Estamos asistiendo a una nueva revolución industrial ”

Una mirada diferente sobre la economía que viene. Lo dice el economista ambiental canadiense Aaron Cosbey. Para él, el cambio climático es una oportunidad de mejorar.

Entrevista a Aaron Cosbey publicada en Clarín, Argentina

Al relato catastrófico del cambio climático se contrapone otro más atractivo, que es el de la oportunidad. La oportunidad para transformar el paradigma no sólo de cómo producimos sino de qué sociedad queremos. Y de esto se ocupa Aaron Cosbey, un llamado “economista ambiental”. El experto pertenece al International Institute of Sustainable Development, que promueve la llamada “economía verde”. ¿Qué es? “Una economía que no sólo avance en términos de estadísticas populares como el PBI, sino que incluya también el medio ambiente”, postula.

Cosbey estará dentro de unas semanas en la Argentina. Pero, mientras tanto, Clarín dialogó con él desde Canadá. “Estamos asistiendo a algo como una nueva revolución industrial, pero compactada en un lapso de tiempo mucho menor. Es una transformación enorme. Pero es también una transformación de cómo pensamos, cuáles son nuestros objetivos, qué es lo que queremos y para qué sirve una buena economía: ¿para producir más dinero o más bienestar humano?”, explica el especialista.

La relación entre la economía y el medio ambiente no podría ser más oportuna: en última instancia es lo que se definirá en diciembre en París, en la conferencia sobre cambio climático. Pero al revés de lo que muchos creen en la Argentina (que un acuerdo global termine redundando en barreras arancelarias), Cosbey cree que la guerra comercial podría suceder si no se alcanza una decisión común. Bajo ese escenario, los países que decidan tomar acciones contra la transformación del clima castigarían con impuestos los productos de quienes no hagan nada.

Nunca habría un acuerdo que diga ‘Argentina tiene que hacer esto o lo otro’ o ‘vamos a tomar estas acciones punitivas’. Lo que va a haber es un acuerdo que diga: ‘esto es lo que Argentina se compromete a hacer en el año 2030’. Después, es trabajo de Argentina decidir qué va a realizar. Y en qué sectores. Nadie tendrá derecho de decirle a la Argentina cuál es su deber”.

Cosbey afirmó que no hay una “fórmula mágica” para pasar de la típica economía del siglo XX a una descarbonizada, en el siglo XXI. “Cada país tiene un contexto diferente”, aseveró. Pero hay factores importantes para considerar: uno es la quita de subsidios a los combustibles fósiles; el otro, la aceleración de la producción de nuevas formas de energía. 

Si sacás los subsidios a las energías fósiles, ya estás promoviendo las renovables porque compiten una con la otra en el mercado”, dijo. Y mencionó un ejemplo sorprendentemente parecido al de la Argentina, que es el de Egipto. Al igual que en la Patagonia, el país norafricano “tiene uno de los regímenes de viento más prometedores que te podés imaginar, pero no es económico desarrollar la industria eólica allí porque el gobierno mantiene los precios del gas artificialmente bajos, así que tiene más sentido hacer centrales a gas que aerogeneradores”.

Aún poniéndo los subsidios de las fósiles al mismo nivel que las renovables, es bueno para las energías limpias. Pero también hay una línea de pensamiento que va más allá de eso. Y es la que postula subsidiar a las energías renovables porque tienen beneficios adicionales. El hecho de que no estés quemando gas natural o carbón te ayuda a cumplir las promesas que hagas en la cumbre de París y ayuda a combatir el cambio climático y los costos que este causa”.

¿Cuán rápido podrá descarbonizarse el mundo? “Para fines de siglo tal vez puede hacerse. Es una enorme transformación porque se están construyendo muchas centrales de carbón en China, que van a tener una vida de por lo menos 50 años. Así que será difícil salirse de las fósiles antes de 2070. Pero tenemos que empezar ahora”, indicó Cosbey.

Pero,“si nosotros como consumidores no redefinimos que la felicidad no se basa en cosas estamos todos en problema, más allá de lo que se acuerde en París. Si 8 o 9 mil millones de personas están todas luchando por conseguir más cosas, estamos en problemas”, dijo.

Estamos en un punto en el que tenemos que tomar decisiones importantes, que van a determinar si podemos transformarnos en una clase diferente de sociedad o no. Esta es realmente una oportunidad para reinventarnos como una sociedad global. Porque tenemos una presión como el cambio climático que nos está haciendo pensar sobre las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones, tenemos una oportunidad enfrente nuestro”, concluyó Cosbey.