¿Y si los buenos de Bengasi no son tan buenos?

 

Escribió: Ramón Lobo; publicó: El País, España

 

Hemos creado dos bandos: el de los buenos y el de los malos. Los programadores están convencidos de que la simplificación da bien en televisión; otros creen que ayuda al lector o al oyente a comprender la realidad. El malo oficial de esta guerra es Muamar el Gadafi. Se ha ganado el papel estelar tras 42 años de abusos, detenciones arbitrarias, desapariciones, asesinatos y atentados terroristas patrocinados en el extranjero, además de sufragar a las guerrillas en Liberia y Sierra Leona, entre otros países africanos.

 

Los buenos son los rebeldes de Bengasi, a los que llamamos "civiles" , quizá para justificar la respuesta bélica. En la propaganda no importa qué se dice, solo cuentan los resultados. ¿Civiles? Los civiles que nos llegan a través de las imágenes son milicianos encaramados en carros de combate, hombres que disparan con antiaéreos y derriban aviones.

 

Nada que ver con la plaza Tahrir de El Cairo.

 

Los rebeldes-civiles de Libia tienen un largo historial de antiamericanismo, armado y militante; eso los convierten, cuando menos, en una compañía dudosa. La apuesta occidental en su favor es muy arriesgada; quizá no había otra opción.

 

Libia fue el primer exportador per cápita de combatientes extranjeros a Irak, más que Arabia Saudí, cuna de Osama bin Laden y de la mayoría de los terroristas-suicidas del 11-S. La vasta mayoría de los voluntarios libios en Irak procedía del este de Libia, es decir de donde están los antigadafistas que ahora protege la comunidad internacional, incluida España. El activismo de los libios del este es conocido por el espionaje militar estadounidense, como explica Asian Tribune.