Nueva estrategia en Afganistán. Pero ¿había estrategia?

 

Escribió: Ramón Lobo en lotienesqueparar.org

 

Arranca una nueva cumbre de la OTAN, esta vez en Lisboa: boato, seguridad, ruedas de prensa, excusas en varios idiomas. Es posible que no se diferencie demasiado de las anteriores citas. De puertas hacia fuera, sonrisas, la foto de familia y las tradicionales frases hechas de compromiso con el pueblo afgano; de puertas hacia dentro, discusiones, reproches, falta de compromiso y desunión. Todos se saben metidos en una ratonera, en una guerra imposible de ganar. Una situación Catch 22, es decir, cualquier salida conduce a otro laberinto. La nueva estrategia (¿acaso había una?) consiste en buscar el modo de escapar con dignidad antes de 2014.

 

Segundo problema: es una guerra que no se puede perder. Por imagen internacional. Por prestigio. Por los afganos que confiaron en la palabra de Occidente. Ramazán Bashardost, tercero en las elecciones presidenciales de 2009 y único con un discurso nacional, me dijo: "Mientras que sobrevuele Afgansitán un B-52 los talibanes no pueden vencer".

 

Pero las guerras no se ganan con bombas más o menos inteligentes sino con inteligencia humana. Occidente ha perdido nueve años. Ha perdido prestigio. Se alió con los muyahidines que destruyeron el país para derrotar a los talibanes. Hoy la OTAN es una facción más, no la solución. La aventura de George Bush en Irak es, en parte, la culpable: distrajo esfuerzos y recursos. Ya es tarde para rectificar.

 

El tercer problema es que nadie sabe hacia dónde ir. Los marines tienen una gran frase: "Nunca sopla el viento a favor de los que no saben adónde van". Yogi Berra, ex jugador y ex entrenador y alma eterna de los Yankees de Nueva York, tiene otra mejor: "Si no sabemos hacia dónde vamos es posible que no lleguemos a ninguna parte".

 

Solo EEUU, y en menor medida Reino Unido y Canadá, están en la vanguardia de los combates, y por poco tiempo; son los que ponen más bajas y padecen un mayor coste político. Los demás socios de la OTAN con tropas en Afganistán, incluida España, llevan años buscando una buena excusa para irse rápido de allí. Desde que los talibanes tomaron la iniciativa en 2007, los europeos se sienten incómodos en un lugar donde hay más disparos y muertos que reconstrucción y escuelas. Más que reglas de enfrentamiento lo que tienen son reglas para evitar todo enfrentamiento.

 

Afganistán es un gran teatro cuyo drama se desarrolla ante la opinión pública occidental. El mensaje es: todo va bien, pero más lento de lo que pensábamos. No es cierto. La realidad es que todo va mal y está empeorando.

 

Al frente del país está la persona equivocada, Hamid Karzai, a quien ahora todos llaman presidente olvidando que lo es porque lo decidió EEUU en 2002 y porque él robó las elecciones presidenciales del año pasado. Tras aquel simulacro democrático, Karzai, empujado por Barack Obama, prometió luchar contra la corrupción. No escogió el decorado más convincente: se hizo acompañar por sus vicepresidentes Karim Khalili y Qasim Fahim, dos señores de la guerra que son el ejemplo de lo que pretende evitar. El problema con Karzai es que no existe una alternativa. De momento.

 

Obama anunció una nueva nueva estrategia en Londres en 2009, que no ha producido resultados. El general David Petraeus, nuevo jefe sobre el terreno, tiene otra, que es la misma que tenía su subordinado y anterior jefe de la misión, Stankey McChristal, quien dinamitó su cargo en una entrevista en Rolling Stone en la que decía presuntas barbaridades, es decir, lo que piensa, la verdad.

 

El general Petraeus tratará de repetir su experiencia en Irak. Traspaso de la seguridad de las provincias menos conflictivas al Ejército afgano, crear la percepción de que ha mejorado la seguridad, permitir reducciones de tropas extranjeras y concentrarse en las zonas más conflictivas: Helmand, Kandahar y todas las provincias limítrofes con Pakistán. En Irak, Petraeus se compró a la insurgencia suní, la que ponía bombas a sus tropas, y la situó al frente de la lucha contra Al Qaeda. Allí funcionó, más o menos. En Afganistán es más complejo, no hay guerra suníes-chiíes, y el sistema de tribus y clanes beneficia a los talibanes, pastunes como la mayoría.

 

Nueve años y muchos muertos después, EEUU y sus aliados han empezado a entender a Afganistán. Demasiado tarde. Ahora, para evitar futuros errores, sería bueno empezar a estudiar Pakistán, Yemen y Somalia. Dice un proverbio chino: "Cuando el dedo señala la luna, el imbécil siempre mira el dedo". En Somalia seguimos mirando a los piratas como si ellos fuesen el problema y no la pobreza y la desaparición del Estado.

 

Esta guerra de Afganistán ya la perdieron los británicos dos veces en el siglo XIX y los soviéticos en el XX. Hemos entrado en sus mismos zapatos, en su mismo destino. Es la derrota de la soberbia. De pensar que cada acto, cada movimiento en el tablero de ajedrez carece de consecuencias a medio y largo plazo.