Temores de recesión

Por NEIL IRWIN

Los temores de una recesión inminente, que causaron gran incertidumbre en los mercados financieros a fines de 2018 y principios de 2019, se han calmado un poco.

Esa es la buena noticia. La mala noticia es todo lo que dejó al descubierto ese episodio.

Durante gran parte de 2018, parecía que la economía mundial por fin estaba saliendo del atolladero en el que había estado atorada durante la década después de la gran recesión y la crisis financiera global. Pero ahora parece que la era de persistente crecimiento bajo, inflación baja y bajas tasas de interés no ha terminado.

A fines de enero, el Banco Central Europeo dijo que los riesgos económicos se habían “reubicado en baja” y el Banco de Japón recortó sus proyecciones de inflación.

A pesar de algunas señales prometedoras de vitalidad durante gran parte del año pasado, los problemas que aquejaron a la economía mundial durante la última década —una fuerza laboral envejeciente en muchas de las economías más grandes, crecimiento débil en productividad, un exceso de capacidad industrial y ahorro global, y una escasez de demanda mundial— no han desaparecido.

Los mercados se volvieron locos en las últimas semanas de 2018 en gran parte debido al temor de que la Reserva Federal estadounidense estuviera incrementando las tasas más de lo que la economía podía manejar. Jerome Powell, presidente de la Reserva, jugó un papel importante en propiciar una recuperación del mercado accionario cuando prometió el 4 de enero que la Reserva ajustaría sus políticas “con rapidez y flexibilidad” acorde a las condiciones.

De hecho, la Reserva votó el 30 de enero mantener estables las tasas de interés e indicó que las tasas podrían mantenerse entre 2,25 y 2,5 por ciento durante un buen tiempo.

Pero, ¿qué significa cuando una tasa de interés de sólo un 2,4 por ciento —más o menos el nivel de la tasa estadounidense después del aumento de diciembre— es suficiente para que la economía esté en peligro de derrumbarse?

La situación es aún más pesimista en la Unión Europea, donde las tasas de interés se ubican ligeramente abajo de cero y, sin embargo, el crecimiento vacila.

Con la economía mundial dependiendo fuertemente de estímulos para lograr siquiera un crecimiento precario, hay poco colchón para una reacción negativa.

“Si así lucen el crecimiento y la inversión cuando hay una política fiscal y monetaria relativamente laxa —particularmente en Estados Unidos— entonces simplemente no hay ninguna solidez de fondo”, dijo Adam Posen, presidente del Instituto Peterson de Economía Internacional.

Los mercados se asustaron a finales de 2018 por el temor a una subida de los tipos de interés. La Bolsa de Nueva York. (Johannes Eisele/Agence France-Presse - Getty Images)

“Da miedo pensar en la economía mundial sin respaldos macroeconómicos”, añadió, refiriéndose a los estímulos brindados por las tasas de interés bajas y los déficits cuantiosos.

El bajo crecimiento de la década pasada, y los ingresos estancados, podrían haber contribuido a la disfunción política vista en países como el Reino Unido, Italia y Estados Unidos. Eso, a su vez, puede crear nuevos riesgos de un evento disruptivo en la economía.

El año pasado, por primera vez en años, la mayoría de las economías avanzadas y emergentes estaban disfrutando ver su crecimiento remontar simultáneamente. Mientras avanzaba el año, la inflación en EE.UU. finalmente volvió a subir al 2 por ciento que busca la Reserva Federal, y el patrón de la Reserva de aumentos trimestrales a las tasas se convirtió, en términos generales, en la norma.

Parecía que las viejas reglas —que el desempleo bajo se traduciría en mayor inflación y que los grandes déficits gubernamentales no dejarían lugar a la inversión privada— volvían a imponerse.

Pero en la liquidación que borró alrededor del 10 por ciento al índice S&P 500 entre principios de octubre y Nochebuena, las tasas de interés a largo plazo cayeron en más de medio punto porcentual. Los precios de los bonos apuntaban a una menor inflación futura, así como lo hacían los precios del petróleo en picada.

Al mismo tiempo, un crecimiento más débil en China —del 6,6 por ciento en 2018, según reportes— elimina una fuente de fuerza para la economía global. China está intentando darle la espalda al crecimiento impulsado por deuda.

“China actualmente enfrenta la incómoda decisión de reinicializar los estímulos o vivir con un crecimiento notablemente más lento”, dijo Julia Coronado, presidente de MacroPolicy Perspectives. “Pero es difícil aceptar un bajo potencial de crecimiento”.

Lo que dejaron claro los meses recientes es que las fuerzas que han frenado la economía global durante los últimos 11 años no han desaparecido. Y eso deja al mundo vulnerable a una racha de mala suerte o malas políticas. El mundo de bajo crecimiento no fue sólo una fase. Es la nueva realidad que subyace todo debate e interrogante macroeconómicos en el futuro previsible.