Modificación de la ley sobre la ciudadanía de Israel.

 

“La enmienda Lieberman transforma el Estado de Israel de etnocracia en un régimen de caracteres claramente fascistas”

 

 

Escribió: Michel Warschawski. Traducido por Alberto Nadal para VIENTO SUR de http://www.protection-palestine.org

 

 

 

Tengo la sensación desde hace algún tiempo que un relente de fascismo se extiende por la sociedad israelí y no nos damos cuenta de ello. Estamos en una pendiente resbaladiza y muy peligrosa. Lieberman y su partido han impulsado constantemente iniciativas y una legislación que están en el límite. Cuando pones todas esas iniciativas juntas, te encuentras ante un cuadro que tiene que inquietar a quienes temen por el carácter democrático del Estado.

De acuerdo con que una persona que adquiere una nacionalidad deba respetar las leyes del Estado correspondiente, pero ¿tendría que guardar “lealtad” al Estado? La lealtad a un Estado es un concepto manifiestamente fascista. En democracia, al contrario, son los Estados y sus instituciones y dirigentes quienes están al servicio del ciudadano y quienes deben ser leales a la constitución y el bienestar de los ciudadanos. Yvet Lieberman aprendió el concepto de democracia en las escuelas soviéticas, y lo ha enriquecido y extendido con el espíritu del fascismo adquirido en los medios de las bandas del Likud en la universidad hebraica. El fascismo no es una plaga sino una doctrina organizada que hace desaparecer el concepto de ciudadano, un concepto que está en el corazón mismo de la democracia. En el fascismo, el Estado es el valor más elevado, y los sujetos están obligados a serle leales hasta el infinito, y a servirle sin reservas.

Ésta es precisamente la percepción del fascista Lieberman. En este sentido, la enmienda a la ley sobre la ciudadanía presentada por Lieberman y el ministro de Justicia, Yaakov Neeman, no es un problema sólo para los ciudadanos no judíos de Israel, sino para todos la ciudadanía preocupada por preservar el estatus de ciudadano. La opresión estructural de la minoría palestina no es un asunto de Lieberman y de la extrema derecha, sino del movimiento laborista, la "izquierda sana de espíritu", con sus aliados de derechas y de izquierdas a lo largo de estos sesenta años del Estado. La innovación introducida por el ministro de Asuntos Exteriores reside en el cambio de naturaleza del régimen, de Estado de apartheid se convierte en Estado fascista. Si en un Estado de apartheid la comunidad en el poder goza del estatus de soberanía, en un Estado fascista, ningún grupo de ciudadanos tiene ese estatus, pues no hay ya ciudadanos, sino simplemente sujetos que tienen la obligación de servir al Estado.

Es así como la enmienda propuesta a la ley sobre la ciudadanía por Neeman y Liberman está en onda con las precedentes propuestas legislativas del partido Yisrael Beitenu agitando el espectro de la revocación de la ciudadanía, incluyendo la de cualquiera que haya nacido ciudadano.
Dos tipos de régimen han anulado la ciudadanía: los regímenes fascistas y el régimen estalinista, y los dos, de forma completamente lógica, renunciaron a los principios de la democracia. No hay democracia sin ciudadanía, y no hay ciudadanía sin democracia.

La ciudadanía no es un derecho que puede ser concedido o retirado, sino una parte integrante de una persona nacida ciudadana: en democracia, la única forma de quitar la ciudadanía a alguien es quitarle la vida, por la pena de muerte. En este sentido, el conflicto con la propuesta de Lieberman y Neeman no reside en la cuestión de la lealtad, sino en su conceptualización de la ciudadanía como privilegio, algo que es dado, y no integrado.

Uno de mis comentaristas preferidos, Gideon Levy, ha escrito que la adopción de la enmienda a la ley sobre la ciudadanía transforma Israel de democracia en teocracia. Esta vez estoy en desacuerdo con Levy: transforma el Estado de Israel de etnocracia en un régimen de caracteres claramente fascistas, incluso si los derechos individuales y las elecciones existen como en las democracias liberales. La Alemania nazi era nacional socialista. El Estado de Israel, en 2010, es un régimen liberal fascista.