La arremetida de las iglesias neopentecostales que toma por asalto la política en Sudamérica

 

En Chile, el ex candidato presidencial José Antonio Kast trata de captar adeptos dentro de los sectores más conservadores de la sociedad. Pertenece al movimiento de raíz alemana Schöenstatt, de línea similar a la del Opus Dei

 L BUITRARCIA

 

Históricamente ha existido una estrecha relación entre los golpes de Estado y el uso de la religión como factor de legitimidad. Ante la ausencia de legalidad, han surgido políticos que recurren a “Dios” como recurso divino para justificar una ruptura en el orden democrático y luego tomar el poder por la vía arbitraria e inconstitucional.

El ejemplo más reciente es el uso político simbólico de lo religioso en un golpe de Estado es Bolivia, en donde la autoproclamada presidenta interina Jeanine Áñez, con una gran biblia en la mano pregonó el regreso de Dios al centro de la gobernabilidad del país latinoamericano, mientras obispos católicos afirmaban que no hubo golpe y llamaron a la paz.

A su vez, el multimillonario y fundamentalista cristiano ultraconservador Luis Fernando Camacho emergió como líder de la acción golpista perpetrada por la oposición boliviana.

Con la Biblia en una mano y la bandera nacional en la otra, Camacho irrumpió en el Palacio de Gobierno y expresó su compromiso de exorcizar al país del espíritu plurinacional y de la herencia ancestral promovida por el presidente socialista e indígena Evo Morales, y así “devolver a Dios al Palacio Quemado” (como se conoce a la sede del Gobierno).

La Pachamama nunca volverá al Palacio, porque Bolivia es de Cristo”, afirmó ante los ojos del mundo.

Religión y golpismo en América Latina

Existe una larga lista de vínculos en los golpes de Estado en América latina y la religión. Durante la llamada Guerra fría, establecida luego de la II Guerra Mundial, entre la extinta Unión Soviética y Estados Unidos, los golpes militares en Argentina, Chile y Uruguay se justificaron para restablecer la restablecer el orden cristiano-conservador frente al avance del comunismo.

En estos países, sectores de la jerarquía eclesiástica legitimaron las juntas militares, la violencia y la represión.

“En América Latina ha sido recurrente la presencia de lo religioso en golpes de Estado, ya sea a través de instituciones y grupos religiosos que participan en la destitución de gobiernos democráticos, o mediante la utilización de símbolos o íconos confesionales como referencias de legitimación al poder de facto”, indicó el sociólogo y profesor universitario argentino, Juan Cruz Esquivel, en declaraciones al portal Página 12.

Un ejemplo de esto se vivió en junio de 1955 en Argentina, tres meses antes del golpe de Estado al gobierno de Juan Domingo Perón, cuando los aviones de la Fuerza Aérea que bombardearon la Plaza de Mayo llevaban inscripto el lema ‘Cristo Vence’.

En la región también se registraron golpes parlamentarios en los que sectores de la Iglesia católica jugaron un decidido papel, como en Honduras en 2009, cuando el cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga promovió el derrocamiento del presidente Manuel Zelaya.

En Paraguay, la Iglesia fue clave para derrocar al obispo convertido en político, Fernando Lugo, en el año 2012.

Por su parte, en Guatemala en 1982 el evangélico y dictador José Efraín Ríos Montt perpetró un golpe de Estado para tomar el poder.

Los neopentecostales, provenientes de Estados Unidos, no se quedaron atrás y apoyaron el autogolpe de Alberto Fujimori cuando derogó el Congreso de Perú en 1992.

Mientras, en 2016 la bancada evangélica de Brasil, liderada por Eduardo Cuhna, fue determinante en el juicio parlamentario contra la presidenta electa por voto popular, Dilma Roussef y en el golpe de Estado que llevó al poder a Michel Temer.

Los parlamentarios evangélicos brasileños también apoyaron el enjuiciamiento (sin pruebas) y posterior encarcelamiento del líder sindical y expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Influencia política

En América Latina, las iglesias neopentecostales se han dedicado a interpretar las escrituras biblícas como argumentos políticos en contra de procesos progresistas.

Por ejemplo, en Colombia se han aliado con el senador y expresidente Álvaro Uribe, quien tiene en sus listas al Congreso a pastores de las iglesias del Avivamiento, Ríos de Vida y la Adventista y otras.

 Estos grupos religiosos jugaron un papel central en contra de ratificar el Acuerdo de Paz de La Habana, negociado por el gobierno de Juan Manuel Santos con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en el plebiscito de 2016.  

“Los más de 10 millones de feligreses de 266 iglesias neopentecostales fueron convocados a votar por el NO, porque supuestamente el acuerdo atentaba contra el concepto de familia”, recordó el analista en investigador político Javier Calderón Castillo.

Evangélicos en el poder

Desde la segunda mitad del siglo pasado se organizaron partidos políticos afiliados a la doctrina europea de la democracia cristiana, con muy diversas posturas políticas nacionales, llegando a ganar la presidencia en algunos países como Chile, República Dominicana, Colombia y Venezuela, y contaron con ministros, senadores y diputados en todo el continente.

No obstante, las estadísticas revelan que actualmente existen más de 19 mil iglesias neopentecostales en el continente, que organizan a más de 100 millones de creyentes, es decir, una quinta parte de sus habitantes, lo que supone un paulatino desplazamiento de la Iglesia Católica, con sus distintas congregaciones.

Como parte de este auge, la participación de iglesias evangélicas o neopentecostales en los procesos electorales latinoamericanos viene creciendo como parte de la ofensiva conservadora que amenaza a la región.

Estos grupos religiosos acuden a los comicios con candidaturas propias o apoyando otras, utilizando su poder para vincular las creencias de la fe a la política y canalizando la desesperanza de la población.

Recientemente, Jimmy Morales, quien hizo estudios en el Instituto Evangélico de América Latina, llegó a la Presidencia de Guatemala. Fabricio Alvarado, candidato evangélico del partido costarricense Restauración Nacional, obtuvo casi 40 % de los votos en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2018. En Venezuela, un candidato evangélico desconocido, Javier Bertucci, del Movimiento Esperanza por el Cambio, consiguió captar 10,8% de los sufragios en las presidenciales de mayo de 2018.

En las recientes elecciones uruguayas por primera vez fue importante el voto evangélico. En el país oriental, históricamente considerado el más laico de la región, Guido Manini Ríos, un exmilitar de discurso ultraconservador y ligado a sectores evangélicos, alcanzó el 11 % de los votos en las elecciones del pasado 27 de octubre.

El peligro de Kast en Chile

En Chile, el ex candidato presidencial (2017) José Antonio Kast trata de captar adeptos dentro de los sectores más conservadores de la sociedad.

Padre de nueve hijos, y católico fervoroso, Kast pertenece al movimiento de raíz alemana Schöenstatt, de línea similar a la del Opus Dei, que suma varias acusaciones de abusos y pedofilia.

Kast quien lidera el movimiento Acción Republicana, es conocido por sus nexos con distintas organizaciones cristianas conservadoras de Estados Unidos dedicadas a hacer lobby para frenar las resoluciones que obligarían a los países latinoamericanos a ampliar derechos relacionados con el aborto, el matrimonio homosexual y la identidad de género.

Su discurso gira en torno a temas como la migración, el orden público y la seguridad ciudadana.

“Hay tres temas que Kast maneja: el pasado, porque representa una coalición con un porcentaje importante de gente que añora el pasado y tiene una visión menos crítica de la violación de derechos humanos; sabe mantener el voto de la ‘familia militar’ con mucha fuerza; y, finalmente, el desorden. En Chile, hay una ciudadanía con un fuerte apego a la ley y él capitaliza el desorden mezclando temas de delincuencia, migración y sobre el conflicto en La Araucanía [entre el Estado y el pueblo mapuche]”, explicó la doctora en Ciencias Políticas y experta en seguridad Lucía Dammert al portal Público.

Kast es un férreo defensor de la dictadura de Pinochet y de los exmilitares condenados por crímenes de lesa humanidad. Para él, la coalición liderada por Sebastián Piñera no es más que una “derecha light”, lo que lo ha llevado a protagonizar varias polémicas con el Mandatario, a quien critica por “ceder ante las presiones de la oposición”, “falta de carácter” y por ser “ambiguo”.

Con la mirada puesta en 2022, Kast trata de ir convenciendo a indecisos y aquellos sectores hartos de tanta promesa incumplida, mientras defiende la tesis de que en Chile no han existido violaciones a los Derechos Humanos desde el inicio de las protestas, el 18 de octubre.

Religión y Bolsonaro

Si hay un país en el que la influencia del sector religioso, en especial el evangélico, es más que evidente es en Brasil, donde el poder de esas iglesias fue crucial para que el ultraderechista Jair Bolsonaro llegara a la Presidencia con un discurso cargado de intolerancia, autoritarismo y referencias a Dios.

Bolsonaro se aprovechó del auge de esa comunidad religiosa, que suma más de 22 millones de fieles; se hizo bautizar evangélico y formó una la alianza con potentes grupos evangélicos carismáticos para captar votos.

Las menciones a Dios aparecen desde la primera página de su plan de gobierno: “Dios encima de todos”. Incluso, el 28 de octubre de 2018, apenas se conoció su victoria, sus primeras palabras se refirieron a Dios.

“Nunca estuve solo, sentí a mi lado siempre la presencia de Dios”, dijo portando la Constitución en una mano y la biblia en la otra.

En su plan de gobierno ha integrado elementos fundamentales de la doctrina carismática, especialmente en lo que se refiere a la educación y a la familia.

En su artículo “Democracia, evangelismo y reacción conservadora”, el investigador Jean-Jacques Kourliandsky, recordó que Bolsonaro ha abordado todas las temáticas, tanto sociales como económicas o diplomáticas, en forma carismática y propuso lo que definió como el «camino de la verdad», «decente, liberal, basado en el individuo, la familia, las Fuerzas Armadas»,  y lo colocó en oposición al de «las ideologías perversas», el «marxismo cultural”, la izquierda, el Partido de los Trabajadores (PT) o el Foro de San Pablo.

“La referencia a la salvación individual le sirvió para legitimar la economía de mercado y la propiedad privada, presentada como «sagrada». Demonizó a sus adversarios políticos con la intolerancia practicada por los evangélicos hacia las demás confesiones. Los satanizó como socialistas o comunistas”, indicó.

Planteó que Bolsonaro se ha propuesto gobernar como representante de una extrema derecha nacional-evangélica, promoviendo el autoritarismo, sectarismo, occidentalismo, anticomunismo y liberalismo económico, tal y como ha sido evidente desde que asumió la Presidencia en enero pasado.

El arma de Estados Unidos

El gobierno del presidente estadounidense Donald Trump, consciente del auge de los grupos evangélicos en América Latina, creó la Oficina de la Fe y la Oportunidad de la Casa Blanca (OFCB), para aumentar su influencia de sus políticas en la región.

Durante su administración, líderes religiosos estadounidenses han cultivado estrechas alianzas con políticos de países latinoamericanos con grandes poblaciones de la fe evangélica, como Guatemala, Honduras y Brasil.

“Los líderes evangélicos comprometieron su apoyo político a Trump desde el inicio de la campaña presidencial del 2016, a cambio de promesas de favores políticos, como nombramientos de jueces conservadores en la Corte Suprema de Justicia, políticas públicas contra el aborto y los derechos LGBTI y una gran influencia en la definición de la política exterior con respecto a Israel. Gracias a sus lazos con la Casa Blanca, algunos de estos líderes también han logrado expandir sus ministerios en Latinoamérica y construir alianzas con presidentes con pasados lejos de ser perfectos”, señalaron las periodistas Giannina Segnini y Mónica Cordero en su artículo “Líderes evangélicos exportan agenda fundamentalista a América Latina“.

Uno de estos mandatarios es el hondureño Juan Orlando Hernández, investigado por la agencia estadounidense antidrogas (DEA) por los delitos de tráfico internacional de cocaína y quien es visto como un aliado estratégico de la Casa Blanca, que incluso decidió reconocer a Jerusalén como la capital de Israel y trasladar su oficina diplomática a esa ciudad.

La decisión es más que polémica, teniendo en cuenta la cruel política antiinmigrantes aplicada por Trump contra ciudadanos centroamericanos y en especial hondureños.

Con el apoyo de Trump, organizaciones evangélicas se han dado a la tarea de promover legislaciones y políticas fundamentalistas cristianas en los más altos círculos de poder político en Latinoamérica.

Una de ellas es Capitol Ministries, liderada por Ralph Kim Drollinger, quien apoyó a Trump durante su camino a la presidencia.

“Creo que Dios debe de estar respondiendo a nuestras oraciones y levantando a un gran líder en Donald Trump”, llegó a pronunciar Drollinger durante la campaña electoral.

Desde 2017, Capitol Ministries ha abierto ministerios en ocho países de la región: México, Honduras, Brasil, Perú, Uruguay, Ecuador, Paraguay y Costa Rica; y en octubre anunció una apertura en Panamá.

Golpes de Estado en nombre de Dios

Washington está utilizando la ideología evangelista como un vehículo para implantar sus políticas en América Latina, mediante métodos suaves, pero también a través de golpes de Estado, como el que se desarrolla en Bolivia, con violencia, persecuciones políticas y masacres.

El filósofo Enrique Dussel alertó que bajo instrucciones de la Casa Blanca se utiliza a grupos evangélicos como punto de partida para arremeter contra las culturas indígenas reivindicadas por el presidente Evo Morales, a las que se les considera enemigas.

“Estos grupos son un nuevo fenómeno que están apoyando el proceso brasileño y en Bolivia, con un hombre desaforado como (Luis Fernando) Camacho, que dice algo esencial: ‘Vamos a sacar de los lugares públicos la Pachamama y vamos a imponer la Biblia'”, recordó.

“Pero esa biblia no es la católica, es la de los grupos evangélicos. Toma la cultura popular de los pueblos originarios como un horrible paganismo que el cristianismo debe reemplazar a rajatabla. Es una biblia evangélica que viene de las sectas norteamericanas y que cambia la subjetividad. Se propone que el hombre deje sus costumbres ancestrales, deje las borracheras y se proponga trabajar y entrar en la sociedad consumista capitalista burguesa”, señaló Dussel.

El filósofo alertó que esa biblia -reinterpretada desde un hombre moderno norteamericano- es usada por la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Casa Blanca para que la derecha tome el control en la región,

“Estados Unidos se está retirando de Medio Oriente. Se habían alejado de América Latina, pero como en Irak e Irán han sido derrotados, vuelven a Latinoamérica y la quieren recuperar. Eran sutiles los métodos, pero hemos vuelto a los golpes de Estado”, dijo.

El artífice del golpe en Bolivia

El sociólogo argentino Juan Cruz Esquivel señaló que la toma del poder de Jeanine Añez en Bolivia carece de todo respaldo legal y social, por lo que, frente a una ausencia de legitimidad de origen, la autoproclamada ha pretendido investir a lo religioso como mecanismo sustituto de legitimidad.

Sin embargo, Añez aparece como un peón en el tablero del golpe de Estado contra Morales, ya que el principal artífice es Luis Fernando Camacho, un poderoso multimillonario y fundamentalista cristiano ultra conservador, preparado por años por la Unión Juvenil Cruceñista (UJC), una organización paramilitar fascista radicada en la región separatista de Santa Cruz.

El grupo es famoso por atacar a izquierdistas, campesinos indígenas y periodistas, adoptando una ideología racista y homofóbica.

Camacho proviene de las élites que amasaron su riqueza a partir de las cuantiosas reservas de gas boliviano y se declaró enemigo de Evo Morales cuando su familia perdió parte de sus riquezas a raíz de que el líder indígena nacionalizó los recursos de la nación para financiar sus enormes programas sociales que redujeron la pobreza en 42 % y la pobreza extrema en 60 %.

Durante los meses previos al golpe, Camacho se reunió con actores de los gobiernos de derecha en la región para discutir sus planes de desestabilizar a Morales.

Ochos semanas antes del golpe tuiteó: “¡Gracias Colombia! ¡Gracias Venezuela!” en reconocimiento al apoyo del presidente neogranadino Iván Duque y del autoproclamado Juan Guaidó, quienes no descansan en su afán de derrocar al presidente constitucional venezolano, Nicolás Maduro.

Asimismo, también reconoció al gobierno de extrema derecha de Jair Bolsonaro, declarando: “¡Gracias, Brasil!”.

Un grupo de expertos realizó un análisis estadístico de la data electoral boliviana disponible al público y no encontró evidencias de irregularidades o fraude. Pero, la oposición cantó otra cosa, y se fue a las calles en semanas de protestas violentas y disturbios.

La extrema derecha logró derrocar a Morales, luego de que el mando militar del país le exigió renunciar, mientras que los miembros de su partido Movimiento al Socialismo (MAS) fueron atacados y forzados a dejar sus cargos de forma violenta.

La figura de Luis Fernando Camacho, quien nunca ha ganado una sola elección democrática, surgió para liderar la violencia.

 “Mientras que Carlos Mesa tímidamente condenó la violencia de la oposición, Camacho la alentó, ignorando los llamados que pedían una auditoría internacional de las elecciones enfatizando su demanda maximalista de purgar del gobierno a todos los simpatizantes de Morales. Él fue el verdadero rostro de la “oposición”, indicaron los periodistas Max Blumenthal y Ben Norton en un artículo publicado por The Grayzone.

Recordaron que cuando Carlos Mesa desató las protestas al acusar al gobierno de Morales de cometer fraude electoral, Camacho “salió de las sombras”, junto con las fuerzas de choque separatistas de línea dura que dirigió en Santa Cruz, quienes de inmediato procedieron a quemar Wiphalas, la bandera que simboliza a las poblaciones indígenas y a la visión plurinacional.

El “cristiano” Camacho exhortó a sus seguidores a “terminar el trabajo, hagamos las elecciones y comencemos a juzgar a los criminales del gobierno, vamos a meterlos en la cárcel”, mientras que la administración Trump publicó una declaración oficial celebrando el golpe en Bolivia, y afirmando que la “partida de Morales preserva a la democracia” en la región.

Con la anulación de los comicios en los que obtuvo la victoria Evo Morales y con la convocatoria a nuevas elecciones, Estados Unidos tiene la mesa servida para colocar a un títere en la presidencia de Bolivia y avanzar en su plan colonialista en América Latina.