Costa Rica: Y, de nuevo, el tema tributario

 

Escribió: Luis Paulino Vargas Solís para ARGENPRESS.info

 

Tenemos, otra vez, un problema fiscal. O al menos eso dice el gobierno de Chinchilla. Propongo una breve contextualización y luego algunas dudas en relación con los argumentos que ha venido repitiendo el Ministro de Hacienda.

 

1. Tres acotaciones y un contexto ineludible

 

a. Si se trata de atenuar el déficit, posiblemente lo primero que el gobierno debería intentar es promover la reactivación de la economía, ya que muy seguramente ello traería un aumento de la recaudación tributaria. Pero no la tienen fácil, visto el alto grado de dependencia que la estrategia económica neoliberal ha promovido respecto de las exportaciones orientadas hacia los mercados estadounidense y europeo, los cuales continúan ensartados en un prolongado marasmo económico.

 

b. En todo caso, no parece que a la administración Chinchilla le interese la reactivación económica. La pasividad frente a la revaluación del colón –pobremente justificada por las autoridades económicas- lo ratifica con elocuencia. Ello puede deberse a una o todas de las siguientes razones: la prohibición que el TLC con Estados Unidos establece (artículo 10.8) en relación con la posibilidad de regular los flujos de capital extranjero; la dogmática del libre mercado que los paraliza para intervenir; poderosos intereses que ganan con esto (¿cuáles si ni banqueros ni exportadores están conformes con esta situación?) ¿O será acaso que, con ligereza e irresponsabilidad, se está apostando a que los masivas entradas de capitales extranjeros desaten otro auge especulativo insostenible como el de 2006-2007?

 

c. ¿Realmente el déficit fiscal es tan problemático como se dice? Por dos años seguidos ha estado en niveles relativamente altos (5% del PIB) y, sin embargo, la inflación sigue baja, las tasas de interés no han aumentado y la deuda pública está en niveles manejables. El caso es que la economía sigue frágil, como consecuencia de la persistente debilidad en Europa y Estados Unidos, de forma que optar por una política fiscal restrictiva podría hacernos retroceder a terrenos recesivos, con grave perjuicio para el empleo de nuestro pueblo.

 

2. Algunas dudas en relación con los argumentos del Ministro de Hacienda

 

a. El impuesto de ventas aumentaría del 13% al 15% y se generalizaría a servicios hoy exentos. Insiste el Ministro que esto no tendrá efectos regresivos –es decir, no lanzará las cargas sobre los hombros del pueblo llano- ya que los servicios –por ejemplo los de salud y educación privados- son utilizados por gente de altos ingresos, de forma que el IVA terminaría siendo… ¡un impuesto progresivo! La conclusión así expresada es indudablemente sorprendente. Al fin y al cabo, la enorme mayoría de los bienes y servicios sobre los cuales deberá pagarse el mayor tributo sí serán consumidos por los estratos pobres. Pero, en todo caso, parece que el Ministro elude un dato importante: los servicios privados de salud y educación son principalmente utilizados por sectores de clase media, básicamente profesionales (asalariados o liberales) y pequeños empresarios. Esto pone una carga adicional sobre esos maltrechos estratos medios y acota los efectos presuntamente progresivos de la reforma.

 

b. Además, se propone elevar el impuesto sobre rentas de capital, incluyendo el pago de intereses, al 15%. De nuevo, el Ministro asegura que esto implica hacer tributar a los más ricos ¿Está seguro el señor Ministro? Las propuestas no necesariamente están mal encaminadas, excepto por el criterio indiscriminado con que se les quiere aplicar. Así, por ejemplo, de alquileres vive mucha gente que no cabría si no reconocer como de clase media. Pero mi mayor duda tiene que ver con los intereses sobre inversiones financieras. En este caso, los grupos de más altos ingresos tienen a su disposición opciones muy sofisticadas en el extranjero, incluso en las grandes bolsas de valores del mundo. Esa gente invertirá fuera si ello le conviene una vez descontado el impuesto y luego se las jugarán para no visibilizar ante el fisco lo ganado. No es el caso de los grupos medios. Estos, y en especial aquel segmento en los cuarentas o cincuentas de su vida, realizan un esfuerzo incrementado por ahorrar, en prevención de la ya cercana vejez y en procura de una jubilación que, en lo posible, sea al menos decente. Por lo tanto, este impuesto podría constituir tanto una penalización al ahorro –cuando nos urge más bien elevarlo- y, además, un golpe (otro más) para los sectores medios.

 

Seguramente habría muchas otras opciones de reforma tributaria, que sí pongan a tributar a los más ricos y que, a la vez, incentiven el ahorro, promuevan la producción y el empleo y penalicen los excesos de riqueza, el consumo suntuario y las actividades social o ambientalmente indeseables.