Tsipras amaga con un referéndum si no hay acuerdo con el Eurogrupo

El primer ministro asegura que no irá en contra del mandato de las urnas y que Varoufakis es "un gran activo" del Gobierno griego

Escribió: M. A. SÁNCHEZ-VALLEJO  en El País

Puede haber cambiado el equipo negociador, pero no la política del Gobierno griego ante sus socios del Eurogrupo y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Así se desprende de la entrevista que anoche concedió el primer ministro Alexis Tsipras al canal privado de televisión Star, en la que descartó la convocatoria de elecciones anticipadas si no se logra un acuerdo con los prestamistas, pero apuntó la posibilidad de convocar un referéndum “para que sea el pueblo el que se pronuncie” al respecto. Aunque las ganaría sobradamente, con mayoría absoluta según casi todas las encuestas, Tsipras afirmó: “¿Qué sentido tiene convocar elecciones? Somos un gobierno elegido hace tres meses".

El jefe del Gobierno y líder de Syriza reiteró su confianza en llegar a un acuerdo con las instituciones antes conocidas como troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI) antes de la próxima reunión del Eurogrupo, el próximo 11 de mayo, una posibilidad que también ha sido anunciada por su vicepresidente, Yanis Dragasakis. El pacto es condición sine qua non para el desembolso del último tramo del rescate, 7.200 millones de euros que insuflarían liquidez a las mermadas arcas griegas, máxime cuando en mayo el Estado afronta un nuevo pago al FMI.

Pero si el acuerdo se contradice con el mandato recibido en las urnas el pasado 25 de enero, Tsipras afirmó que consultaría al pueblo mediante un referéndum. La idea de un referéndum es anatema en Bruselas, y cabe recordar que la propuesta de una consulta popular sobre la conveniencia del segundo rescate costó el puesto al entonces primer ministro griego, el socialista Yorgos Papandreu, en otoño de 2011. “No tengo derecho a decidir por el pueblo griego si las negociaciones llegan a un punto en que no se correspondan con el mandato” salido de las urnas, recalcó Tsipras.

La entrevista, que duró casi tres horas y contó con la participación de los espectadores, dejó claro que Yanis Varoufakis “sigue siendo un gran activo del Gobierno griego”, pese a su aparente marginación del equipo negociador, al frente del cual ha sido relevado por el catedrático de Economía Efclidis Tsakalotos, hasta ahora número dos de Exteriores y con amplio respaldo por parte de Syriza, incluida su ala izquierda. Como hiciera unas horas antes, Tsipras restó importancia a la reorganización y sobre todo apoyó a Varoufakis frente a las graves críticas de los socios europeos, afirmando que, si los ha molestado, es porque “habla su idioma mejor que ellos” si bien, reconoció, defiende con mucha firmeza sus opiniones.

Tsipras no pormenorizó detalles acerca de las negociaciones en curso, pero sí explicitó la existencia de marcadas diferencias respecto a asuntos clave para Atenas como la recuperación de los convenios colectivos, la subida progresiva del salario mínimo hasta los 751 euros o la subida del IVA en las islas, todas ellas líneas rojas para el Ejecutivo de Syriza. Sobre los procesos de privatización en curso, el jefe del Gobierno señaló que se estudiarán uno por uno, pero se mostró abierto a seguir adelante con la de parte del puerto del Pireo y las de 14 aeropuertos regionales, en una clara cesión a las exigencias del grupo de Bruselas, la denominación actual y técnica de la antigua troika.

Tsipras relega a Varoufakis en la negociación con la UE

La Bolsa de Atenas sube casi un 4,5% tras el anuncio

Escribió: María Antonia Sánchez-Vallejo en El País

Tras el fiasco de la reunión informal del Eurogrupo en Riga el viernes, el primer ministro griego, Alexis Tsipras, dio este lunes un golpe de timón en las negociaciones con los socios de la eurozona y las instituciones antes conocidas como troika y anunció que a partir de ahora el catedrático de Economía Efclidis Tsakalotos, número dos de Exteriores, será el coordinador del equipo negociador.

Eso aparta al mediático ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, de la primera línea del diálogo, según la mayoría de las fuentes por haber exasperado a sus socios del Eurogrupo, que han manifestado de manera patente su malestar con el ministro.

Además, el delegado técnico del Ejecutivo griego en Bruselas pasará a ser Yorgos Juliarakis, un hombre de confianza del vicepresidente, Yanis Dragasakis, en detrimento del actual responsable, Nikos Theojaris, muy próximo a Varoufakis. Era conocida la poca sintonía existente entre Dragasakis, que goza de unánime respeto incluso entre los detractores de Syriza, y Varoufakis.

La Comisión Europea (CE) recibió con optimismo los cambios anunciados por Tsipras. “Las autoridades griegas han anunciado que Yorgos Juliarakis tendrá un papel de coordinación en el grupo y entendemos que el primer ministro [Tsipras] se implicará más directamente en el proceso. Eso es muy positivo”, dijeron fuentes europeas citadas por la agencia Efe. El propósito evidente de Atenas y de la contraparte europea es acelerar las negociaciones, cuya próxima cita será la reunión del Eurogrupo del 11 de mayo. “Nuestro propósito es lograr un acuerdo a primeros de mayo”, declaró Dragasakis.

Pero no solo la CE reaccionó con agrado. También fue significativa la caída del interés de la deuda griega, así como la subida de la Bolsa de Atenas, que cerró la sesión de hoy con ganancias de casi el 4,5%.

Grecia quiere relanzar el diálogo ante la cita del Eurogrupo de mayo

Que el capital político de Varoufakis está ya amortizado era un secreto a voces en Atenas desde hacía semanas, de manera que su aparente marginación al frente del equipo negociador no ha causado excesiva sorpresa.

El punto muerto de la negociación, cuando el reloj corre en contra de Grecia —la prórroga del rescate expira a finales de junio—, sumado al exceso de protagonismo y la falta de diplomacia del hasta ahora ministro estrella del Ejecutivo griego parecen estar detrás de la decisión de Tsipras de apartar a Varoufakis. Las necesidades monetarias del Estado griego ascienden en mayo a 4.000 millones de euros, incluido un pago de 1.000 millones al Fondo Monetario Internacional (FMI), y eso ha podido pesar también en el movimiento de Tsipras, que no obstante dejó patente todo su apoyo a su ministro.

Aislado, azuzado incluso por sus pares europeos, Varoufakis reaccionó el domingo a las críticas cosechadas en Riga por sus tácticas dilatorias con un tuit incendiario, un punto arrogante, en el que daba “la bienvenida al odio” de sus socios parafraseando una célebre frase de Franklin D. Roosevelt en 1936: “Son unánimes en su odio hacia mí. Y yo doy la bienvenida al odio”.

Al reafirmar su apoyo formal a Varoufakis, el Ejecutivo griego señaló este lunes que éste ha sido objeto de “un ataque organizado” por parte de la prensa internacional, con la que ha vivido hasta ahora un idilio fulgurante, salpicado de apariciones estelares que han causado un notorio malestar incluso dentro del Ejecutivo, algunos de cuyos miembros recomendaron a Varoufakis más contención pública. Paradigmático fue el reportaje concedido a la revista Paris Match, posando con su esposa en su casa de Atenas, una exclusiva que el propio Varoufakis reconoció poco después que había sido un error conceder.

Aunque la reorganización del equipo negociador cabe ser interpretada como un cambio de formato de las negociaciones, y como un guiño a los socios y las instituciones más que como una verdadera caída en desgracia de Varoufakis —éste seguirá representando a Grecia en el Eurogrupo—, los rumores sobre su hipotética dimisión ya habían sonado con fuerza en las últimas semanas, hasta el extremo de que el propio interesado bromeó en ocasiones —vía tuit— sobre su dimisión.

Alemania ha pedido varias veces la cabeza del titular de Finanzas; de hecho, el propio Tsipras habló por teléfono el domingo con la canciller Angela Merkel, y con el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, para relanzar el proceso.

El Eurogrupo y Draghi lanzan duras advertencias a Grecia

Los ministros insisten en que no habrá dinero para Atenas si no se pactan reformas

Escribió: Claudi Pérez en El País

Hastío e irritación en grandes dosis. El Eurogrupo —la reunión de ministros de Economía del euro— terminó ayer en Letonia sin ningún tipo de acuerdo sobre Grecia, que vive al borde del alambre pero sin ceder a las pretensiones de sus acreedores. Atenas encajó una ráfaga de advertencias con un grado de hostilidad pocas veces visto: sube la tensión y el miedo a un accidente, aunque paradójicamente eso es a su vez requisito indispensable para cualquier tipo de pacto en Europa, tan pendiente siempre de ese tipo de escenificaciones. El jefe del BCE, Mario Draghi, amenazó en público —por tercera vez en unos días— con cerrarle el grifo de liquidez a Atenas. Y el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, subrayó ante la prensa el tono “muy crítico” de los socios con Grecia. Eso fue en público: a puerta cerrada, los ministros y las instituciones antes conocidas como troika arrearon de lo lindo a Grecia ante una situación cada vez más tensa. En medio de un rifirrafe en el que algún ministro llegó a hablar incluso de un plan B (una salida del euro o un impago dentro del euro), el alemán Wolfgang Schäuble dejó hablar a los socios más molestos con el griego Yanis Varoufakis antes de proclamar: “No vamos en la dirección correcta; vamos por el camino equivocado. No me imagino cómo podemos alcanzar un acuerdo”.

Alemania, gran dominadora del Eurogrupo, será clave en el devenir de Grecia. Schäuble puso así en duda la viabilidad de un acuerdo, como prácticamente nunca había hecho en este tipo de reuniones. La canciller Angela Merkel fue más suave. Merkel explicó en Bremerhaven, en un acto de campaña para las próximas elecciones en Bremen, que Alemania “está preparada para proporcionar ayuda, pero siempre a cambio de reformas”. Ese es el sentir general en la eurozona: solo habrá dinero a cambio de ajustes.

La presión no deja de aumentar. Hace unos días, Varoufakis encontró en la cumbre del FMI, en Washington, el mismo ambiente cargado que en Riga. Y el propio FMI fue ayer una de las voces más severas en el Eurogrupo. El representante del Fondo, el danés Poul Thomsen, advirtió a los socios de que Grecia ya puede olvidarse de los superávits fiscales si las cosas no mejoran con rapidez. En ese caso, dijo, también los europeos sufrirán las consecuencias: “El déficit potencial, en la situación actual, es ya del 1,5% del PIB para este año; si eso ocurre tengo que decirles que se preparen para una reestructuración”.

Grecia y los socios se van metiendo en una espiral complicada. La economía helena se ha parado en seco, los ingresos públicos han caído y la huida de capitales no se detiene. El Gobierno ha tenido que echar mano de los Ayuntamientos para hacer frente a los vencimientos de deuda y para acometer los gastos en salarios y pensiones. Nadie sabe cuánto dinero le queda a Grecia en caja, aunque todos los vaticinios acerca de cuándo iba a quedarse sin fondos han fallado estrepitosamente. Grecia necesita ayuda europea para hacer efectivos sus próximos pagos (750 millones al FMI en breve; 6.600 millones al BCE en verano). El Eurogrupo repite una y otra vez el mensaje de que solo habrá dinero a cambio de reformas; pero Atenas no termina de llegar a un acuerdo en el número y la intensidad de esas reformas.

Frente al tono pesimista del resto de ministros, Varoufakis volvió a mostrarse confiado. “Hemos acercado posturas a gran velocidad en las últimas semanas”, dijo. Dijsselbloem le desmintió minutos antes: “Hay avances, pero el acuerdo está lejos. Se me hace difícil pensar en cuándo puede llegar a la vista de lo que hemos avanzado en los dos últimos meses”.

Los socios se quejan de que el proceso de negociación no funciona y aseguran que sería preferible que las instituciones volvieran a Atenas. “Eso no va a suceder: ese método no funcionó antes”, dijo. Las diferencias entre Atenas y sus socios se extienden a las reformas de pensiones y laboral y a una subida del IVA —a las que se resiste Grecia—, y a una medida antidesahucios de Atenas que no gusta a los acreedores. “Europa es una familia que sabe resolver sus diferencias”, apuntó Varoufakis. Ni siquiera Francia e Italia apoyaron esa visión optimista: Pier Paolo Padoan expresó “frustración” y destacó que “no podemos volver a salir y decir otra vez que estamos perdiendo el tiempo”. Los hubo más duros. “Lo que usted nos dice es inverosímil”, le espetó el ministro eslovaco Peter Kazimir. “Ya es suficiente: necesitamos un plan B”, le dijo el esloveno Franc Krizanic en la reunión. Varoufakis no calló ante esa provocación: “Eso es antieuropeo, y en el fondo perjudica a su propio país”, zanjó.