Exposición informativa por el Enviado Especial sobre Libia

Abdel-Elah Mohamed Al-Khatib, Enviado Especial del Secretario General a la Jamahiriya Árabe

Publicó: voltairenet.org

Sr. Al-Khatib (habla en inglés): Agradezco la oportunidad de informar al Consejo de Seguridad sobre la situación imperante en Libia y analizar los acontecimientos que han tenido lugar desde la última exposición informativa del Secretario General, que tuvo lugar el 24 de marzo, incluida mi segunda misión al país.

A pesar de los eficaces esfuerzos que han desplegado los miembros de la coalición para hacer efectiva la zona de exclusión aérea y proteger a los civiles, han continuado los enfrentamientos entre las fuerzas terrestres de la oposición armada y los partidarios del Coronel Al-Qadhafi. El 31 de marzo, las fuerzas terrestres del Coronel Al-Qadhafi recuperaron el control de una ciudad petrolera estratégica, Ras Lanouf, y avanzaron a muy poca distancia de otra importante ciudad oriental, Brega, anulando prácticamente los progresos que habían logrado los combatientes de la oposición desde que comenzaron los bombardeos aéreos internacionales el 19 de marzo. También el 31 de marzo, uno de los más altos funcionarios del régimen, el Ministro de Relaciones Exteriores, Sr. Musa Kousa, huyó a Londres y declaró que ya no podía seguir siendo representante del Gobierno de Libia.

El fin de semana continuaron los enfrentamientos en las ciudades de Misratah, Zawiya y Brega. Hay informes no confirmados según los cuales las fuerzas gubernamentales han comenzado a bombardear ciudades situadas al suroeste de Trípoli. Las incursiones aéreas también continuaron durante el fin de semana en los alrededores de Sirte y Ras Lanouf, 240 y 650 kilómetros al este de Trípoli, respectivamente.

En la Conferencia de Londres sobre Libia, convocada el 29 de marzo por el Primer Ministro David Cameron, se reunieron más de 40 representantes, entre ellos representantes de las Naciones Unidas, la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), la Unión Europea, la Liga de los Estados Árabes y la OTAN, para hacer un balance de la situación en Libia y celebrar consultas sobre el modo en que se podría ayudar al pueblo de Libia.

Como resultado de la Conferencia, los participantes acordaron establecer un Grupo de Contacto Internacional sobre Libia que, en primer lugar, proporcionaría liderazgo y dirección política general al esfuerzo internacional, en estrecha coordinación con las Naciones Unidas, la Unión Africana, la Liga de los Estados Árabes, la OCI y la Unión Europea para ayudar a Libia; en segundo lugar, proporcionaría un foro para coordinar la respuesta internacional con respecto a Libia; y, en tercer lugar, sería un punto de contacto en la comunidad internacional con las partes libias.

Si bien las deliberaciones sobre el número de miembros siguen en curso, se habla en general de 12 a 15 miembros, lo cual daría un equilibrio regional y permitiría incluir a las organizaciones internacionales. Los participantes en la Conferencia de Londres acogieron con beneplácito el ofrecimiento del Secretario General de desempeñar una función rectora en la coordinación de la asistencia humanitaria y la planificación del apoyo a la estabilización a largo plazo.

El 31 de marzo llevé a cabo mi segunda misión a Libia, que comenzó con una visita de un día a Trípoli, donde me reuní con funcionarios del Gobierno de Libia, como el Secretario General del Congreso General del Pueblo, Sr. Al Baghdadi Al-Mahmoudi, considerado el Primer Ministro, así como con miembros de alto rango del Comité de Relaciones Exteriores del Congreso del Pueblo, como el Sr. Abdul-Ati al-Obeidi y el Secretario General del Congreso del Pueblo, Sr. Mohamed Siala.

Reiteré la exigencia de la comunidad internacional de que se aplicaran plenamente las resoluciones 1970 (2011) y 1973 (2011) del Consejo de Seguridad, e insistí en la necesidad urgente de detener de inmediato las acciones militares y de poner fin a todas las hostilidades contra la población civil libia y al sitio de todas las ciudades y aldeas. También subrayé la necesidad de respetar las legítimas aspiraciones del pueblo libio y de garantizar un acceso en condiciones de seguridad a la asistencia humanitaria en todas las ciudades y aldeas, sobre todo Misratah y Zintan, además de permitir el regreso en condiciones de seguridad de los trabajadores migratorios de las ciudades sitiadas. Pedí la puesta en libertad de todos los periodistas extranjeros, incluidos los cuatro miembros del equipo de Al-Jazeera.

El 1 de abril viajé a Benghazi, donde me reuní con el Presidente del Consejo Nacional de Transición Provisional Sr. Mustafa Abdul Jalil, así como con numerosos miembros del Consejo. Me presentaron su visión de una Libia democrática. La prioridad inicial es restablecer la legitimidad constitucional mediante un referendo. En esta visión se enuncian sus principios y obligaciones con respecto a la democracia política, se insta a la prosperidad y el desarrollo económicos, así como al uso de la ciencia y la tecnología para fortalecer la sociedad y se condenan la intolerancia, el extremismo y la violencia. También se establecen las relaciones futuras con la comunidad internacional, mediante las cuales buscan la integridad regional y la cooperación internacional, en defensa de los valores de la justicia internacional, la ciudadanía y el respeto del derecho humanitario, y se confirma el respeto de los tratados y los acuerdos internacionales con otros Estados, garantizando la paz y la seguridad internacionales mediante la cooperación y la coexistencia pacífica entre las naciones y los pueblos.

Informé al Consejo sobre mis conversaciones con el Gobierno de Libia en Trípoli el día anterior, e indiqué que las autoridades libias me habían informado de su disposición a aceptar una cesación del fuego bajo la supervisión de observadores imparciales, si el Consejo Nacional de Transición actuaba de igual manera. El Presidente señaló que el Consejo estaba dispuesto a hacer efectiva una cesación del fuego, siempre y cuando la otra parte hiciera lo mismo y que la cesación del fuego incluyera el fin del sitio de todas las ciudades occidentales, la retirada de las fuerzas militares, incluidos los francotiradores, de las ciudades, permitiendo a la población expresar libremente su posición.

Además, indicaron que el objetivo de la sublevación popular era lograr que se marchara el Coronel Al-Qadhafi y que la cesación del fuego por sí sola no sería suficiente para poner fin al conflicto en Libia. Ahora bien, según los medios de comunicación, el Gobierno indicó que rechazaba la cesación del fuego. El Consejo planteó inquietudes con relación a la falta de fondos así como problemas relativos a la comercialización y la venta del petróleo y el gas en Libia, subrayando que esta cuestión requería una atención urgente para que la economía pudiera funcionar con eficacia. El Consejo señaló que la sostenibilidad dependía de dos fuentes principales, a saber, los préstamos garantizados con las ventas de petróleo y gas y los activos congelados en ultramar.

En cuanto a la Comisión de Investigación establecida por el Consejo de Derechos Humanos, el Consejo Nacional de Transición dijo que acogía con agrado su creación y que estaban dispuestos a trabajar en estrecha colaboración con la Comisión.

Durante mi reunión con el Consejo Nacional de Transición recibí un informe de uno de sus miembros, de la ciudad de Misratah, quien había viajado durante 30 horas para asistir a la reunión. Él y otros miembros del Consejo Nacional de Transición instaron a la adopción de medidas urgentes para poner fin a la situación sumamente grave que seguía imperando en esa ciudad.

El 31 de marzo, en mi segundo viaje a Libia, la Unión Africana celebró una reunión técnica en su sede para intercambiar opiniones sobre la cesación de hostilidades en Libia. A esa reunión asistieron representantes de la Unión Europea, la Liga de los Estados Árabes, la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) y las Naciones Unidas. Durante la reunión los participantes analizaron distintas posibles opciones para resolver la crisis de Libia y las modalidades de la cesación del fuego.

Acojo con gran satisfacción el esfuerzo de la Unión Africana y abrigo la ferviente esperanza de que la comunidad internacional trabaje de consuno para poner fin rápidamente a la violencia y el sufrimiento del pueblo libio. También acojo con satisfacción el fallo emitido el 25 de marzo por la Corte Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, en el que se insta al Gobierno de Libia a abstenerse de emprender cualquier acción que dé lugar a la pérdida de vidas o a la violación de la integridad física de las personas, y se pide que el Gobierno le informe dentro de 15 días sobre las medidas adoptadas para dar cumplimiento a ese fallo.

La información sobre la situación humanitaria en Libia sigue siendo limitada debido a la falta de acceso a diferentes partes del país. Sin embargo, se teme que existen problemas significativos de seguridad, tales como minas terrestres, violencia por motivos de género y violaciones de los derechos humanos. En general, las condiciones humanitarias, especialmente en las zonas donde tienen lugar los combates y alrededor de ellas, siguen siendo graves, en particular en lo que respecta a las necesidades médicas y de seguridad. En estos lugares también se sufre a causa de la interrupción de los servicios regulares y de las líneas de suministro.

Se ha informado acerca del desplazamiento de población dentro de Libia en torno a Ajdabiya. De acuerdo con International Medical Corps, decenas de miles de personas huyeron debido a los combates en la ciudad; si bien algunas han regresado, como la situación sigue siendo inestable, es posible que vuelvan a abandonar la ciudad. Hasta el 4 de abril, más de 400.000 personas habían huido de Libia. Más de 12.000 permanecen en las fronteras de Libia con Túnez y Egipto. Hasta el 29 de marzo, la Organización Internacional para las Migraciones y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados habían proporcionado asistencia de evacuación a más de 88.000 personas que habían abandonado Libia. Si bien al principio el desplazamiento de población estaba constituido esencialmente por trabajadores migratorios de sexo masculino, la semana pasada aumentó levemente el número de mujeres y niños que llegaron a las zonas de cruce de las fronteras. Un número pequeño pero creciente de familias migrantes con mujeres y niños que cruzan las fronteras informan de que han sido objeto de intimidación, acoso y violencia en Libia.

Cada vez más inmigrantes con cuadros médicos complejos, tales como heridas, problemas de salud mental y enfermedades no transmisibles, como la diabetes, la hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares, son atendidos y remitidos para dar continuidad a su tratamiento y atención.

El apoyo prestado por los Gobiernos de Túnez y de Egipto para facilitar la labor de la comunidad humanitaria ha sido de gran valor, como también lo ha sido la notable y abundante asistencia que han prestado las organizaciones de la sociedad civil locales y los pueblos de esos países. Hasta el 3 de abril, el Llamamiento humanitario de emergencia para Libia había sido financiado en un 70%, por un monto de 113 millones de dólares, y se habían prometido contribuciones por valor de 1,4 millones de dólares. Las Naciones Unidas han comenzado a evaluar sus necesidades de seguridad en las zonas del este. Muy pronto se dará a conocer una evaluación de las necesidades humanitarias.

Desde que asumí las funciones de Enviado Especial hace más de tres semanas, he hecho cuatro viajes distintos a Libia —dos a Trípoli, uno a Tobruk y otro a Benghazi. Me he comprometido plenamente a ponerme en contacto con ambas partes y a celebrar consultas amplias con la comunidad internacional. Estoy dispuesto a viajar nuevamente a Libia si la situación así lo requiere, y tengo previsto celebrar nuevas consultas con las partes regionales e internacionales.

En estos momentos es aún muy difícil saber cuánto tiempo se tardará en resolver el conflicto libio. Sin embargo, la responsabilidad de encontrar una solución recae en el propio pueblo libio. Por otra parte, también está claro que la comunidad internacional debe seguir actuando de consuno y haciendo todo lo posible para apoyar esta búsqueda de una solución, sobre todo brindando el apoyo necesario a las Naciones Unidas para que apliquen plenamente las resoluciones 1970 (2011) y 1973 (2011) del Consejo de Seguridad.