Encrucijada en América Latina ante la crisis global

Escribió: William I. Robinson en Alainet.org



El telón de fondo de la compleja coyuntura latinoamericana y mundial son los grandes cambios de nuestra época. Hago tres observaciones globales:

 

Existe un nuevo sistema de capitalismo global;

Este capitalismo global está en crisis, sistémica, y la humanidad enfrenta graves peligros e incertidumbres;

América Latina está en el meollo de esta crisis, enfrenta una encrucijada en la cual futuros alternativos están en juego.

 

El capitalismo global señala una nueva fase transnacional del capitalismo mundial que surge a raíz de la crisis de los años 70 del siglo pasado y da inicio a una vasta reestructuración del sistema.  El modelo desarrollista en América Latina – versión local del capitalismo de estado-nación del siglo XX - se agota abriendo camino a un vasto proceso de reestructuración, transnacionalización, y neo-liberalización.

 

¿Cuáles son los rasgos novedosos del capitalismo global?  Surge un nuevo sistema global de producción y de finanzas al cual todos los países se ven integrados, de manera que cada economía nacional se descontruye, y se reconstruye, como segmento del sistema globalizado de producción y de finanzas.

 

En América Latina, un nuevo modelo globalizado de acumulación reemplaza el viejo modelo desarrollista.  La región se inserta a la economía global sobre la base de varios nuevos ejes de acumulación, entre ellos, la transformación de los sistemas agropecuarios y transición del sistema oligárquico-terrateniente al sistema agro-industrial capitalista; la transformación industrial - maquiladorización y externalización; los servicios, finanzas, y comercio transnacionales; un repunte en la explotación de las materias primas y la minería para abastecer a la economía global; la exportación al mercado laboral global de la mano de obra y flujo inverso de remesas.

 

Una nueva clase capitalista transnacional surge en el Norte, en América Latina, y en todo el sistema global.  Estos grupos transnacionales en América Latina están vinculados con los mencionados circuitos globales de acumulación.  Nuevo bloques transnacionales de poder captaron el poder estatal en los 80 y 90 en América Latina y utilizaron ese poder para integrar a la región al nuevo sistema global de producción y de finanzas, y llevar a cabo el ajuste neo-liberal.

 

Pero ahora el sistema está en crisis.  La crisis energética, hipotecaria, alimenticia, y ahora el colapso del sistema financiero global y  recesión –todo esto señala que la crisis que enfrentamos no es cíclica sino estructural, y con 4 dimensiones sobre-salientes: 1) polarización social global; 2) sobre-acumulación; 3) legitimidad de estados; 4) ecológica.

 

El vertiginoso crecimiento de las desigualdades globales están llegando a niveles sin precedente en la historia. El sistema no puede satisfacer necesidades de la mayoría de la humanidad ni asegurar la reproducción social mínima. Esta polarización social desenfrenada se vincula con la sobre acumulación.  La nueva economía global acarrea una expansión de la producción mundial simultáneo al encogimiento de la demanda mundial.  Esta tendencia a la sobre-producción es inherente al capitalismo y es agravada por la globalización.

 

El desafío para la clase capitalista transnacional es la búsqueda constante de nuevas salidas para el excedente. Cuando ya no hay oportunidades para la inversión productiva pasan a la frenética especulación financiera la que parece haber llegado a sus límites ahora con el colapso del sistema financiero global.  También el estado norteamericano busca nuevas salidas con la acumulación militarizada.

 

En la medida que los estados responden a las exigencias del capital transnacional, no pueden captar y redistribuir excedentes como antes y no pueden cumplir con su función social. Mientras no pueden absorber las demandas populares experimentan crecientes crisis de legitimidad, crónica inestabilidad, olas de crimen, descomposición social, el desmoronamiento del tejido social..

 

Los grupos dominantes manipulan la inseguridad generada por esta situación, para promover campañas ideológicas de “seguridad y orden”, leyes “anti-terroristas” que tienen poco o nada que ver con el terrorismo, y un sin número de medidas e instituciones represivas que subrayan una transición de estados de bienestar social a estados de control social y apuntan hacia lo que he calificado en otras instancias como un proyecto del fascismo del siglo XXI.

 

La lucha por lo que reemplazara al moribundo modelo neo-liberal ya comenzó. Estamos ante las puertas de una crisis orgánica.  En Estados Unidos, la derecha neo-conservadora está en desbandada, al igual que la derecha neo-liberal en muchos países, que ahora busca recomponerse y se produce una reorganización de los bloques dominantes.  En América Latina el modelo transnacional entra en crisis hacia finales de los 90. Primero las explosiones sociales  y tremedales institucionales. Luego la revuelta adquirió una expresión política popular. El viraje clave se produjo en 2001-2 en Argentina, donde se rompe la hegemonía neo-liberal. Se abren nuevos espacios políticos, expresados institucionalmente en el ciclo de triunfos populares electorales entre 1998 y 2006, y en propuestas alternativas y contra-hegemónicas.  La cuestión de poder social no está decidida; esta cuestión es el eje alrededor del cual se competen las distintas respuestas a la crisis.

 

Hay que pensar en la política exterior norteamericana luego de las elecciones estadounidenses en noviembre próximo.  Históricamente, el proyecto de los Republicanos en América Latina es reforzar la derecha, mientras el proyecto Demócrata es derechizar la izquierda.  Las experiencias recientes de Sud-América subrayan la urgencia de que hayan movimientos sociales autónomos capaces de luchar desde abajo por una agenda popular y de ejercer una presión permanente al estado y a lo partidos gobernantes –sean cuales sean- para que estos responden a sus intereses, y así contrarrestar las presiones sobre los estados y partidos de la izquierda desde arriba, es decir, desde la elite transnacional.

 

Si no hay salida popular a la crisis que garantiza la justicia social estaremos encaminados hacia interminables conflictos globales.  La única alternativa, tanto en América Latina como en el sistema global, es la democratización del sistema socioeconómico, de los medios comunicativos/discursivos, junto con una profundización de la democracia política.  Estos requiere una redistribución para abajo del poder y de la riqueza –mucho mayor de lo contemplado hasta la fecha en la mayoría de los casos.

 

 

Dr. William I. Robinson es profesor de Sociología, Estudios Globales y Latinoamericanos en la Universidad de California en Santa Bárbara