Fenómeno Trump: Resucitar la vieja socialdemocracia para hundir nuevas izquierdas rupturistas

Escribió: Anibal Garzón. Sociólogo y periodista

Mucho se ha escrito sobre el fenómeno Donald Trump desde diferentes enfoques políticos y desde diversos objetos de estudio, como podemos ver en este interesante debate de Espacio Público. Sobre los diferentes enfoques políticos desde si Trump rompe con la globalización neoliberal o es un producto más del statu quo de este sistema; desde si Trump es populista de extrema derecha o un republicano reaganista; si Trump es perfil de la élite política o más de la élite empresarial; o incluso si Trump es un loco compulsivo o un estratega de la nueva política comunicativa. Y sobre los objetos de estudio, se ha analizado el fenómeno Trump desde su campaña electoral y sus eslóganes “America First”, su discurso machista y racista, su papel en las redes sociales, su llegada transversal a clases bajas y altas, e incluso a población de origen emigrante, su relación con los medios, su discurso crítico con el sector público, sus trabas para la investigación científica, sus intereses geopolíticos, desde el Brexit, Corea del Norte, Irán, Rusia y la injerencia en América Latina (Venezuela, Nicaragua y Cuba prioritariamente), o incluso sus posturas contra el cambio climático o su apuesta productivista por la robotización y las medidas proteccionistas chocantes con China. También se ha hecho hincapié en el impacto del trumpismo en el mundo, sin hablar de causas y efectos, con el crecimiento de una derecha ultranacionalista, machista, y xenófoba en América Latina (Bolsonaro en Brasil), en Europa (Salvini en Italia), o en Asia (Duterte en Filipinas). Pero de lo que poco, o nada, se habla es del impacto que también ha tenido el terremoto Trump en la izquierda política. Aportaremos este punto en el amplio debate para no dejar la mesa con 3 patas.

Contextualizando. La crisis económica mundial de 2008, con indicios anteriores en lugares como en América Latina, provocó un crecimiento de la pobreza y la desigualdad donde la clase trabajadora vio que se esfumaba el sueño de “clase media”. Los partidos socialdemócratas, que tras la caída del muro de Berlín y la “marginación” de partidos comunistas (como en España, Francia o Italia) habían hegemonizado la identidad de la izquierda, llevaron a cabo reformas de austeridad y políticas neoliberales junto con conservadores y liberales. La socialdemocracia al ser arrastrada por la derecha aceptando los planes neoliberales liderados por el FMI, el BM o el Banco Central Europeo en el caso de la UE (la Troika) dejaron un espacio político vacío para el crecimiento de nuevas izquierdas, tanto a nivel institucional como en movimientos sociales. Nuevas izquierdas que podían poner en peligro la globalización neoliberal, como ya se tejía en América Latina con nuevos gobiernos progresistas nacidos de movimientos sociales rechazando el Tratado comercial del ALCA. En Grecia la victoria de Syriza, en Estados Unidos el movimiento Occupy Wall Street, en España el 15M, o la discutidas primaveras árabes. Nuevos movimientos que nacían o se potenciaban mediante el nuevo fenómeno, las redes sociales. Movimientos que se vieron huérfanos con la derechización de la socialdemocracia y que algo nuevo se quería construir.

El establishment para evitar que se acrecentase un poder alternativo contra el sistema hizo la estrategia de abrir un nuevo espacio a una parte de la derecha hacia el extremo (con un discurso más radical) para de esta manera volver a situar simbólicamente a la vieja socialdemocracia a la izquierda. Absorbiendo esta socialdemocracia, sin ser un peligro para la globalización neoliberal, a los movimientos alternativos.

Un ejemplo de esto fueron las primarias demócratas en Estados Unidos para las elecciones presidenciales de 2016. Mientras muchas encuestas daban la victoria del senador demócrata Bernie Sanders (un candidato molesto para las élites norteamericanas por pisar demasiado a la izquierda) sobre Donald Trump, no sucedía lo mismo si ganaba el ala más moderada del partido demócrata, el de la candidata Hillary Clinton. Pese a todo, los superdelegados (la élite del partido) decidieron finalmente, con 560 votos a Clinton y 47 a Sanders, que la candidata para las elecciones presidenciales fuera Clinton. ¿Por qué esta estrategia de derrota esperada? 4 años de Trump, candidato etiquetado de populista de extrema derecha, no sólo daría posibilidad de hacer que el partido demócrata en la oposición volviera a recuperar la imagen de partido progresista sino que podría apoderarse de cualquier movimiento crítico antiestablishment como el Occupy Wall Street. Y no tardaron en aparecer en el partido demócrata nuevas líderes como la joven hispana y congresista Alexandria Ocasio Cortez. El Partido demócrata volvía a hegemonizar la izquierda desde el establishment y las instituciones gracias a la victoria de Trump. El nacimiento de una izquierda alternativa volvía a ser retenida.

El fenómeno Trump no sólo fue en las fronteras estadounidenses si no que saltó a Europa. Con una socialdemocracia abandonando barrios populares y los discursos de clase y nación, defendiendo el libre mercado europeo y la austeridad junto a conservadores, se dieron nuevos fenómenos populares. El 15M en Madrid, no sólo tuvo una extensión a nivel estatal, sino también tuvo un eco internacional. El discurso en las calles de “PP es igual a PSOE”, “los políticos no nos representan”, “el 99% contra el 1%”, ponían en duda la hegemonía de Régimen del 78. Una duda que pasó a un jaque con el nacimiento de Podemos, saltando el 15M de las calles a las instituciones tras el pacto de los dos grandes partidos, vieja izquierda (PSOE) y derecha (PP), con la reforma constitucional del artículo 135. El Régimen del 78, con sus aparatos económicos, mediáticos y políticos, vio que la estrategia era volver a generar en la conciencia social que PP y PSOE no son lo mismo, que la dicotomía izquierda y derecha de Norberto Bobbio prevalece en estos dos actores del establishment. Y para resituar al PSOE en la izquierda y sostener el crecimiento de Podemos, la estrategia era crear un nuevo actor de extrema derecha, VOX, que generase la sensación del miedo, el trumpismo español. Una estrategia sencilla con la suma de la complejidad del conflicto nacionalista catalán. Y así fue, el PSOE, más que por discursos que por hechos, volvió a ocupar la hegemonía en la izquierda pecando Podemos de ingenuidad dando tranquilidad al IBEX35 con su victoria electoral el 26M.

En otros países europeos, con sus idiosincrasias, se dieron fenómenos similares. La extrema derecha y una parte de los conservadores haciendo campaña por el Brexit, con fake news y posverdades. La extrema derecha con sus mensajes populistas, directos y cortos, llenos de demagogia xenófoba contra la migración, buscando conseguir votos en barrios de clases populares al sentirse abandonados por la socialdemocracia con sus políticas de ajuste neoliberal. Una extrema derecha hablando de clases sociales o de patria, que ni la izquierda posmodernista menciona. Unas clases que habían sido castigadas por la Tercera Vía y el Capitalismo Social del Nuevo Laborismo de Blair y Brown. Un laborismo que en lugar de desaparecer, y dar pasos a nuevos fenómenos de una izquierda rupturista, ha resucitado con el liderazgo de Jeremy Corbyn haciendo un programa más a la izquierda dentro del statu quo británico.

En Italia, una situación particular a diferencia de España, Reino Unido o Estados Unidos, que el trumpismo hizo resucitar la socialdemocracia del establishment para ahogar a cualquier nueva alternativa de izquierdas. En Italia la pérdida de hegemonía de la socialdemocracia del Partido Demócrata por sus políticas de ajuste macroeconómico dictadas por la Unión Europea afectando a los barrios de clase trabajadora, en lugar de ser reactivada como alternativa al crecimiento de la extrema derecha de La Liga, tuvo la competencia de una supuesta nueva alternativa posmodernista, El Movimiento 5 Estrellas (M5E), creada en 2009 para llegar a una izquierda desamparada. Pero finalmente acabó todo en un pacto de gobierno entre el M5E y la Liga Norte el año pasado, dejando que el M5E tenía poco de alternativo. Hecho que le provocó un fracaso en las elecciones europeas del 26 de Mayo quedando por detrás del Partido Demócrata.

En definitiva, la crisis del 2008 tuvo una rápida respuesta política de los poderes económicos y políticos para restablecer el statu quo y evitar la multiplicación de movimientos populares contra sus intereses, un tema del que poco se habla como hemos dicho en un inicio. La creación y elevación de la amenaza de una nueva extrema derecha con iconos como Donald Trump (muy diferente al fascismo tradicional) bajo discursos en defensa de lo establecido históricamente. Como la patria, familia, religión, patriarcado, tradiciones, nacionalismo y clasismo, endogamia cultural, pero sin romper con el funcionamiento de la globalización neoliberal y los intereses de las grandes corporaciones. Adaptado a los nuevos tiempos de la sociedad de la comunicación y las redes sociales para generar así la Cultura del Miedo en los movimientos progresistas, y hacer que las viejas socialdemocracias, un peón del establishment, recuperasen su hegemonía en el espacio de la izquierda como respuesta a la extrema derecha ahogando, de esta manera, a las izquierdas rupturistas incómodas para los poderes fácticos; “la dialéctica, estúpido”.