Los tres fracasos de Obama

 

Publicó: Le Monde Diplomatique

 

Iniciado bajo alentadores auspicios, el mandato de Barack Obama se parece cada vez más a una sucesión de pruebas. En especial para los partidarios del presidente de los EE.UU. El acuerdo que acaba de apadrinar junto a la mayoría republicana de la Cámara de Representantes (a pesar de su derrota electoral del pasado noviembre los demócratas conservan el control del Senado) es malo por lo menos desde tres puntos de vista:

 

1) Constituye una capitulación de la Casa Blanca en un punto sensible, el de una eventual subida de los impuestos. Obama ha aceptado en efecto que el total de la reducción encarada sobre el déficit presupuestario estadounidense se realice mediante el recorte de los créditos públicos civiles y militares. Hace solamente tres meses ni aún los republicanos más optimistas habrían imaginado esta solución.

 

No obstante, el nivel impositivo en los EE.UU. ha llegado a su grado histórico más bajo (especialmente para las grandes fortunas) mientras en un contexto económico difícil, con un importante desempleo (9,2%), los gastos sociales constituyen una imprescindible red de seguridad (sobre todo para las familias modestas y las clases medias). Una vez más los sacrificios van a omitir a los privilegiados. También es cierto que son los que financian las campañas electorales (1).

 

2) El acuerdo ratificado por las dos cámaras del Congreso estadounidense testimonia por otra parte la pérdida de autoridad y de envergadura del presidente de los Estado Unidos en los momentos en los que comienza a prepararse la elección presidencial de 2012. Luego de haber negociado trabajosamente con sus adversarios políticos, luego de haber descendido a su nivel, Obama cede en lo esencial. Una vez más sus actuaciones no están a la altura de sus propuestas: su presidencia está devaluada. La manía “centrista” que caracteriza a Obama va a generar una pérdida del entusiasmo de sus partidarios, ya remisos, y va a dañar su eventual candidatura a un segundo mandato. De hecho, hasta los parlamentarios considerados el apoyo presidencial han refunfuñado ante las extravagantes concesiones de la Casa Blanca: en la Cámara de Representantes, la mitad de los diputados demócratas votaron así el acuerdo presupuestario (95 a favor y 95 en contra) mientras que las tres cuartas partes de los diputados republicanos votaron a favor ( 174 contra 66)

 

3) Las medidas de austeridad que este plan ratifica se producen en el peor momento, cuando los EE.UU. parecen caer –o recaer– en la recesión. De algún modo ésta se habría amortiguado con un plan de reactivación. Al mismo tiempo que se reduce el consumo de los hogares y que la producción industrial trastabilla, a la economía estadounidense se le inyecta una dosis de austeridad. Es cierto el techo de la deuda pública se ha incrementado, pero esta operación habría sido banal, casi automática (se ha utilizado sesenta y ocho veces desde 1960) si los republicanos no hubieran obligado a ceder al presidente de los EE.UU. a cambio de una nueva subida. Desde su punto de vista la operación extorsión fue exitosa. No hay duda de que dentro de poco se repetirá.