Ha-Joon Chang: “Si no recuperamos el control sobre el sector financiero, nada va a cambiar”

FRANCISCO DE ZÁRATE

En 2008, la economía mundial sufrió un ataque al corazón pero en vez de cambiar la dieta o hacer ejercicio, le administramos medicamentos para mantenerla artificialmente estable”. A Ha-Joon Chang le encanta explicar con parábolas los fallos del sistema económico. A fuerza de metáforas, el autor del libro superventas 23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo se ha labrado una reputación como uno de los referentes más entretenidos de la resistencia al pensamiento único neoliberal.

Desde su despacho en la Universidad de Cambridge, el profesor (Seúl, 1963) insiste en que la crisis de 2008 no ha sido resuelta aún porque “ningún banquero fue a la cárcel” y “la poca regulación que hubo fue deshecha por Trump”. Según Ha-Joon, la expansión cuantitativa empeoró las perspectivas al inflar las Bolsas y el precio de las propiedades “mientras mucha gente se veía obligada a endeudarse de nuevo porque sus ingresos no mejoraban”: “Revivimos la economía, sí, pero con medidas que pueden hacer la próxima crisis aún peor”.

Pregunta. ¿Estamos cerca de la próxima crisis?

Respuesta. La situación es frágil pero no puedo decir que vaya ocurrir este año o dentro de dos. Es difícil predecir los mercados pero tenemos muchas incertidumbres: el Brexit, la guerra arancelaria, la ralentización de China... Y cuando la crisis estalle, será más difícil combatirla porque ya gastamos todas las municiones.

P. ¿Por qué no repetir las medidas?

R. No creo que la gente esté dispuesta a otro rescate. La última vez todo el dinero público se fue a los bancos y los contribuyentes sufrieron los recortes del Estado del bienestar porque ese dinero se había esfumado. Los tipos siguen en niveles históricamente bajos y la expansión cuantitativa puede usarse un poco más, pero no mucho. Es una situación peligrosa.

P. Ya casi no se habla de política fiscal...

R. Sería mucho mejor si los gobiernos hubieran pedido prestado a los bancos centrales para hacer gasto público, pero estamos en esta especie de ideología en la que si el gobierno pide prestado para gastar, lo critican por todos lados. Ahora bien, nadie dice nada cuando el sector privado se endeuda para comprar acciones o inmuebles. Con el dinero creado en la expansión cuantitativa se podía haber mejorado la vida de la gente corriente, pero por desgracia no tuvieron voz en una recuperación que benefició a las clases con dinero para invertir.

P. ¿Qué propone?

R. En el corto plazo es difícil porque a la gente le han lavado la cabeza con esa idea de que los gobiernos son malos y no se puede tocar a los mercados. Los que provocaron la crisis le pasaron todo el coste a la gente común y cuando alguien se atreve a decirlo le acusan de no tener ni idea de economía. Yo llevo diez años dando charlas en las que digo que hay más teorías económicas de las que los ricos quieren que sepamos. La gente tiene que darse cuenta de que le están tomando el pelo porque, en el largo plazo, tienen el poder de cambiar las cosas.

P. En EE UU acusan a la demócrata Alexandra Ocasio Cortez de populismo económico por querer subir los impuestos.

R. Ella propone un 70% para los que más ganan. Los que se escandalizan deberían considerar comunistas a Eisenhower y Truman. En su época, los más ricos pagaban 92% y la economía no se hizo pedazos por eso. De hecho, fue el comienzo de lo que hoy llamamos la edad dorada del capitalismo, con crecimientos de casi un 3% anual en el PIB per cápita y una desigualdad por ingresos muy inferior a la actual.

P. ¿Cuánto margen hay en la Eurozona para salirse del guión neoliberal?

R. Todavía hay autonomía en ciertos aspectos, como regular los bonus que cobran los empleados del sector financiero o el tipo máximo de gravamen impositivo. Y las cosas que Europa limita siempre pueden cambiarse. Los que dicen que es imposible es porque no quieren cambiarlas. Basta con que un número suficiente de países lo proponga. No estamos hablando del Himalaya.

P. ¿Cómo ve al euro?

R. Ahora estamos en el peor de los mundos: te impiden pasarte del 3% de déficit, una cifra que no sé de qué teoría económica ha salido, y tampoco permiten la unión fiscal. Para que no se rompa la moneda, algo tiene que ceder. Una opción es avanzar hacia la unión fiscal con algún tipo de garantías como eurobonos financiando a las economías más débiles.

P. ¿El ‘Green New Deal’ de los demócratas puede cambiar las cosas?

R. Lo comparan con el de Roosevelt pero aquello fue algo más que un programa de inversiones. También se produjo un cambio en el equilibrio de poder. Roosevelt introdujo la ley Glass-Steagall que dividió a los bancos en comerciales y de inversión hasta 1999, cuando Bill Clinton cedió ante Wall Street y la derogó, generando todo tipo de problemas. El segundo New Deal de Roosevelt reforzó a los sindicatos y trajo la ley de la Seguridad Social. Inyectar dinero fue una parte, pero lo más importante fueron los cambios institucionales.

P. ¿No hay salida sin cambio institucional?

R. Exacto. Si no recuperamos el control sobre el sector financiero, nada va a cambiar. Ese sector es el que está manteniendo el sistema actual mediante el lobby y la amenaza de fugas de capitales.

P. ¿Un ‘New Deal a lo Roosevelt’ es más probable ahora?

R. Cualquier gobierno que intente algo así va a encontrar resistencia de los ricos, pero si la gente se organiza y elige a los líderes adecuados, podrán argumentar que lo de rescatar bancos sin castigar a los culpables ya se intentó y no funcionó. Un nuevo enfoque no es algo inconcebible. El New Deal de Roosevelt llegó después de una desigualdad aún mayor.

P. Pero la amenaza comunista asustaba a los poderosos...

R. La caída del comunismo terminó con la competición entre los dos sistemas y desmoralizó a mucha gente de izquierda que empezó a aceptar demasiadas cosas. Pero las fuerzas de la historia son difíciles de predecir. Antes de 1970, ningún ciudadano de los países comunistas habría imaginado el derrumbe soviético. ¿Quién sabe qué forma tendrá nuestro sistema? Tal vez las cosas no pinten bien pero aún hay muchas formas de organizar el capitalismo. No hay que perder la esperanza.