Militarización en las Américas

 

Conferencia de Ana Esther Ceceña en el Foro Social Américas, Paraguay, agosto 2010

 

 

Daré una imagen de conjunto sobre lo que está ocurriendo con la militarización en el continente, esto es, una vista panorámica en la que se pueda ubicar el Plan Colombia dentro de un contexto más amplio, para entenderlo como parte de una estrategia general de militarización del continente y no sólo como un plan en un lugar determinado.

 

Para este tipo de mirada hay que ubicar los últimos acontecimientos del continente.  No es nueva la militarización, recordemos que el capitalismo funciona sobre la base de la agresión, sobre la base de la violencia militarizada. El capitalismo militariza de diferentes maneras, hay que entender que la militarización no es sólo poner un soldado o una base militar en algún lugar, sino convertir las políticas en políticas con visión militarista, en políticas con visión de enemigo. Desde esta idea habría que pensar hoy el continente.

 

La visión de enemigo, porque en el continente lo que está en juego es la capacidad hegemónica de la mayor potencia del mundo. Desde siempre esta potencia ha pensado que el continente es su base de construcción de competitividad en todos los terrenos: de competitividad política, de visión de mundo, de competitividad económica; de manera tal que el continente entero le sirve de soporte. Este continente tiene además la particularidad de ser una gran isla, una gran isla con islitas; una isla separada del resto del mundo, dándole condiciones muy particulares, con la posibilidad de entenderla  como  una  fortaleza.  Pensemos  en  las  grandes  fortalezas feudales que hacían sus fozos de agua en los alrededores. América tiene eso de manera natural y da condiciones para muchas otras cosas.

 

Este continente tiene otras tres cosas muy importantes. Una, las riquezas naturales, que son inmensas y diversas, casi todas las que se requieren para la reproducción del capitalismo. Pero no solamente para una reproducción inmediata, sino para extenderse hacia las actividades de punta, esas que permiten liderar los procesos económicos en el mundo, procesos que incluyen la producción militar. Los tipos de recursos que hay en el continente, por ejemplo los minerales, son todos aquellos que se requieren para la tecnología de las comunicaciones, tan importantes en lo militar, y no solamente las comunicaciones en sí mismas, sino como actividad económica que genera ganancias.

 

Así como los minerales tenemos la dotación de agua dulce más importante, la biodiversidad más importante del planeta y además una cantidad  de  petróleo,  de  energéticos,  que  permiten  pensar  que  esta fortaleza es autosustentable. Ser autosustentable en este momento de guerras es algo importantísimo, porque permite asegurar condiciones de duración y mantenimiento de las guerras. Éstas sólo pueden sostenerse si hay una amplia base material para que al enemigo se le acaben las reservas, como el petróleo; dejando a otros en el camino para que la máquina de guerra pueda seguir marchando.

 

Pero hay un segundo elemento en este continente de suma importancia, con una larga historia. Este continente tiene el paso de mercancías más importante del mundo: el Canal de Panamá, un puente de mercancías y de soldados, de pertrechos de guerra, y de lo que haga falta. Además del Canal de Panamá existe la idea del Panamá ampliado, la multiplicación de Panamás. El IIRSA  (Proyecto de integración de la infraestructura regional de Sudamérica) es de algún modo otros canales de Panamá, con características distintas a las del primero, pero que garantiza la posibilidad de que se alcancen fácilmente todos los mercados del mundo y que se movilicen cómodamente las mercancías importantes del mundo. Incluyendo soldados.

 

La tercera cosa importante de este continente: es el mercado más grande del mundo. Estados Unidos, con mucho, es el mayor productor y el mayor consumidor en términos generales. Este estado es quien orienta al resto del mundo ¿Por qué?, porque ha impuesto los paradigmas tecnológicos, porque ha impuestos los paradigmas de producción en términos generales. Los ha impuesto porque ha logrado tener condiciones económicas que le permiten ser el paradigma, el modelo a seguir que se aplica en toda el planeta.

 

Todas estas condiciones hacen de América un lugar importante. Por ejemplo, sobre la discusión de la relevancia del petróleo y los recursos en Medio Oriente,  es indudable que la tiene en términos de recursos y de su posición  geopolítica,  que  permite  controlar  esa  región  y  hacer  un contrapeso con América. La lógica de los contrapesos es fundamental para entender el balance geopolítico. Se extrae más petróleo en América y se explora más para hacer el contrapeso al Medio Oriente, y viceversa. No basta con que se tengan posiciones en Medio Oriente para que acá se hagan otras cosas; al contrario, se emprenden las mismas actividades, porque de esa manera se tiene cierto equilibrio que permite jugar geopolíticamente y hacer entonces que América se comprometa mucho más en el proyecto hegemónico.

 

Todo esto es para argumentar que América es el punto básico sobre el cual se asienta la hegemonía de Estados Unidos y, en ese sentido, es el territorio básico a través del cual se organiza la competencia con las otras potencias del mundo. Por ello también a las otras potencias les interesa tener posesiones en América, conservar sus posesiones territoriales en el continente y ver de qué modo penetrar. Penetran de manera coordinada, no siempre en competencia con Estados Unidos o con las empresas de Estados Unidos o con todos aquellos que conforman el poder hegemónico de Estados Unidos; muchas veces son intervenciones asociadas.

 

Si América es la pieza principal, entonces América es el lugar donde se diseñan las estrategias más cuidadosas, más sofisticadas, para hacer de este continente la base, el soporte, de la hegemonía de Estados Unidos; impidiendo que los pueblos disputen el mismo territorio y los mismos recursos. Construir redes de control dentro del continente, incluidas las islas, es fundamental. La parte del Caribe es importantísima, por ejemplo, para el cercamiento del Canal de Panamá, es una posición desde donde se puede controlar la mayor Cuenca Petrolera del continente, conformada por Venezuela, Colombia y el Golfo de México.

 

¿Cómo se pensó esto? Han existido diferentes maneras, se han diseñado diferentes escenarios. El diseño general está sustentado en una posición de enorme fuerza en el centro del continente, y a partir de ahí se organiza el dominio, según vayan reaccionando las resistencias de los pueblos para adaptar las políticas. El esquema de conjunto se ha sustentado en la creación de una plataforma de despliegue en el centro del continente: Colombia. Esta plataforma, base de segundo nivel, permite un manejo en el que Estados Unidos no necesariamente actúa directamente sino que puede delegar o sólo coordinar las actividades, evitando así las restricciones del propio Congreso o de la sociedad civil estadounidenses. Así, se pueden impulsar las mismas políticas que están diseñadas desde el Pentágono, desde un tercer lugar.

 

Este esquema se vincula con la idea de la guerra preventiva: invadir cualquier  país  sin  previo  aviso  de  guerra, simplemente por  “poner en riesgo” la seguridad nacional de Estados Unidos, acción que hasta hace poco era el único en el mundo que se había atrevido a llevarla a cabo, y no siempre con el rechazo de la comunidad internacional o a veces con un rechazo cómplice. Hasta hace poco tiempo ése era el panorama, pero hoy es diferente. Hoy hay otros dos países que hacen lo mismo, sustentados por Estados Unidos: Israel y Colombia. Israel mucho más agresivo, lleva más tiempo incursionando en Palestina y otros territorios cercanos. Colombia  empezó con  Sucumbíos  en  2008, claramente  en la  línea de intervención foránea directa y sin previo aviso ni declaración de guerra, sentando un precedente de comportamiento unilateral que podría llevar a repeticiones.

 

Pensemos en la situación en la que se encuentra hoy la frontera de Colombia con Venezuela y con Ecuador, sobre todo la frontera con Venezuela.   Ahí se está construyendo el escenario para que un ataque preventivo sea posible, y, de ocurrir, va a ser casi justificado después de la preparación mediática correspondiente (la de CNN principalmente), la campaña en twitter, las marchas virtuales contra el presidente Chávez y otras iniciativas similares. Esto para construir la imagen de victima de Colombia, atacada desde Venezuela, haciendo creer que en Venezuela es donde se están constituyendo los equipos de ataque de las FARC o del ELN.   Se representa a Colombia bajo amenaza desde esa frontera y se monta así un escenario de intervención, del que tenemos que estar muy conscientes porque cuando reaccionamos es casi siempre tardíamente.

Este foro se está proponiendo justamente formas de reacción anticipada, para detener estos procesos.

 

La inmanencia de Monroe

 

El  punto  de  enclave  de  la  estrategia  de  Estados  Unidos  en  el continente es Colombia, y a partir de ahí hay una serie de puntos, que ya se han echado a andar. En realidad esta es una historia vieja, pero a partir del año 2000 se ha revitalizado, en especial en los dos últimos años, desde que está Obama en la presidencia. A partir de entonces, de manera vertiginosa, se avanzó en la construcción de posiciones y en la creación de políticas y de mecanismos de compromiso, para permitir actuar de manera libre y abierta a los cuerpos de seguridad de Estados Unidos, combinados con cuerpos de seguridad, y sobre todo con cuerpos militares, de los otros países de la región. Tenemos un trazado en círculo en el continente que abarca otras dos regiones importantes además de Colombia y el Canal de Panamá: el Caribe y el Cono Sur.

 

Le llamo Cono Sur, pero el enclave parece ser Paraguay, aunque hay momentos en que sí es y hay momentos en que no. Aquí hay un cambio de situaciones que hace también que se modifiquen las políticas, pero indudablemente Paraguay es ese punto que permite tener más posiciones en la región del Cono Sur, el Rio de la Plata, alrededores y para abajo.

Paraguay en sí es un territorio muy importante por sus grandes recursos: agua, energéticos, biodiversidad, importantes minerales. En todo el continente vamos a encontrar estas características, es un continente muy rico, y las posiciones estratégicas en el centro dan para tener alcance hasta el sur. Las nuevas bases en Colombia, esas posiciones que se han negociado, tienen un radio de acción que permite que en tres o cuatro horas haya presencia en la punta del continente. El radio de acción que permite Colombia es enorme, incluso transcontinental, no solamente continental. Desde ahí se tiene un alcance rápido que es indudablemente vital en la estrategia continental, pero el control o el trabajo de contención que se requiere tiene que ser más detallado, más preciso, más cotidiano,

más intercalado en la sociedad, más metido, para no tener que imponer todo por la fuerza bruta, sino imponer por la fuerza del convencimiento. Para ello se trata de convencer a la gente de que el principal problema es la delincuencia, como lo hace la CNN con respecto a Venezuela, por ejemplo, y como ocurre en todos nuestros países. Si el problema es de seguridad, entonces hay que militarizar, porque no hay otra manera de combatir la inseguridad desde esta perspectiva. Militarizando y cediendo autodeterminación, porque es siempre el Estado quien lo hace, es siempre desde esas cúpulas que deciden por nosotros que nos van a proteger: “ustedes simplemente delaten y nosotros decidimos qué hacer y cómo los protegemos”. Ese es el esquema.

 

Las posiciones militares en Colombia se han multiplicado después de la llegada de Obama y Hillary Clinton al gobierno de los Estados Unidos, junto a posiciones en otros lugares. Hay un compromiso de construir bases navales en Panamá para cercar el Canal de Panamá y las posiciones del Caribe, con el fin de poner una cuña, una interrupción en el puente que hace Cuba con Venezuela. Además, estas posiciones garantizarían una respuesta rápida. En todos los casos se busca eso, una respuesta rápida, porque se tiene un esquema en el que los países, aun cuando no son catalogados como Estados fallidos, pueden convertirse en tales “por colapso”. Ante una contingencia, un Estado que se creía sólido, incluso certificado por el Fondo Monetario Internacional, puede pasar a ser un Estado fallido porque ocurrió “algo”. Eso se ha planteado en el caso de México en un documento reciente del Pentágono, y en el de Pakistán. El esquema tiene dos casos posibles de países permisivos, dos casos prototipos que van a permitir intervenir directamente. Ya se tienen las dos plataformas: Israel y Colombia; y   luego los casos permisivos que son México y Pakistán en las dos regiones.

 

El Plan Colombia del norte

 

En México se  ha  impulsado un Plan Colombia, primero se llamó Acuerdo de Seguridad y Prosperidad de América del Norte, luego se llamó Iniciativa Mérida; no le han querido llamar Plan México porque sería muy evidente, además ya se le combatía antes de su existencia. Es un Plan México parecido al Plan Colombia, con el agravante de la extensa frontera con México, por la que cruzan a veces extraoficialmente fuerzas de seguridad estadounidenses.

 

México es una pieza clave: funciona como eslabón entre Estados Unidos y América Latina, en algún momento fue el puente entre estas dos partes, hoy es una posición de avanzada hacia el continente. Muchas de las políticas que se han impulsado para América Latina se hacen desde México y no desde Estados Unidos como el Plan Puebla Panamá, que aparece como proyecto de inspiración mexicana, tanto como el IIRSA de inspiración brasileña, cuando son claramente dos partes de un diseño de reordenamiento continental perfectamente coherente y articulado.

 

México está actuando en todas las coyunturas de conflicto, se está intentando colocar como mediador en casos de ataques como el de Sucumbíos, para que se piense que es un conflicto entre dos partes equivalentes en vez de una agresión flagrante de uno hacia el otro.

 

Otras cosas que ocurrieron recientemente dan pie para pensar que se potencia el convenio con Colombia y los que se están avanzando en el Caribe, para llegar hasta la zona del Cono Sur. Está el caso del terremoto en Haití, muy importante a considerar porque se trata otra vez de un colapso, de una contingencia -no necesariamente son de guerra-, en esta ocasión  de  un  desastre  natural  que  permitió  colocar  el  cuartel  del Comando Sur en el Caribe. Como cuando llegaron los españoles, la principal fortaleza fue allí. En Haití se coloca el cuartel del Comando Sur y desde ahí empieza a operar. Termina la ayuda humanitaria, para la que llevaron al Comando Sur, pero el Comando no se retira, retiran algunas partes  de  las  tropas,  pero  las  complementan  con  nuevos  ejercicios militares en la zona. En el terreno del juego de fuerzas militar, hay una combinación de nuevas bases con la creación de nuevas normatividades, con más ejercicios militares, con la operación de la IV Flota que contempla un conjunto de bases militares itinerantes, y con operativos militares de simulación con capacidad de respuesta en caso necesario, entre otros mecanismos. Estados Unidos está permanentemente ocupando la región del Gran Caribe. Termina un ejercicio e inicia otro, de manera que siempre hay tropas en la zona, de forma intensiva.

 

El último acuerdo hecho con Costa Rica en junio de 2010, implica colocar en ese país y sus aguas territoriales 7,000 efectivos militares de Estados Unidos. En un país tan chico, y con tradiciones no bélicas, es una cantidad desproporcionada que sólo se explica en virtud de los operativos grancaribeños que se están perfilando.

 

Estábamos sorprendidos de los ejercicios militares realizados en Perú durante 2006 y 2007 con 1.000 efectivos militares, una dimensión que no se había registrado en ningún lugar del continente hasta ese momento. Hoy son 7.000 para empezar y a esos hay que agregar los otros efectivos que se mandan como civiles, como mercenarios, como contratistas. Dentro de los efectivos que se están colocando en Latinoamérica, como en Irak, se están metiendo ejércitos que no son tales, que son completamente irregulares, formados por mercenarios que no rinden cuentas a nadie más que quien los contrata, que en este caso es el Pentágono.

 

En   términos   jurídicos,   éstos   mercenarios   están   fuera   de   la jurisdicción del derecho, son una entidad que no existe. Hay que tener mucho cuidado con esto porque es muy delicado, ya que no hay materia jurídica al respecto. Hoy no se puede llevar a los mercenarios a las cortes penales fácilmente. Y la mayoría de los convenios militares que se están haciendo  en  el  continente  suponen  algo como  una  mitad de  efectivos regulares y el resto irregulares, registrados como contratistas sin que se especifique de qué tipo o con qué funciones.

 

Uno de los grandes peligros en la actualidad es justamente la acción de estos mercenarios: paramilitares, parapolicías, sicarios, que son mucho más invisibles e inasibles, y que pueden incluso salirse de los marcos de control de sus contratantes ya no como parte de un juego simulado para realizar las operaciones más sucias sino como parte de una transmutación producto de la capacidad de fuerza que portan. Es decir, si ya son peligrosos como entes contratados por  las fuerzas armadas legales, lo serán mucho más si se convierten en grupos de poder relativamente independientes, como en el caso de los gestados en Centroamérica (zetas y otros).

 

El Plan Colombia del Sur

 

Hay  claramente  una  política  de  derrame  continental  del  Plan Colombia.  Hacia  el  norte  el  punto  clave  es  México;  hacia  el  Sur  es Paraguay.

 

Paraguay es el enclave ideal para el Cono Sur. Se han firmado convenios que  otorgan  inmunidad  a  las  tropas de Estados Unidos en territorio paraguayo, igual que en Colombia, que permiten hacer cualquier cosa sin rendir cuentas.

 

Esta situación se está intentando recrear actualmente, a pesar del cambio de gobierno. Se ha intentado instalar la idea de que hay un ejército terrorista, el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), que está poniendo en riesgo tanto la seguridad nacional como la hemisférica, actuando en la zona norte del país. No deja de sorprender que casi de un día para el otro haya aparecido un grupo –compuesto por (sólo) 14 personas según se afirma-, capaz de poner en riesgo un continente. Diferente es el caso de las FARC, que tienen otra historia y otra realidad.

 

Lo que sorprende es esta aparición oportuna de ejércitos terroristas en los territorios considerados estratégicos geopolíticamente hablando, exactamente como ocurrió con el de Bin Laden en Afganistán. El simple hecho de denunciar que hay una fuerza supuestamente terrorista o desestabilizadora   ha   servido   para   justificar   la   militarización,   el allanamiento de moradas de campesinos o de la gente del lugar, las detenciones, etc. A pesar de que se vive en Paraguay, en principio, un proceso democratizador, están avanzando viejos compromisos de asesoría y capacitación que se tenían con Colombia, y se está imponiendo este montaje que apunta a la firma de nuevos acuerdos que aseguren el libre tránsito o la instalación de oficiales de las fuerzas armadas de Estados Unidos y de una nueva época de militarización y represión generalizadas en el país. (El Acuerdo fue aprobado en octubre de 2010)

 

El Plan América

 

Así, tendríamos un Plan Colombia que extiende un brazo muy fuerte hacia  el  norte,  hacia  México,  pasando  por  Panamá,  Costa  Rica  y Honduras,  como  un  puente  hacia  el  Caribe,  con  la  instalación  del Comando Sur en Haití, que extiende otro brazo hacia abajo, un brazo muy importante porque permite alcanzar el Cono Sur, haciendo el puente para atravesar todos los países con procesos democráticos distintos hoy en el continente: Bolivia, Ecuador y Venezuela, que quedarían, a través de estas políticas, completamente cercados. Esto permitiría organizar la idea de la guerra preventiva, de la guerra de seguridad hemisférica, de la posibilidad de intervenir unilateralmente en cualquier lugar para garantizar la “seguridad”, que dentro de este esquema queda a cargo del Pentágono y sus aliados.

 

Esta es la manera como está caminando la política de Estados Unidos hacia el continente. Así se evidencia en la manera como Hillary Clinton, Secretaria de Estado, ha estado actuando en América Latina y el Caribe: giras frecuentes, nuevos compromisos, establecimiento de iniciativas de seguridad por todos lados.

 

En junio 2010 se firmó la Iniciativa de Seguridad del Caribe, ya se tienen la de Centro América y la de México, y se está avanzando en una iniciativa de seguridad andina. Con esto se están creando las nuevas condiciones de funcionamiento, de control, de vigilancia y de intervención en el continente.

 

Detener la ofensiva

 

Es muy importante que como pueblos reaccionemos antes de que estos procesos avancen. Caminan muy rápido y nosotros somos generalmente muy lentos, a pesar de que somos muchos más y de que tenemos ojos en cada rincón del continente. Debemos aprender, inventar, crear modos para utilizar efectivamente todos esos ojos y todos los brazos que  tenemos  en  los  distintos  puntos  del  continente,  para  detener  la ofensiva militarista, que es una ofensiva también económica, también cultural, también política, y que está rediseñando nuestras fronteras para convertirnos en un enclave de dimensión planetaria para apuntalar la hegemonía estadounidense en el mundo, mediante una renovada ofensiva colonialista de alta sofisticación y con un enorme poder hipnótico.