El POUM. 75 años de historia

Escribió: Pepe Gutiérrez; publicó: sinpermiso.info

 

“El POUM, 75 anys d’història”. Con este título se ha inaugurado una muestra, organizada per la Fundació Andreu Nin y el Museu de Historia de Catalunya, que se podrá visitar hasta al 25 de septiembre. La exposición ofrece un repaso del historial de este partido desde sus orígenes –que se remontan a la creación del PCE, pero que más allá conecta con las tradiciones revolucionarias catalanas y españolas de la Primera Republica-, y el papel que llegó a jugar como representante de la última gran revolución social “libertaria”, un cruce de camino histórico. Se puede decir –esquematizando mucho- que 1937 es el final de ciclo revolucionario iniciado en Octubre de 1917, con su eclosión de soviets, consejos, tendencias revolucionarias, y que 1937 enmarca ya un proceso organizativo estructurado en la fracción más militante por el comunismo de filiación prosoviética, con todas sus glorias pero también con todas sus miserias.

 

En este marco cerrado por el enfrentamiento entre socialdemócratas y comunistas oficialistas, apenas si hubo espacio para la disidencia y la libertad de tendencias, para el debate. Es un contexto que comenzó a declinar en las crisis del 68, un período en el que el POUM trató de mantener su legado sin poder sortear las divisiones entre marxistas y socialdemócratas, parte de los cuales como Julián Gorkin o Enric Adroher “Gironella”, no dudaron en cambiar de barricada a favor del llamado “mundo libre”. En el período siguiente, el legado del POUM se mantendrá bajo una suma de dificultades hasta que será recuperado lentamente como parte de la memoria histórica que en líneas generales divide la República entre reformistas y revolucionarios, sector compartido por cenetistas y poumistas,  dentro de los cuales se incluyen quienes han efectuado una lectura crítica del debate del POUM con un Trotsky lejos, desinformado y sometido a una presión por encima de cualquier medida humana.

 

La muestra está dividida en diferentes ámbitos: ‘Introducción’, ‘Orígenes’, ‘La Batalla’, ‘el BOC y la ICE’, ‘El estallido de la guerra civil. El POUM a la Generalitat’, ‘La desaparición de Maurín’, ‘Revolución y Guerra’, ‘Persecución y proceso al POUM’, ‘El asesinato de Andreu Nin, Diáspora, resistencia y exilio’, y finalmente, ‘Recuperar la memòria: la Fundació Andreu Nin’.

 

Esta es hasta el momento la mayor antología jamás preparada sobre el POUM, un partido cuya importancia histórica y cultural está muy encima de su afiliación numérica, aunque se puede decir que ha sido hasta momento el mayor de la izquierda marxista y antiestalinista. Proveniente sobre todo del BOC, que fue la “tercera tendencia” de la CNT, la sindicalista revolucionaria, igualmente crítica del faísmo como del “trentismo”, aunque con miembros de esta última tendencia llegó trabajar en la experiencia central de la Alianza Obrera. El BOC llegó a contar con una base de implantación real (por ejemplo, era determinante en la CNT de Girona, Lleida, Tarragona y Castellón). En cuanto a la Izquierda Comunista, su principal activo era su formación teórica militante que le hizo gozar de una influencia intelectual y un prestigio considerable. Su revista, Comunismo, fue un modelo para el Leviatán socialista, y entre sus teóricos brillaron Andreu Nin, Juan Andrade, Esteban Bilbao, Fersen o el joven Eugenio Fernández Granell, más tarde célebre pintor surrealista. La unificación fue el fruto de la experiencia de la Alianza Obrera, y que fue un acierto lo demuestra, por ejemplo, el hecho de que en julio de 1936, el POUM contaba con más de 50.000 militantes. Por otro lado, experiencias como la del Secretariado Femenino, que demostró que la conjunción entre el militantismo “bloquista” y el alto nivel de formación “trotskista”, les permitió dar un salto cualitativo como conjunto. El legado femenino del POUM es una de las variantes más importante de su reconocimiento. Al constituirse, el POUM se erigió en la principal referencia de los grupos y fracciones críticos con la II y III Internacionales, lo que explica sus relaciones con personajes como George Orwell, Benjamin Peret, Mary Low, Simone Weil, André Breton, James T. Farrell, Diego Rivera, etc.

 

La Alianza Obrera conllevó una ofensiva crítica contra las políticas exclusivas “para ellos” (sin una visión de conjunto) del PSOE, la CNT y el PCE. En 1936, el POUM siguió defendiendo un programa de mayoría obrera socialista en defensa de la República y de las conquistas de los trabajadores que habían detenido el golpe militar. Siguió defendiendo un gobierno obrero basado en la “democracia obrera”, arguyendo que las jornadas de julio habían dado lugar a una República social cuyo objetivo tenía que ser extender la revolución como arma de liberación social. En este cuadro, el POUM acabó en el punto de mira de todas las policías. Desde esta clandestinidad, el POUM asumió su papel de resistente contra el franquismo que todavía en 1942 buscaba a Nin para fusilarlo… como masón. El POUM clandestino fue el primer grupo que editó una octavilla denunciando el asesinato de Companys, y todavía en los años cincuenta realizaba debates internos en el barrio de Gracia en una carpintería donde según cuentan algunos, lucían retratos de Nin, Maurín, Lenin (y Trotsky, también según otros). A mediados de los 50 su continuidad se hizo imposible, y su continuidad quedó rota por la represión, la división interna y la dificultad de conectar con las nuevas generaciones, sobre todo porque en la década siguiente la disidencia comunista mirará más hacia el trotskismo.

 

El debate con Trotsky fue desde entonces muy atendido, y los jóvenes del 68 no entendieron que el POUM se vio sometido a unas circunstancias especialmente adversas, en nada parecida a la de los bolcheviques en 1917. La revolución rusa comenzó cuando el ejército se negó a disparar contra las obreras en marzo de 1917, y los partidos que no estaban por la revolución acabaron repudiados por las masas. El POUM fue el primer partido que tuvo que oponerse al estalinismo en pleno ascenso de éste, y su historia resultará especialmente dolorosa, como sucedería en otras latitudes como Vietnam o Grecia, donde el “trotskismo” acabó masacrado entre dos fuegos: el de la reacción y el del comunismo oficial. El POUM vivió una situación parecida aunque en pequeño, en la Resistencia francesa. Esta diferencia con 1917 no había sido comprendida por Trotsky, justamente obsesionado con anteponer la revolución a una guerra mundial bárbara que vio venir desde que los nazis se encontraron con las puertas del poder abiertas por la “guerra civil” entre socialdemócratas legalistas y comunistas estalinistas enloquecidos, pero cuya “vista de pájaro” le impidió vislumbrar una realidad concreta que –insistimos- no se parecía en nada a la del modelo bolchevique cuyo alcance e influencia era más cercana sociológicamente a la que pudo tener el “caballerismo” en la mitad de los años treinta. Conviene anotar que de haber aceptado las propuestas de Largo Caballero y Santiago Carrillo, el BOC y la ICE de Cataluña podrían haber creado el Partido Socialista Catalán con sus propio programa y dirección, pero Maurín y Nin no supieron ver lo que esto significaba, algo que Trotsky sí había entendido mucho mejor.

 

Esta singular proyección actual del legado del POUM no se puede entender solamente por el esfuerzo de la Fundació Andreu Nin, sino ante todo por la existencia de un interés y una simpatía creciente entre las nuevas generaciones, así como por la afinidad creciente de diversos grupos de cierta procedencia trotskista. Una empatía que se ha ido demostrando desde el estreno en la mitad de los noventa del siglo pasado de la película Tierra y Libertad, de Ken Loach, así como la increíble proliferación bibliográfica que solamente en estos días se evidencia por las ediciones de obras de Victor Serge (Memorias de un revolucionario, 27 letras, Madrid), Pelai Pagès (Andrés Nin, una vida al servicio de la clase obrera, Laertes, Barcelona), Joaquín Maurín (¿Socialismo o fascismo?, edición de Andy Durgan, Departamento de cultura gobierno de Aragón), Juan Andrade (Vida y obra de un revolucionario, edición de Pelai Pagès, Jaime Pastor y Miguel Romero, Viento Sur-La Oveja Roja, Madrid). Aquí habría que registrar la edición definitiva del Homenaje a Cataluña, la obra maestra de George Orwell (Debate, Madrid),  con el texto totalmente completo y debidamente revisado y expurgado de la primera edición “permitida” por Fraga Iribarne. Aparece nuevamente traducido en una edición prologada por  el mayor especialista orwelliano del Reino de las Españas, Miquel Berga, en la que se hacer notar un trabajo impresionante en la ilustración por parte de Fernando Casal Novoa.

 

 

Pepe Gutiérrez-Álvarez fue militante de la Liga Comunista Revolucionaria y ha publicado muchos libros y artículos sobre la historia del movimiento obrero y sobre crítica de cine. Actualmente es uno de los principales animadores de la Fundació Andreu Nin y miembro del Consejo Asesor de VIENTO SUR