Todavía sobre el capitalismo o socialismo

Escribió: Víctor Flores Olea en La Jornada, México

El capitalismo ha logrado alcanzar muchas de sus metas, pero como dice Noam Chomsky, son metas que se basan en supuestos que muchos consideran profundamente "antihumanos" . Foto Marco Peláez

En la permanente discusión capitalismo o socialismo, parece que ahora surge una nueva tesis: el capitalismo en realidad no puede desaparecer porque siempre ha estado ahí. Este significaría, tal vez simplificando mucho, que el "capitalismo", en sus formas más características de actuar en la economía, han estado siempre presentes en la vida productiva de las sociedades. Tal vez otro tanto podríamos decir, hablando relativamente, del socialismo.

Pero vayamos a un mayor detalle, que relativizan las afirmaciones expresadas antes. En la economía, independientemente de su signo distintivo, por ejemplo en la economía socialista tal como la hemos conocido, estuvieron innegablemente presentes, aun cuando fuera de modo relativo, ciertas características del "capitalismo". Desde luego la venta de objetos de consumo y el intercambio de los mismos, determinados cálculos de ganancias o pérdidas, la búsqueda también del comercio internacional, aun cuando pudiera no ser muy extenso, las inversiones empresariales y a veces individuales, etc. Por lo demás, debe reconocerse que la producción en el "capitalismo" se apoya muy fuertemente en el sector estatal. La economía avanzada, la alta tecnología y similares siempre han dependido ampliamente del sector dinámico de la economía estatal. En el caso de la informática, la Internet, los aviones y la biotecnología, la dependencia del Estado ha sido predominante.

Por su lado, el "socialismo", aun cuando en la práctica ha perdido su significado, tradicionalmente quería decir, esencialmente, el control de la producción por parte de los productores, la eliminación del trabajo asalariado, la democratización en todas las esferas de la vida: la producción, el comercio, la educación, los medios de comunicación, la autogestión obrera en las fábricas, el control comunitario de las comunidades, etcétera. Eso fue en su momento el socialismo. Sin embargo, hace un siglo que dejó de significar todo eso. A decir verdad, en más de un sentido en los países que se denominaban "socialistas", lo eran de una manera muy relativa; es posible que los trabajadores tuvieran menos derechos en la URSS que en Estados Unidos o Inglaterra.

Por otro lado, la producción en el "capitalismo" se apoya muy fuertemente en el sector estatal. No sólo significa libre comercio y libertad de producción. La economía avanzada, la alta tecnología y similares siempre han dependido ampliamente del sector dinámico de la economía estatal.

En realidad, hoy, cuando hablamos de socialismo o capitalismo, nos referimos mucho más al régimen político prevaleciente y a la ideología manifiesta, que a los rasgos estrictos de una forma de producción. Tal vez el ejemplo de China sea el más ilustrativo, puesto que el régimen político, asentado en un partido comunista y en otras formas organizativas que tradicionalmente han formado parte del "socialismo", muestra un sistema económico mucho más cercano al capitalista que al "clásico" tradicional socialista, como lo entendían sus creadores intelectuales.

No hay duda de que el capitalismo ha logrado alcanzar muchas de sus metas, pero como dice Chomsky, metas que se basan en supuestos que muchos consideran profundamente antihumanos. Y el primero es la idea misma de que debe haber una clase de personas que dan órdenes en virtud de la riqueza que poseen y otra clase de personas que reciben órdenes y las acatan debido a que carecen de acceso a la riqueza y a los medios de producción.

Por supuesto, todos lo sabemos bien, los diferentes sistemas de producción terminan expresándose políticamente en partidos, que generalmente se presentan como democráticos. Ahora bien, lo que define a un partido “genuinamente democrático” es la conexión profunda entre sus afiliados, el programa que los guía y sus líderes. “Los miembros del partido son su poder soberano, que se aglutina en torno a un interés o principio compartido. Mediante deliberación, los militantes eligen un programa para defender sus intereses. El partido educa al público sobre el programa, que le sirve como guía de actuación. Finalmente, los miembros eligen a un grupo de liderazgo, que incluye candidatos electorales, que responden ante los miembros y deben respetar el programa”. Todo esto, sostiene el profesor de Yale Thomas Ackerman, parece muy sencillo pero “lo curioso es que el Partido Demócrata no tiene ninguna de esas características”, sino que sus líderes electos o en búsqueda de la elección no responden a nadie más que a sus donantes y, en teoría, al electorado cada cuatro años. El partido, su programa y sus militantes no figuran en la ecuación, por lo que resulta casi imposible conseguir cambios significativos "desde dentro" de dicho partido. 

Como otros términos en el lenguaje político, "socialismo" es un término vago y demasiado amplio en su aplicación. Noam Chomsky, por ejemplo, nos dice que su definición depende de nuestros valores y fines. Y afirma que esta definición es un buen comienzo y se ajusta bien al contexto estadunidense, si recordamos las recomendaciones principales de John Dewey, uno de los principales filósofos en la historia de Estados Unidos. quien recomienda la democratización genuina en todos los aspectos de la política. la economía y de la vida social. Y añade que "los trabajadores deben ser los amos de su destino industrial, y que los medios de producción, intercambio, publicidad, transporte y comunicaciones deben permanecer bajo el control público. De otra manera la sociedad permanecerá bajo el control del big business y la política social en su conjunto permanecerá bajo el control del interés de los amos".

Podríamos continuar ampliamente estableciendo paralelos y diferencias entre los modos de producción "socialista" y "capitalista", pero lo importante son dos cuestiones: una, que por necesidad en nuestro tiempo en ambas formas de producción encontramos necesariamente rasgos de ambas, lo que remite a dos cuestiones: las diferencias serían de grado, independientemente de la terminología utilizada, y segundo, que la diferencia sustancial es sobre todo de carácter político y de medios y fines, en lo cual el carácter "humanista" o no del sistema establecería la diferencia de sustancia. 

De todos modos la gran batalla está abierta, y las militancia se definen por el contenido ético o no de sus medios y fines que ponga en obra cada uno de los sistemas. Por eso no resulta tan falsa la proclamación que se difundió extensamente durante el siglo XX, con sus matices: socialismo o barbarie.