La economía Macri y los límites del capitalismo nacional

 

Escribió: Eduardo Lucita de Economistas De Izquierda (EDI), Argentina

 

Este nuevo Taller EDI tiene lugar en el marco de una crisis mundial de características multidimensionales que nos está afectando directamente y cuando el país ha ingresado a una nueva etapa política caracterizada por la crisis de liderazgo y dispersión del peronismo luego de la derrota electoral y el ascenso de la derecha empresarial al poder político de la Nación y a la administración de los asuntos del Estado. Una derecha empresarial que por primera vez llega al poder político por medio de las urnas, sin necesidad de recurrir a los militares y sin el concurso del peronismo. Esto marca una diferencia con los regímenes implantados en 1976 y en 1990, con un plus diferencial, tanto la Junta Militar como Carlos Menem eran simples personeros del capital más concentrado, Mauricio Macri no solo los expresa sino que forma parte de ellos.

El balance de los primeros seis meses de gobierno es demostrativo de para quién se gobierna: desregulaciones al por mayor, devaluación competitiva, transferencia de recursos a los capitales concentrados, tarifazo a los servicios públicos, despidos de personal estatal y paralización de obras públicas, re-endeudamiento y apertura de la economía, potencial desfinanciamiento del sistema de

seguridad social, reorientación de la política exterior, salario a la baja, incremento de la pobreza... aunque todo esto va acompañado con la continuidad, y en algún caso ampliación, de ciertas políticas asistenciales, las desigualdades sociales se agrandan.

No se trata solo de una política de ajuste, sino un fuerte proceso de redistribución regresiva de los ingresos preparando las condiciones para, superada la coyuntura, implantar un nuevo modelo de

acumulación y reproducción de capitales centrado en la agroindustria, la minería de exportación, las energías alternativas y la construcción de obra pública ligada a la infraestructura para la

circulación de mercancías y bienes de exportación y obviamente el sector financiero; veremos qué sectores industriales pueden adaptarse a este esquema, teniendo como centro la recuperación de

la “confianza” del mercado y las inversiones. Esto implica la reconfiguración del país en función del bloque de poder y del comando que se constituya para dirigirlo.

Desde la perspectiva de la clase obrera y los sectores populares no hay mayores dificultades de caracterización, como sí pasaba con el gobierno anterior, tampoco para evaluar sus medidas de

política económica. Por lo tanto no me detendré en los detalles de la coyuntura sino que trataré de colocar algunos puntos más generales para estimular el debate:

 

1. El capital no puede enfrentar la crisis –su crisis- sin antes profundizarla. No puede combatir la inflación y crear empleo al mismo tiempo, No puede impulsar políticas activas y controlar la inflación en paralelo, si no hay un fuerte proceso inversor en el sector productivo. Debajo de estas tendencias generales se manifiestan los condicionantes estructurales del capitalismo dependiente nacional: su subordinación al mercado internacional y un desarrollo insuficiente y deformado de sus fuerzas productivas.

 

2. Son esos condicionantes los que hacen que desde la mitad del siglo pasado hasta nuestros días todo ciclo expansivo de la economía termine en fuertes desequilibrios (restricción externa, inflación, déficit fiscal) que llevan inevitablemente al ajuste. A partir de aquí las controversias entre tasa de interés y tipo de cambio, entre emisión monetaria y esterilización de moneda, entre necesidad de un piso de consumo interno y restricción del gasto, entre la necesidad de que ingresen divisas y que no caiga el tipo de cambio, las disputas entre los titulares del BCRA y del ministerio de Economía no son otra cosa que datos superficiales de tensiones más profundas que se manifiestan una y otra vez en las crisis recurrentes.

 

3. Para las concepciones de la teoría neoclásica en las que abreva el actual gobierno esos desequilibrios deben resolverse con la desregulación de los mercados, la libertad en el movimiento de capitales y el control de la emisión vía reducción del gasto público. Así la salida de la crisis será vía inversiones productivas y solo será posible cuando la inflación esté controlada por la caída en la actividad económica y se equilibren demanda y producción. En la actual coyuntura la tasa de interés, la flotación administrada del tipo de cambio y la política monetaria son los instrumentos utilizados para lograr la ansiada estabilidad.

 

4. Estas concepciones son contradictorias con las vigentes en la administración anterior, caracterizadas sobre todo en los últimos años por “una economía tirada por la demanda”, con regulaciones e inversión estatal. Sin embargo estas dos concepciones (ortodoxia y heterodoxia) contrapuestas teórica y prácticamente no logran resolver los problemas estructurales del capitalismo argentino, los primeros por su reificación del mercado, el libre comercio y la inserción subordinada, los segundos por las limitaciones propias de la fracción burguesa que las promueve. Así las crisis se reiteran una y otra vez.

 

5. El actual gobierno de la alianza Cambiemos, en el que el PRO es totalmente hegemónico, tiene características inéditas. A lo que ya señalado debe agregarse que es resultado directo de la crisis de los años 2001-2002 y de una deriva derechista del rechazo a la política y a los partidos de ese entonces. No ha tenido que lidiar con un proceso hiperinflacionario como el de 1989, o como el estallido de la convertibilidad en 2001, por el contrario asumió con una economía con problemas y fuertes desequilibrios pero no en crisis. Por lo tanto sus medidas de política económica, que llevaron una economía estancada a la recesión en solo seis meses, son justificados solo por la “herencia recibida”. Por su propia composición y representación clasista es un gobierno que no necesariamente requiere recurrir a las mediaciones políticas, sin embargo al ser un gobierno de minoría –el ejecutivo no controla el legislativo- se ve obligado a la negociación permanente en el Congreso.

 

6. Este cuadro general lo obliga al pragmatismo. No se trata de un gobierno que avanza por medio del juego de la prueba y el error y que corrige y “dialoga”, por el contrario es un gobierno que sabe a dónde quiere ir, que avanza lo que puede y cuando encuentra resistencias –por lo general más de las que preveía- retrocede, pero el saldo es que siempre algo avanza. Claro está que el actual galimatías del tarifazo en el gas deja la impresión que el grado de improvisación e inexperiencia es mucha.

 

7. Ante la comprobación que las devaluaciones competitivas en un mundo ofertado son insuficientes es probable que la ofensiva del capital sobre el trabajo pase ahora a una segunda fase donde lo que predomine en la búsqueda de mayor productividad, vía condiciones y ritmos de trabajo, control del ausentismo y régimen de licencias. Pero en esta ofensiva siempre subyace una disputa por el excedente económico entre las distintas fracciones capitalistas. Si bien el actual gobierno expresa al conjunto de las clases dominantes esa disputa se está librando hoy en forma larvada, mientras se van prefigurando las condiciones del nuevo régimen de acumulación de capitales. El bloque de las clases dominantes es el mismo de antes pero no está claro quienes integraran el comando del bloque.

 

8. El re-direccionamiento de la política exterior -EEUU, UE, MERCOSUR, Alianza del Pacífico- va en línea con las políticas surgidas de la época dorada del neoliberalismo en los ’90. El acercamiento a la Alianza del Pacífico lleva implícita la apertura de la economía, pero convive con regímenes de protección a ciertos sectores, que van en otra dirección. Una nueva apertura indiscriminada provocaría una fuerte crisis y resistencia de los sectores industriales, otro tanto pasaría con una vuelta a las privatizaciones y con la resistencia del sindicalismo con la descentralización de la negociación colectiva y otras reformas como la eliminación del fuero laboral. Así el regreso a los ‘90 no es de fácil resolución. El contexto internacional no es el mismo y doce años de kirchnerismo han dejado un piso de logros sociales, de ampliación de derechos y de capitalización estatal que no será fácil perforar.

 

9. En la actual coyuntura mundial las exportaciones no alcanzan para impulsar el crecimiento, el cobro de los aumentos logrados en las paritarias no parece alcance para impulsar el consumo interno, el anunciado relanzamiento de las obras públicas está demorado, la reducción de los subsidios se ha hecho a medias y el tipo de cambio juega otra vez como ancla para los precios pero se vuelve insuficiente para los exportadores, la mayor rentabilidad empresaria no alcanza para que lleguen las ansiadas inversiones productivas, la apuesta es ahora el nuevo blanqueo y moratoria.

 

10. Así las cosas prima la estanflación, este año el PBI se estima caerá dos puntos y la recuperación que se espera para el año próximo, sería equivalente. Si estas previsiones se cumplen recién a fines del 2017 se alcanzaría el nivel del 2015 pero con mayor endeudamiento, mayor desocupación, un déficit fiscal mayor al pronosticado y una tasa de inflación que difícilmente baje de dos dígitos. La sustentabilidad del modelo en el largo plazo está en duda lo que augura nuevas disputas inter-capitalistas y mayor conflictividad social, pero hasta ahora esta es dispersa y fragmentada porque no logra un eje en torno al cual centralizarse, aunque el impacto del tarifazo puede ser aglutinador. Las centrales sindicales que podrían jugar este rol están más ocupadas en resolver sus problemas internos y en lograr la unificación de las conducciones –como si esto resolviera los problemas del movimiento- que en mostrarse como un canal que potencie las resistencias.

En rigor hoy por hoy son los garantes de la gobernabilidad del régimen Una vez más solo la resistencia de los ajustados puede parar el ajuste.

Estamos en un período de transición donde el gobierno Macri y Cambiemos deben salir bien parados y llegar en condiciones de ganar las elecciones parlamentarias en el 2017. Luego será el momento de ir a fondo con el resto del ajuste que se postergó en aras del pragmatismo impuesto por la realidad y así jugar a fondo sus objetivos de largo plazo.

Para los economistas de izquierda que nos ubicamos en una perspectiva anticapitalista no se trata solo de explicar la situación y trazar una línea que proteja a los trabajadores y los sectores populares, sino también de explicar en cada caso como se expresan los límites del capitalismo que traban el desarrollo de las fuerzas productivas en el país y ofrecer una salida. En última instancia se trata de demostrar que el capitalismo es la principal traba para resolver los problemas que el capital produce en nuestras sociedades

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