el riesgo de quedarse estancada en ella. Del siempre calculado lenguaje del Fondo Monetario Internacional, sobresale en su último informe de previsiones un concepto respecto a las economías latinoamericanas: “Pronóstico apagado”.

Eso se traduce en que la región sigue perdiendo impulso económico por la combinación de un descenso del precio del petróleo y de otras materias primas, y una menor inversión. A ello se le unen varias turbulencias internas y externas que llevan al FMI a pronosticar que este será el quinto año consecutivo de reducción del crecimiento económico en América Latina.

En sus previsiones de abril, difundidas este martes en Washington, el Fondo pronostica que el PIB regional crecerá un 0,9% en 2015 tras hacerlo un 1,3% el año pasado. Son cuatro décimas menos respecto a las estimaciones de enero. Y 1,3 puntos menos respecto a las de octubre.

El pesimismo se ha agudizado en seis meses y aleja a América Latina -hace pocos años símbolo del boom emergente- del ritmo del conjunto de países en desarrollo (la previsión es que crezcan un 4,3% en 2015) y del promedio mundial (3,5%). En 2016, el panorama latinoamericano mejorará, con un crecimiento del 2% según el informe, pero tres décimas por debajo de lo pensado hace tres meses.

Brasil y Venezuela encabezan los descensos de las previsiones del FMI

Por países, Brasil y Venezuela colman las malas noticias. La primera economía regional y séptima mundial se contraerá este año un 1% por la apatía de empresas y consumidores, y desequilibrios de competitividad en medio de la inestabilidad desatada por el escándalo de corrupción de la empresa pública Petrobras.

La rapidez del deterioro es alarmante y puede contagiar a los países del entorno: el pronóstico de enero era que Brasil crecería en 2015 un 0,3%; y el de octubre, un 1,4%. El Fondo aplaude los planes de ajuste del Gobierno de Dilma Rousseff, pero advierte de que mermarán la demanda a corto plazo. En 2016, prevé un alza del PIB del 1%, una rebaja de medio punto respecto a enero.

La variación a la baja brasileña queda muy lejos de la de Venezuela: en seis meses el FMI ha pasado de pronosticar una caída del 1% de su economía este año a una del 7%. En paralelo, la inflación mantendrá su ascenso imparable: hasta un 96,8%, 30 puntos más que en 2014. El descenso del precio del crudo golpea a los países exportadores de la región, pero a ninguno tanto como a Venezuela, cuya economía está estrechamente ligada a las ventas petroleras y sufre severos desequilibrios internos.

El desplome de los precios energéticos, junto a otros factores, también afecta a las previsiones de crecimiento de México, Colombia, Perú y Chile; pero el aterrizaje es más suave. Este año crecerán, respectivamente, un 3%, 3,4%, 3,8% y 2,7%, según los cálculos de la institución que dirige Christine Lagarde. Mientras, en el lado de las mejoras relativas, destaca Argentina: su economía retrocederá en 2015 un 0,3%, frente al -1,5% estimado en octubre.

Los descensos del precio del petróleo y de otras materias primas, y la menor inversión llevan al FMI a pronosticar el quinto año consecutivo de descenso del crecimiento en América Latina

En una intuición preocupante, el Fondo advierte de que no se percibe un “impulso aparente” a corto plazo en la actividad de América Latina. Pronostica que los precios de las materias primas se mantendrán bajos y avisa que las exportaciones pueden retroceder más si la demanda china lo hace más de lo previsto.

El descenso energético beneficia a países importadores en Centroamérica y el Caribe, pero el efecto, señala el informe, puede quedar neutralizado por la dependencia financiera de muchos de ellos de la asistencia pública de Venezuela.

Otro riesgo regional -objeto de constante escrutinio- es el impacto que puede tener la esperada subida de tipos de interés en Estados Unidos, que podría provocar una huida de capitales y dificultar la financiación empresarial. Pero, a su vez, la consolidación de la recuperación de la primera economía mundial puede beneficiar a sus mayores socios comerciales en la región, como México.

Esta dualidad evidencia el juego de equilibrios de fondo que afronta América Latina: capear el frenazo actual, mientras trata de mantener la tendencia de reducción de la pobreza de los últimos años y sentar las bases para un mayor potencial de crecimiento.

El FMI sostiene que un uso flexible de los tipos de cambio puede ayudar a amortiguar el descenso de la demanda, y aboga por reformas de fomento de la oferta y de mejora de la productividad. En este sentido, recomienda mantener políticas fiscales “prudentes” porque, esgrime, si se priorizan las políticas de estímulo frente a las de mejora de oferta y competitividad se podría trastocar la estabilidad macroeconómica alcanzada en los últimos años. El objetivo final: evitar la oscuridad.