Coronavirus: Confusión en Occidente y el ascenso de China

Escribió: Mauricio Becerra Rebolledo

 

No hay gran certeza de cómo será el mundo después del Covid-19. La pandemia, además de saturar los sistemas sanitarios de los países y destruir la economía globalizada, ha levantado el velo sobre la real solidaridad de la Unión Europea y el comportamiento de matón de EE.UU. hasta con sus aliados. Al mismo tiempo el ascenso de China como potencia hegemónica se consolida.

Los científicos dicen que el coronavirus es una partícula que mide entre 50 y 200 nanómetros de diámetro. Una partícula tan pequeña, si consideramos que la noción de un nanómetro es dividir un metro en mil millones de partes, ha desestabilizado la economía y el orden geopolítico global. Desde el primer reporte del Covid-19, a mediados de diciembre de 2019, se ha expandido por los cinco continentes arrastrando consigo los sistemas sanitarios de países ricos, confederaciones de países y dejado casi todo un gabinete enfermo.

El brote que comenzó en China cuando se aprestaban a celebrar el año nuevo (12 de febrero) paralizó la economía del dragón asiático. Si bien en un primer momento las burocracias locales desatendieron las alertas de médicos, en pocas semanas las opiniones de los epidemiólogos definieron la política pública. La ciudad de Wuhan fue declarada en cuarentena y se cerró la provincia de Hubei, que la alberga. 56 millones de personas iniciaron una cuarentena que duró más de tres meses.

Si bien en un comienzo los medios corporativos aprovecharon la crisis en China para resaltar las virtudes de las democracias occidentales, el miedo de las autoridades de Beijing se comprende cuando comenzaron a testear los índices de virulencia del Covid-19: Si bien, según uno de los primeros estudios publicados, la letalidad no es alta (entre 1,4 y 2,12 por ciento), los decesos suben a un 73,3% en pacientes con enfermedades asociadas. La transmisibilidad del virus fue considerado el problema principal, estimándose entre 2,2 y 6,8 contagios por cada caso, por sobre los otros SARS y las gripes conocidas.

LAS FRONTERAS DE LA UNIÓN EUROPEA

A mediados de febrero el coronavirus tuvo un fuerte brote en el norte de Italia, seguida de España desde comienzos de marzo. En los Alpes tiroleses el bar de un pueblo frecuentado por esquiadores europeos fue un gran foco de contagio para el sur de Alemania, Inglaterra, Dinamarca y Suecia. A las pocas semanas se detectaron casos en América latina cuya línea de contagio está relacionada con quienes hacían turismo en el invierno europeo.

La expansión del virus en el viejo continente sacó a relucir la desunión y falta de solidaridad de la Unión Europea (UE). Cuando el norte de Italia estaba en medicina de guerra por el coronavirus no hubo respuesta común y la única respuesta fue el cierre unilateral de fronteras. Reapareció así el Estado soberano y se volvieron a marcar las líneas divisorias que se habían diluido en el Espacio Schengen.

A principios de marzo Alemania y Francia prohibieron la salida de productos biomédicos fabricados en su territorio para otros países. A las pocas semanas cargamentos de mascarillas compradas por España a Suecia decomisadas por Francia cuando estaban en tránsito en su territorio. Lo mismo pasó con un cargamento de ayuda china cuyo destino era Italia, al pasar por República Checa. El norte de Italia, la zona más devastada por la epidemia, pese a tener fronteras con ricos países como Suiza, Francia y Austria, recibió su primera ayuda desde China, seguida de Rusia y Cuba.

CASI TODO UN GABINETE EN CUARENTENA

Reino Unido se enfrentó al coronavirus cuando culminaba su salida de la UE y con el recién electo primer ministro Boris Johnson a mediados de marzo. Cuando todos los países europeos decretaban cuarentena y cierre de fronteras, Johnson exhibió la particularidad liberal inglesa de mantener la economía funcionando y aceptar una lógica de darwinismo social que aceptaba la infección del 80 por ciento de la población para producir así inmunidad de grupo. Llegó a decir que se estimaba la muerte de más de medio millón de ingleses.

Pero el pasado 27 de marzo Johnson dio positivo por Covid-19 y la semana reciente tuvo que ser internado en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Downing Street se transformó en un foco de contagio. Se enfermeron de coronavirus los ministros de Sanidad, Matt Hancock; para Asuntos de Escocia, Alister Jack; y los asesores, el médico Chris Whitty y el epidemiólogo Neil Ferguson.

Pese a la nebulosa de porqué llegó hasta allí, cuando sus portavoces dicen que sólo recibió oxígeno, lo cierto es que para llegar a la UCI es preciso que algún órgano vital falle. En el Reino Unido también se infectó hace algunas semanas el príncipe Carlos, quien tuvo que recluirse en su residencia de Birkhall en Escocia, y la novia de Johnson, Carrie Symmons, embarazada y contagiada también con coronavirus.

Los días en que Johnson permaneció en la UCI, el gobierno inglés acabó en un vacío de poder y una confusión generalizada respecto de quien estaba al mando. Si bien el primer ministro había dejado el poder en manos de Dominic Raab. Ministro del Foreign Office, estallaron serias disputas al interior de su gabinete por quien se quedaba con el protagonismo.

Según cuenta el periodista Rafael Ramos, Raab es un euroescéptico radical y a las pocas horas de reemplazar a Johnson, otros miembros del gabinete le advirtieron que no tenía el sartén por el mango a través de redes sociales. Así lo hizo Michael Gove, quien aclaró que Raab era un suplente ocasional y las decisiones debían ser tomadas en colectivo por el gabinete. Claro que desde el domicilio porque Gove tiene parientes cercanos diagnosticavos con Covid-19, por lo que está obligado a guardar cuarentena. Otros asesores gubernamentales como Dominic Cummings también está en cuarentena al tener síntomas de la enfermedad y un setentón Edward Lister, lejos de todos al ser del grupo de mayor riesgo.

Si bien Johnson abandonó la UCI este viernes tras estar durante tres días internado, la suerte de varios de sus compatriotas ha sido diferente. El viernes 10 de abril murieron 980 personas, la cifra más alta en un sólo día hasta esa fecha. Las estadísticas de la Universidad John Hopkins suman 74,605 casos confirmados en UK, siendo el séptimo país en dicha tabla. En muertes si alcanzan la cuarta posición con 8,958 personas muertas hasta esa fecha. Le anteceden si en Italia, España y Francia.

EL NEGACIONISMO DE TRUMP

Al otro lado del Atlántico si vimos en enero al presidente Donald Trump negando las dimensiones de la expansión del coronavirus, en marzo, según denunció Die Welt, ya estaba ofreciendo millones por debajo de la mesa a la empresa alemana CureVac para monopolizar un supuesto tratamiento contra el Covid-19.

Otro republicano, el vicegobernador de Texas Dan Patrick, llamó por su parte a los ancianos a jugarse la vida para que el país siga funcionando. Promovió que los abuelos estaban dispuestos a sacrificarse para evitar el derrumbe de la economía de EE.UU. Llamó así a los norteamericanos a “volver al trabajo, volvamos a vivir, seamos listos acerca de todo esto y los mayores de 70 ya cuidaremos de nosotros mismos. No sacrifiquemos el país, no sacrifiquemos el gran sueño americano”.

En abril, cuando los insumos biomédicos escaseaban, EE.UU. comenzó a confiscar los que pasaban por su territorio. Así requisó una partida de 60 respiradores mecánicos a Paraguay y otros 600 destinados al nordeste de Brasil provenientes de China. También prohibió a 3M venderle mascarillas N95 a Canadá y Latinoamérica y norteamericanos en distintas ciudades asiáticas se dedicaban a comprar en metálico y por mayor precio envíos biomédicos encargados por otros países fuera de sus fronteras, como un avión con insumos biomédicos comprado por Francia en un aeropuerto chino y un cargamento con 220 mil mascarillas compradas por la policía de Berlín en Bangkok. Andreas Geisel, ministro del Interior del estado de dicha ciudad, calificó la acción de los norteamericanos como “un acto de piratería moderna” y que “en tiempos de crisis global, no deberíamos regirnos por los métodos del Salvaje Oeste”.

En pocas semanas EE.UU. pasó a ser el país con más casos de coronavirus confirmados. Las cifras de este viernes 9 de abril mostraban que 491.358 habían sido detectadas como portadoras del virus. Y mientras en Italia y España las cifras de muerte comienzan a ralentarizarse, Nueva York es la ciudad con más muertes por Covid-19 en el mundo, alcanzando 5.820. Las últimas imágenes provenientes de dicha ciudad muestran como en una pequeña isla, Hart Island, se está dando sepultura en fosas comunes a un ritmo de 25 personas por día, en circunstancias que ese sitio destinado para el cuerpo de personas sin familiares que se hagan cargo de sus restos, tenía un uso de no más de 24 personas enterradas por semana.

EL ASCENSO DE CHINA

Si la UE y EE.UU. se han visto superados por el coronavirus, China ha respondido a la pandemia expandiendo una diplomacia sanitaria inédita en la historia del mundo. La estrategia oriental fue reforzada con el reciente llamado del mandatario chino Xi Jinping a construir una nueva comunidad común de salud mundial. El politólogo Juan Carlos Monedero visualiza que “la Ruta de la Seda está consiguiendo su mejor embajador: la cooperación”.

Tras controlar la pandemia en su territorio, el gobierno chino comenzó el envío de insumos biomédicos y epidemiólogos que ganaron experiencia en Wuhan al norte de Italia. También ha enviado ayuda a países latinoamericanos y de Africa.

Cuba y Rusia también han desplegado políticas de cooperación. La última semana de marzo arribaron médicos cubanos para ayudar a sus colegas del norte de Italia, sobrepasados por el colapso de las unidades de emergencia. Los cubanos también están ayudando a otros 12 países para afrontar el coronavirus, como Andorra, en donde envío 12 médicos; Surinam y Haití. Rusia por su parte envió brigadas médicas móviles a Italia, integradas por un centenar de especialistas en virología y epidemiología, quienes además llevan consigo sistemas de desinfección e insumos médicos.

Las pandemias en el pasado reconfiguraron completamente las sociedades en que brotaron. La peste que se difundió en Atenas en el 430 a.C. implicó el fin de la hegemonía ateniense en Grecia. La peste negra que brotó en el medioevo europeo inició el declive de la iglesia medieval y gatilló el Renacimiento. En la conquista de América un rol capital jugó la diseminación de enfermedades como el sarampión, el resfrío y la viruela. Se estima que más de un 90 por ciento de la población fue diezmada. Ya en el siglo XIX un brote de cólera en Londres le permitió al médico John Snow la aplicación y desarrollo de mapas epidemiológicos, que le permitieron identificar el foco de la enfermedad en una pila de agua.

Cada sociedad responde a las epidemias según está preparada. Todo indica que el esquema neoliberal que ha constreñido en las últimas décadas las políticas sanitarias de la Unión Europea y el sistema de seguros médicos norteamericanos están demostrando su ineficacia. Las respuestas acertadas y llenas de solidaridad provienen esta vez desde los países del sur del mundo.