Lo que los defensores de Obama y los Tea Partiers tienen en común

Escribió: Andrew Levine en sinpermiso.info

 

¡En qué espectáculo se ha convertido Washington! Los demócratas se tropiezan unos con otros rindiéndose ante los republicanos, expresamente como en el "compromiso" de Obama respecto a impuestos, o más frecuentemente, preventivamente; mientras tanto, los Republicanos establecidos, temiendo la ira de sus idiotas útiles, se rinden ante los Tea Partiers, que son quienes entonces toman las decisiones. La democracia que hemos logrado tener siempre ha sido un logro tenue gracias a instituciones que evitan que la voluntad del pueblo prevalezca, y gracias a la desigualdad creada por nuestro sistema capitalista casi sin restricciones. Por ende EEUU siempre ha sido una plutocracia donde gobiernan los intereses financieros, no una democracia donde el pueblo rige. Últimamente, algunos plutócratas descarriados han transferido sus asuntos a sus sirvientes más engañados, invitando el prospecto de una completa kakistocracia, un régimen donde los menos aptos de entre nosotros controlan el estado.

 

Lo que hace esto posible son los muchos votantes sin poder que son inmunes a la razón e indiferentes ante los hechos; gente que fervientemente cree, por ejemplo, que la manera de castigar a los embusteros y apostadores de Wall Street que los han lastimado es encaminar riqueza hacía ellos, llevándose a sí mismos a la miseria junto con todos los demás en el proceso. Sin embargo, para su crédito, esta "gente" (la palabra de Obama para todos aquellos que no son más ricos que el pecado) están enojados, y con toda razón. "Si el tonto persiste en su locura" declara uno de los "proverbios del infierno" de William Blake "se volvería sabio". Blake también escribió que "los tigres de la ira son más sabios que los caballos de la enseñanza." Los descarriados hombres y mujeres que se identifican con el Tea Party emanan riqueza y locura. No son necesariamente causas perdidas. Pero tienen un largo camino que recorrer antes de que su ira trascienda su engaño, y mucha locura sobre la cual trabajar. Mientras tanto, hay un gran peligro de que el movimiento que componen tome un giro más clásicamente fascista.

 

[Conforme escribo estas palabras, no está claro si la masacre de ayer en Tucson, donde la Representante Gabrielle Giffords fue herida de bala en la cabeza, fue la primera ronda de un movimiento colectivo que ejerce sus "derechos de segunda enmienda" al estilo Tea Party o si solamente es lo que sucede en una cultura de armas donde individuos enloquecidos se atragantan de radio y Fox News.]

 

Los defensores de Obama tienen mucho camino por recorrer, pero su locura es de otro tipo. Son como esposas golpeadas que se aferran a su creencia de que quien abusa de ellas es un "buen hombre" (léase "progresista") a pesar de todo. Esta ilusión rara vez resulta buena para las víctimas del abuso conyugal y no resultará bien en este caso tampoco.

 

Los plutócratas casi siempre prefieren a los republicanos sobre los demócratas. Pero en el 2008, debido a que la administración Bush-Cheney los había llevado al borde de la ruina y porque los republicanos decidieron postular a una tonta y a un zopenco armado y temeroso de Dios contra la pareja Obama-Biden, algunos de los pilares del capitalismo americano estaban listos para cumplir el sueño de Bill Clinton, abandonar al partido republicano por los demócratas. No más.

 

¿Por qué el cambio de parecer? Después de todo, con Barack Obama consiguieron lo que querían. Los republicanos pueden ser mejores que los demócratas en redistribuir la riqueza hacia arriba, pero Obama no es malo. Pero cuando se refiere a deshacer nuestras débiles instituciones de bienestar social y romperle la espalda al movimiento obrero, los demócratas lo hacen mejor. Por ejemplo: Bill Clinton. Es posible que los republicanos, al final, sean más amigables hacia las corporaciones que Obama, pero no lo suficiente para que importe. Sin importar las declaraciones de liberales solo de pose o de expertos del tipo de Howard Dean y Chris Matthews o las alocadas percepciones de William Daley, el próximo jefe de personal de Obama y el mejor amigo del capital financiero (y de las grandes farmacéuticas, y de las telecomunicaciones y de la cámara de comercio), Obama inició su carrera a la derecha del centro, no a la izquierda, y se ha estado moviendo hacia la derecha desde entonces. Sin embargo, los plutócratas han decidido que sus lacayos tradicionales les convienen más. ¿Por qué?

 

La respuesta corta es que Obama es un líder infortunado. A pesar de sus muchos dones e inteligencia poco común, le permitió a los republicanos, con lo tontos que son, ganarle en todas las maniobras. Fue la presa de un oponente obstinado. Y qué si el manejo del Premio Nobel del imperio y sus guerras es similar al de George Bush después del 2006, y qué si el asalto del profesor de leyes constitucionales sobre las libertades tradicionales y el estado de derecho es rival para el de su predecesor. Y qué si su equipo de operativos de Goldman Sachs y J.P. Morgan Chase retomó las cosas donde las dejaron los operativos de George Bush, abriendo las arcas de los contribuyentes para beneficio de sus amigos banqueros. Asumiendo que no sea un orate, un republicano lo puede hacer mejor.

 

Sin duda. Pero los cálculos de nuestros capitalistas más codiciosos difícilmente hacen que la creencia de que Obama es un "progresista" asediado, atrapado contra probabilidades insuperables sea menos ilusoria. Aparte de unos cuantos discursos vacíos durante la campaña y en su primer mes en el cargo, ¿hay alguna evidencia para dicha creencia? El problema no es que Obama no haya avanzado la creencia de una sociedad cualitativamente mejor como un verdadero progresista o que sus reformas, aun si son beneficiosas, aumentaron el poder plutocrático.  Es que no ha hecho nada para restaurar la mínima decencia que precedió el giro reaganiano de EEUU. ¿Hay razón para creer que lo haría si pudiese? Como los enemigos de Obama, sus defensores piensan que así es; continúan su creencia, a pesar de la aplastante evidencia de lo contrario, de que Obama es un progresista de corazón.

 

Esto es el razonamiento de las víctimas de abuso que apoyan a los que las agreden a pesar de todo; el razonamiento de aquellos para quienes la única defensa es la falta total de ofensiva. Los grupos sindicales son un buen ejemplo. Aunque se les prometió poco -básicamente solo el Employee Free Choice Act (EFCA), una reforma casi tan blanda como las reformas de Obama en el sector de la salud- nadie ha trabajado tanto para elegir demócratas. Aún así, desde el primer día, Obama, continuando las reformas Bush de enseña-para-examenes-y.al-diablo-el-pensamiento –claro, con un poco de pulido y cambio de nombres- le apuntó a los sindicatos de maestros. Su próxima movida fue dar licencia al ataque republicano-tea party contra lo que queda del movimiento laboral y a legitimizar sus  remedios secretos contra el déficit al congelar los salarios de los trabajadores federales, al mismo tiempo que le cedía miles de millones a los banqueros y aceptaba recortes masivos de impuestos para los ricos. Ahora incluso "buenos demócratas" como Andre Cuomo y Jerry Brown están haciendo lo mismo. ¿Hay alguna duda de por qué, con "progresistas" como estos, los republicanos, oliendo la sangre, le han apuntado a los empleados públicos y a sus sindicatos? ¡Y aún así el movimiento laboral apoya a Obama!

 

Hace un año y medio, los demócratas podrían haber aprobado EFCA con facilidad. Podrían haber conseguido mejor cuidado a la salud y reformas en Wall Street, de haber querido, junto con muchas otras cosas. Incluso es posible que hubiesen podido acabar con las guerras de Bush antes que se volvieran las guerras de Obama. Pero o Obama fue demasiado "bipartito" y alejado para molestarse, o estaba contento con el estado actual de las cosas. En este punto, es una distinción sin diferencias. Y es la razón por la cual, después de la golpiza que los demócratas recibieron en las elecciones de mitad de periodo, Obama ha permitido que el partido republicano-tea party haga que el déficit sea el tema a discutir, y para que sus causas remediables, nuestras interminables (y contraproducentes) guerras y salvajes desigualdades, no sean parte de la "discusión" sobre el déficit. Conforme los republicanos le apuntan al seguro social y medicare y al "gasto discrecional" - en otras palabras, las cosas buenas que nuestro gobierno hace- esperan que Obama los apoye. Está poniendo todo en escena, cargando su administración auto declarada como "centrista" con una chusma de verdaderos operativos "pro negocio" de Clinton, quienes como Obama, piensan de la misma forma que los rivales electorales de Obama.

 

El tiempo se acabó para todos aquellos con una buena cabeza sobre sus hombros, todos aquellos menos "centristas" (derechistas) que Howard Dean y Chris Matthews y "su señoría" el hijo del alcalde, para poner a un lado estas tonterías bipartitas y ver el mundo como es. Los republicanos son una fuerza maligna de la naturaleza. No se puede trabajar con ellos. Más aún, la locura de los defensores de Obama, a diferencia de la de los Tea Partiers, no tiene oportunidad de transformarse en su opuesto, dado que lo que lo mantiene no es desinformación corregible e ira justificable, sino cobardía, terquedad y sobre todo auto engaño. No puede ser transformada, solo puede ser rechazada y reemplazada.

 

La incompetencia republicana hizo posible esa oportunidad histórica. Obama la desperdició y ya hay evidencia, unos pocos días después de que inició el mandato republicano en el congreso, que los kakistócratas que manejan el espectáculo le darán más oportunidades a los demócratas. Si son lo suficientemente ridículos, es posible que incluso los plutócratas regresen, temiendo encargarle sus asuntos a gente como Sarah Palin o Michelle Bachmann. En corto, Obama tiene una excelente oportunidad en el 2012.

 

Pero eso difícilmente es el punto. Con la excepción de los vendidos de los partidos, como aquellos que están dejando la administración y aquellos que los reemplazan, lo que importa no es quien gane elecciones, incluso cuando, como es probable en el 2012, haya un claro mal menor. Lo que importa es cómo va la política. Dado que, lo que sucede en las calles importa más que quien está en el poder. Recuerden: fue una sociedad civil agitada la que llevó a Richard Nixon, nefasto como fue, a hacer más bien en el frente interno que cualquiera de los presidentes demócratas que le siguieron.

 

Mientras los defensores de Obama apoyen a su hombre en la forma en la que las víctimas de abuso apoyan al suyo, mientras sigan subordinando sus intereses a la visión convencional de cómo mejorar sus perspectivas electorales, la kakistocracia se mantendrá en el poder. El mundo no puede esperar a que los seguidores del Tea Party superen su locura conforme al proverbio de Blake. Ya es demasiado. Es urgente que los defensores de Obama se deshagan de sus ilusiones y que aquellos que se mantengan tercos sean marginalizados por los verdaderos partidarios del "cambio".

 

Andrew Levine es Senior Scholar en el Institute for Policy Studies, es autor de The America Ideolgy (Routledge) y Political Key Words (Blackwell) así como de muchos otros libros de filosofía política. Fue profesor en la University of Wisconsin-Madison.